La necesidad de saborear sus labios chocolate se hacía más grande día con día. Necesitaba morderlos, recorrerlos con la fina punta de mi lengua. Tan carnosos, tan sensuales, tan perfectos.
Sus manos, grandes y firmes. Soñaba en como recorrerían mi blanco cuerpo hasta devorarlo por completo.
Su amplio pecho y su gran tamaño, su cabello corto y sus poderos brazos.
Sus brazos, venosos, fuertes, tan negros y hermosos que en cualquier mujer habrían provocado el incontrolable deseo de morderlos. Recuerdo cuando solían abrazarme fuerte en mis sueños más eróticos, en mis fantasías perfectas.
Incontables veces imaginé su perfecto cuerpo desnudo, imaginaba cada detalle, cada sabor, y en como algún día, haríamos el amor.
Su prominente voz siempre se escuchaba sobre todas las demás. Siempre con un puro en la mano mientras el humo bañaba su traje. Un café en la otra mano y una mirada intensa a través de sus discretas gafas.
Un buen día, se fue tan rápido como había llegado , sin que nunca hubiera tenido yo el valor de revelarle mi más anhelado deseo en el que él ocupaba el trono.
Recuerdo como se subió al tren con una sencilla maleta colgada al hombro. Quise llamarlo pero no sabía su nombre.
¡Chocolate! ¡Oh Chocolate! Jamás probé su cuerpo, jamás probé sus labios. ¡Oh mi Chocolate!
Así deje que se alejara el tren hasta que lo perdí de vista en el horizonte. ¡Adiós Chocolate!
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