Frases y Versos Malditos

"Un libro que es leído una vez,es un libro que no ha sido leído."

Julieta Zárate Solís

jueves, 6 de enero de 2011

Los Perdidos

Estábamos todos sentados a la mesa cuando él llegó. Nadie esperaba su llegada, ni siquiera ella que miraba por la ventana hasta que sus ojos vacíos se llenaban de lágrimas, para después, secarse y hundiese dejando dos cavidades negras que no dejaban de observar el exterior. Cuando éramos niños ella aún tenía luz y color en su rostro ahora parecía el de un muerto.

Tiempo atrás cuando las mentiras aún no habían llegado a nuestro hogar, los rincones oscuros que habitaban dentro de nosotros no eran tan dolorosos, ahora ocupaban casi todo nuestro cuerpo corrompido, destrozado, mutilado, violado… vacío.

Unos nudillos delicados golpearon apresuradamente la puerta. Él había llegado. Todos en la mesa nos miramos y después la miramos a ella, que seguía sentada mirando por la ventana sin demostrar nada que nos dijera a nosotros que lo había visto llegar.

Nadie se levantó de la mesa, nadie quería ver su rostro otra vez. Finalmente, después de mirar a los demás, abandone mi asiento y me dirigí a la puerta principal. Primero mire por el orificio de la cerradura imaginando que sucedería un milagro y que no sería él quien estaría del otro lado de la puerta, sin embargo ahí estaba alto y frío como siempre.

Dudé, no quería que me viera sudar, un sudor frío, similar al liquido que secreta el cuerpo humano cuando siente que la muerte ronda cerca esperando a devorar cualquier cuerpo que se encuentre próximo a ella.

Mientras tanto en la oscuridad de la noche un perro aullaba con fuerza. Preocupado, en el umbral de la puerta me encontraba yo, mi mente se encontraba el medio del caos, dentro de mi se desataba una batalla terrible. Dejarlo entrar y condenarlos por la eternidad o no abrir la puerta y condenarlo a él al vacío, mientras nosotros vivimos con el terror infinito de que tarde o temprano regresara por nosotros tocando con sus fríos nudillos la puerta que nos separa del mundo y nuestro hogar, esperando entrar a convertir nuestros cuerpos en frascos vacíos de algo que solía ser un ser humano.

Los volví a mirar a ellos, que estaban sentados a la mesa con las lágrimas al borde de ser derramadas. Luego la miré a ella, con la cuenca de los ojos vacía mirando indefinidamente por la ventana a la espera de algo, o alguien que nunca llega. Entonces tome una decisión.

Ahora soy yo el que se encuentra sentado mirando por la ventana, sentado en la silla donde antes se encontraba ella. Ahora soy yo el que no tiene ojos con los cuales mirar, pero no porque él me los halla arrebatado, sino que ahora fue la edad quien poco a poco fue obligándome a forzar la vista. Sin embargo escucho las risas de los niños al otro lado de la ventana, jugando sin parar día tras día, escucho a las personas sentadas a la mesa ofreciéndome de vez en cuando un rico pastel, o una fresca bebida. Siempre temo, cada noche que paso solo, escuchar aquellos nudillos una vez más y que todo no halla sido más que un hermoso sueño. Ella ahora mira por mí, sus ojos ahora son dos cristales hermosos llenos de luz y de vida que lo miran todo y de ellos no ha vuelto a cacer una sola lágrima desde aquel día.

Aún así en mis pesadillas aún lo veo por el orificio de la cerradura de la puerta, temiendo que maltrate mi mundo de nuevo con su llegada. Los perdidos por fin han logrado conseguir un hogar y ya no ven más el mundo roto que solía atormentar sus vidas y sus frágiles cuerpos. Quizá estemos sumidos en una mentira terrible, o quizá simplemente hemos aprendido a vivir al lado de nuestro odio y nuestro terror, condenados por toda la eternidad.

Sentado, mis ojos se cierran por última vez.



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