Algo entre nosotros se unió irremediablemente, lo sé. Algo nos ha juntado y el abismo ha desaparecido. Tú no lo sabes, pero cuando me encontré por vez primera con tu mirada, puse mi pie en el primer tablón de madera de un puente que separaba mí mundo del tuyo. Ahora ese puente ya no existe, o quizá sí, pero eso ya no importa porque ahora estoy del otro lado, he cruzado sin miedo y ahora debo encontrarte dentro de todo aquel mar de árboles.
Nuestros labios se han tocado y con eso, has roto dentro de mí cualquier tipo de defensa. He quedado descubierta, desnuda totalmente ante tu cariño. Ese beso me tortura día y noche y ahora has firmado con tus caricias y abrazos, aquella carta en la que confieso todo lo que siento. Con tu lágrimas, delicadas, sinceras, tan únicas y dolorosas, has partido en dos la piedra que intentaba ser ante el amor.
Ya no encuentro el sentido en las cosas que vivo y digo, ya no quiero saber nada más de nadie más porque ahora tú, con aquel tímido y hermoso beso me has hecho decidir sentarme dentro de tu corazón y esperar el tiempo que haga falta. No importa si se trata de días, meses o años. Quizá creas que esto es solo un poema más de una mujer sin otro medio para poder desahogar su amor. Pero no, tú no me conoces aún, y no sabes por tanto que el dolor que tu sientes lo siento yo, que la alegría que sueñas yo te la brindare cuando tú lo desees.
Pero esta bien, basta de palabras, basta de rumores, sueños o cosas a medio decir. ¿Qué quieres evitar que me encariñe más contigo? Por dios, ya es muy tarde para eso…
