Frases y Versos Malditos

"Un libro que es leído una vez,es un libro que no ha sido leído."

Julieta Zárate Solís

domingo, 10 de julio de 2011

CUANDO FUIMOS NIÑOS

-¡LO JURO! ¡YO LO VI VOLAR!- Nadie me creía, y nadie lo haría porque en el fondo sabían que era verdad, que podía volar, pero no querían verlo, no querían saber- ¡Por favor! ¡Tienen que mirarlo! Es tan hermoso...- Una mujer se detuvo y me miro extrañada, miro mi dedo señalando el cielo pero no se atrevió a ver lo que con él señalaba, se limitó a murmurar unas palabras entre dientes y negar con la cabeza mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Después siguió caminando.

-¿Cuanto tiempo tendremos que esperar a que estas personas quieran verlo?- Pregunto mi acompañante, una mujer hermosa pero siempre con rostro de piedra.

-El tiempo que sea necesario, tenemos que hacer que por lo menos uno logre verlo, que por lo menos uno logre escucharnos y entienda las palabras que salen de nuestros labios

-No lo harán nunca y lo sabes.

-¡NO ES VERDAD! Tiene que haber alguien... alguien que pueda hacerlo.

Pero mientras las horas transcurrían me di cuenta de que posiblemente ese alguien no existía, ese alguien estaba muy lejos o simplemente no vivía en este mundo tan vacío y transitado por personas grises que caminaban sin ver apenas el mundo que los rodeaba.

-No mal gastes tu tiempo, jamás lo conseguirán- estas fueron las últimas palabras de mi acompañante antes de retirarse en silencio a un lugar que solo ella conocía. Me dejo solo.

En la soledad de aquella calle tan transitada por personas que no podía considerar una verdadera compañía, me quede pensando en todas esas cosas que torturaban mi mente mientras él volaba sobre mi cabeza, libre y feliz...

Entonces se hizo la luz en mi mente y encontré la clave de todo ese gran dilema. Vi que una mujer se aproximaba lentamente por la calle, era muy similar a la que horas antes había dicho algunas palabras inalcanzables para mis oídos. La tome del rostro mientras veía como acudía rápidamente a su rostro el pánico y la necesidad de gritar. Era bella, muy bella, quizá no tan hermosa como mi acompañante llena de luz, pero pronto lo sería. Mire sus ojos grises, llenos de pánico. Entonces la besé y en cuanto mis labios tocaron los suyos el pánico desapareció, dejo de intentar apartarse de mí y poco a poco fue despertando. Lentamente, con miedo, fue rodeando mi cuello con sus brazos hasta que por fin su cuerpo y el mío se unieron en aquel beso curativo.

Cuando nos separamos y abrazados nos miramos a los ojos, ella sonrió y por fin pude escuchar sus palabras:

-Gracias- dijo con una dulce y delicada voz mientras los demás a nuestro alrededor nos gritaban sin que nosotros pudiéramos escucharlos, como si su voz no tuviera volumen o como si nuestros oídos no fueran capaces de percibir todo aquel doloroso ruido de confusión e indiferencia.

Entonces, después de decir eso, miro el cielo y pudo verlo. "Ahora entiendo" dijeron sus ojos cuando la luz la ilumino por completo y pudo ver al ser que volaba libre de las ataduras de la vida y la humanidad. Esas alas tan bellas, tan perfectas, ese ser tan hermoso y poderoso, aquella creatura indomable en la que pronto nos convertiríamos ella y yo, solo faltaba un ultimo detalle.

-Antes de partir debes decirme una cosa- le susurré al oído mientras ella seguía mirando el cielo fascinada, con una hermosa sonrisa iluminando su rostro.

-¿Qué debo decirte para poder ser completamente libre?- pregunto ella.

-Debes decirme que es lo que te ataba al mundo en el que caminabas sin poder escuchar nuestros seductores susurros- En ese momento me miro y la sonrisa desapareció de su rostro mientras poco a poco, la luz que había encontrado desaparecía de sus ojos- ¡¿QUÉ SUCEDE?!- Pregunté apanicado.

-Sucede que le has recordado que no puede ser libre… no aún- dijo mi acompañante, aquella hermosa mujer que creía ya se había ido muy lejos de aquel triste lugar de sueños inalcanzables.

-No entiendo nada- dije por fin cuando deje de escuchar nuevamente la voz de la que pretendía que fuera mi amada.

-Es muy fácil de comprender- dijo ella- le has mostrado la libertad, sabe que puede hablar con nosotros de vez en cuando, entendernos e incluso amarnos, pero también sabe que el sueño de volar no dura para siempre, no puede alcanzarlo a él- hizo un gesto con la mano apuntando delicadamente a la bella creatura que volaba lentamente por los aires- ni a todos los que lograron de una forma u otra ocupar un lugar en el aire, volando junto a todos ellos que han perdido el juicio. Ha perdido su luz porque le has recordado que teme ser libre, que prefiere ser muda una vez más antes que perderse en la inmensidad de lo desconocido para ella y sus ansias de volar.

-Pero... ¿Eso quiere decir que entonces nosotros tampoco podremos alcanzarlo y tarde o temprano regresaremos a ser como ellos?- dije señalando a la mujer que minutos antes había besado y que ahora me hablaba con el rostro bañado en lágrimas sin que yo pudiera escuchar el sonido de su voz.

-No, nosotros no, porque a nosotros ya no nos ata nada al mundo.

-¿Entonces por que no nos convertimos en uno de ellos?- pregunte señalando ahora al ser que volaba riendo y mirándonos a todos de vez en cuando como si se burlara de nuestra confusión.

-Porque lo que nos ata ahora no es una razón lógica, es simplemente el temor, la culpa y la añoranza de lo cotidiano.

-Pero yo estoy cansado de todo eso, quiero volar...

-Entonces no preguntes, las preguntas solo demuestran que aún no estas preparado.

Enfadado con ella y con el mundo deseé con todas mis fuerzas poder alejarme de todo eso y volar junto al ser que reía sin parar por los aires.

-No basta con desearlo, tienes que lograrlo- dijo mi acompañante.

Entonces me di cuenta de que aún no estaba listo, de que en efecto tenía miedo, sentía culpa y no quería perder lo que era mi costumbre: seducir a los otros para que acabaran en el mismo lugar en el que ahora me encontraba, sin saber que debía hacer ahora o que es lo que tenía que saber.

-Ahora lo sabes- dijo mi acompañante cuando leyó en mi rostro mis pensamientos- Ahora entiendes el porqué y podrás estar listo para entender que aquel que vuela por los aires y ellos, que no entienden nuestras palabras o son sordos a ellas, no son tan diferentes entre si, no se trata más que de gente desesperada por encontrar una respuesta y la encuentran a su modo, aunque no sea la correcta.

-¿Entonces no existe la libertad?

-No… No existe.

-¿Pero entonces por qué creemos en ella?

-Porque dentro de nuestra cárcel necesitamos imaginarnos libres, sabernos en un lugar seguro donde podremos seguir este falso baile sin temor a caer por el balcón en medio de un paso mal dado... necesitamos sentirnos libres aún cuando no lo somos...

Sus palabras se fueron apagando poco a poco hasta que ya no pude escucharlas y solo podía ver sus labios moverse en una danza incompresible. El humo, las voces, la mujer que lloraba frente a mi, el ruido de los coches, la gente gritando por todos lados, todo eso fue invadiendo mi mente y mis oídos, impidiendo que pensara con claridad. Había vuelto al caótico mundo que conocía como a la palma de mi mano. Poco a poco fui olvidando mis deseos de ser libre, me aleje caminando, sin prisa, dejando que la mujer bañada en lagrimas se fuera ahora enfurecida ante mi indiferencia. ¿Quién era? ¿Qué hacía en aquella calle? ¿De qué hablaba minutos antes y con quién? No lo sabía, no lo recordaba.

Entonces al doblar una esquina vi una parpadeante luz que provenía de las ventanas de uno de los edificios. Mire hacia arriba y me encontré con el rostro de un niño que jugaba ajeno a los conflictos del mundo, casi como si él también fuera sordo a ellos.

“Sí somos libres” pensé “Solo que hemos olvidado el momento en el que lo fuimos, cuando no vivíamos en una ilusión de libertad, cuando no conocíamos el miedo, el rencor, la culpa o la añoranza de lo cotidiano, ese momento en el que nos bastaba jugar un poco y olvidar. Fuimos libres cuando fuimos niños. Lo que nos hace falta para poder reír como aquel que volaba por los aires es recordar lo que en nuestros sueños y jugos infantiles… nos hacía volar sin que temiéramos la caída...”

viernes, 1 de julio de 2011

Tears In Rain (Blade Runner)



"Las inconmensurables posibilidades de lo maravilloso: la máquina que no solo piensa, que no le basta con tener consciencia; sino que hace de su existir el gozo más profundo de lo estético hasta el extremo de lo sagrado" Mauricio Zárate Parra, Artista Visual.


"En un mundo devastado por la guerra, lleno de restos tecnológicos y bloques de apartamentos vacíos, Rick Deckard es un cazador mercenario, un cazarrecompensas, cuya tarea consiste en retirar de la circulación a los androides rebeldes. Sin embargo, los Nexus-6 son androides con características muy especiales, casi humanas, y no va a ser tarea fácil identificarlos.
Blade Runner (o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) es sin duda una de las mejores obras y la más leída de Philip K. Dick y uno de los puntos de referencia ineludibles de todo el cyberpunk posterior. Alucinante pesadilla tecnológica, intensa novela de aventuras, su modo de plantear la existencia de una muy fina línea que delimita lo natural de lo artificial fue también la base de uno de los grandes hitos en la historia del cine en manos de Ridley Scott.
Todo un clásico de la literatura de ciencia ficción, que a su vez dio vida a una película clásica."

Ésta obra de arte, como ya es mencionado anteriormente, dio origen a muchos aspectos del pensamiento sobre la existencia humana y su relación con lo "artificial", que termina convirtiéndose en el punto clave que determina a la verdadera humanidad en un mundo consumido por la radioactividad.

¿Quiénes somos y por qué somos? ¿Qué es lo que en verdad nos convierte en estos seres que presumen de control, aún sin saber que la realidad se encuentra a años luz de que podamos alcanzarla? Todas estas preguntas han de tener una respuesta dentro de las páginas de este libro, o las poéticas escenas de esta película que, además del tema tratado en ella, nos muestra el verdadero avance tecnológico de la sociedad de los años 80's en una visión futurista del mundo.