Frases y Versos Malditos

"Un libro que es leído una vez,es un libro que no ha sido leído."

Julieta Zárate Solís

jueves, 14 de marzo de 2013

Proyecto T.

Nos miramos y nos sentimos en el año 1831 dentro de la novela de Frankenstein, temerosos ante lo que habíamos hecho.
La criatura nos miró, amorfa y terrible, deforme y abyecta.
-Es tu culpa- dijo enfurecida- tú has tenido la idea, si no fuera por tus asquerosas inquietudes esto no habría pasado y no estaríamos aquí.
Sí, era posible que fuera mi culpa, pero finalmente ella también había participado en lo que terminamos por llamar el Proyecto T, Proyecto Terrible.
-La culpa no es de nadie- dije por fin- lo importante ahora es pensar que debemos hacer...
-¿¡Qué debemos hacer!?- me interrumpió gritando, asustando a la pequeña criatura que se revolvía de una forma un tanto repulsiva- ¡Es más que evidente lo que tenemos que hacer! ¡Mátalo!
-¡No puedo hacer eso!- respondí al borde del colapso.
-¿Y por qué no?- me pregunto desconcertada.
Si, ¿por qué no?, me pregunte a mí mismo mientras me atrevía a posar mi mano en su extraño cuerpo.
-Esta vivo Ana, no podemos hacerle esto.
Su mirada fue primero de furia, pero después se volvió un poco más cálida y dijo en un tono delicado, contrastante con las palabras que salieron de su boca:
-Estas enfermo.- Tomo sus cosas y cerro la puerta casi sin hacer ruido, como quien sale de la habitación de un bebe que termina por conciliar el sueño.

Me quede un rato sentado, mirando como movía sus extrañas extremidades tratando de escalar una de las paredes de la cámara de cristal. De pronto, la criatura emitió un fuerte sonido, similar al chillido de un perro herido. «¿Le dolerá?» pensé.
Fue en ese momento en el que por fin pude ver de forma clara, casi hiriente, lo que habíamos hecho.

Dos años atrás en la facultad de veterinaria de la UNAM había conocido a Ana por una curiosa pregunta que ella había hecho en una conferencia sobre fósiles.
-¿Será posible que el recuerdo de especies perdidas, deje de ser un recuerdo para convertirse en una realidad?
Todos la miraron con una mezcla de burla y critica pintadas en el rostro, algunos maravillados ante la idea de poder tocar lo que en las mentes científicas solo era ficción.
Ficción... Hay cosas que deben quedarse como están, pero nosotros los hombres de ciencia sufrimos de una extraña e insaciable enfermedad de alterar, descubrir, abrir, torcer y explicar.
Al terminar la conferencia me acerque a ella y le dije que yo creía en que algo como lo que había propuesto. La aparte de la multitud y me presente, le dije mi nombre y la idea que tenía en mente.
Su lado humano la obligo a mirarme asustada, pero después su sed de conocer, esa enfermedad tan devoradora y peculiar de los de nuestra especie, venció y me miro con un brillo de profundo interés en la mirada.

-Llego esto- dijo de pronto Ana sacándome de mis recuerdos. Había vuelto a entrar en la habitación y llevaba en la mano una carta.- nos preguntan si presentaremos nuestro proyecto en la facultad. No lo haremos ¿verdad?
-Sí, si lo haremos.- pensé que mi respuesta iba a enfurecerla y por eso me prepare para recibir toda clase de insultos, sin embargo me miro con tristeza y al borde de llanto dijo en apenas un susurro:
-Sí, esta bien.- iba a marcharse de nuevo cuando me levanté a toda prisa y la tomé por el brazo.
-Espera- tome aire y me arme de valor- Este es mi plan, lo presentaremos en el concurso y luego  lo mataremos, así podremos ganar el premio y Eso- dije señalando hacia la cámara de cristal- además de adquirir un sentido a su terrible existencia nos permitirá ganar. Todos saldremos ganando, es una idea maravillosa y dejara de sufrir.
Ella miraba el piso y las lágrimas le salían de los ojos como si no pudiera controlarlas.
-Si, esta bien. Pero debes prometer que pase lo que pase, después del concurso lo mataremos.
Por supuesto, mi plan inicial era completamente diferente, pero después de casi 72 horas de escuchar los dolorosos quejidos de una criatura que no debía existir, mi cuerpo y mente deseaban no volver a saber de aquella cosa y borrar para siempre su recuerdo.
-Debes prometerlo- repitió.
-Lo prometo.

Así, llego el día del concurso y todos colocaban sus adornados carteles con los títulos de sus experimentos, algunos muy coloridos, otros discretos pero agradables. La nuestra era una sencilla cartulina fría, con unas letras grandes mal pintadas que decían "PROYECTO T." Sabíamos que no faltaría quien preguntara porque llevaba ese título nuestro proyecto, en ese momento destaparíamos la gran caja de cristal y solos, algunos con gritos de asombro y otros de espanto, se responderían esa pregunta.
Ana me esperaba con rostro triste viendo lo que los demás llevaban a sus mesas de presentación, seguros todos ellos, por una u otra razón, de que serían los ganadores.
Llegue sosteniendo la gran caja de cristal tapada con una cortina negra. Habíamos sedado a la criatura para que no emitiera ninguna clase de sonido hasta el momento indicado, sin embargo se escuchaba su irregular respiración.
La gente nos miraba con curiosidad y las preguntas podían leerse en sus rostros. Algunos incluso llegaron a preguntar, pero bastaba una mirada mía para que su curiosidad se apagara.
Colocamos la caja en la mesa y nos miramos.
-Aún podemos regresar a casa y evitarnos todo esto.- Me dijo Ana tomándome de la mano.
-No podemos, ya estamos aquí y la gente espera ver lo que hemos hecho.
-A nadie le importa saber que es lo que hicimos, no es más que simple curiosidad, es solamente un estúpido concurso.- hizo una pequeña pausa y bajando un poco más el tono de voz se acercó a mí diciendo- Podemos regresar a casa y terminar con su sufrimiento, podemos evitar que el mundo sepa el daño que hemos hecho- Note como las lágrimas alcanzaban sus ojos- Podemos evitar que sus gritos no puedan borrarse de las mentes de todos los que puedan verlo.
Guarde silencio, no me atreví a contestarle nada hasta que note su apremiante mirada, esperando mi respuesta.
-Nos quedamos aquí.- dije sin tener el valor de mirarla a los ojos.
Golpeo con la mano la mesa y algunos a nuestro al rededor la miraron confundidos, se levantó y dijo fríamente:
-Si es así, no puedo tolerar que se nos premie por una monstruosidad como esta, así que a partir de ahora estas solo.
La vi alejarse y perderse en la alegre multitud, y recordé una vez más el momento en que la conocí. Y ahí fue cuando supe que nunca más volvería a verla.

Sonó la campana y el juez subió entusiasmado a la pequeña tarima en donde daría su discurso. Todos miraban ansiosos, esperando poder mostrar ya los proyectos que habían costado tiempo y sudor. Con un exagerado gesto de alegría el juez hablo por fin:
-Bienvenidos sean todos al XXI Concurso Universitario de la Feria de las Ciencias, la tecnología y la innovación que los convoca con el propósito de fomentar entre los jóvenes, la creatividad y el interés por la investigación científica; fortalecer el aprendizaje de la ciencia, el uso de la tecnología e impulsar la innovación
como factores determinantes para el desarrollo del país...
Siguió hablando, pero yo ya no lo escuchaba. Todo pareció enmudecer y lo único que mis oídos pudieron escuchar fueron los quejidos de la criatura que dormitaba dentro de la caja de cristal. Comenzaba a despertar.
-Así pues- continuo diciendo el juez- damos la bienvenida a todos los alumnos, a todos los posibles ganadores y sobre todo a todas las grandes mentes que contribuirán al progreso de nuestra sociedad.
Bajo de la tarima y los alumnos comenzaron a preparar los materiales necesarios de sus proyectos, esperando impacientes a que llegara su turno.
Ana nunca llego, y yo espere sólo mi turno. Miraba con cierta envidia la inocencia de los proyectos vecinos. Me molestaban le caras sonrientes de los presentadores y las curiosas miradas de los jueces. Esperaba de verdad que Ana cambiara de opinión y regresara para sostener mi mano cuando tuviera que quitar la cortina negra para dejar a la vista a aquella espantosa criatura. Sin embargo, nunca lo hizo.
Pasaron uno por uno todos los competidores presentando sus trabajos, como funcionaban, que aportaban, como lo habían hecho y porqué. Algunos eran muy sencillos pero prácticos, otros eran demasiado complejos pero poco efectivos. Unos y otros eran finalmente el producto de manos humanas que perseguían un sueño... ¿Cuál era el mío? Mire mis manos y me pregunte que clase de sueño fatal perseguirían y cual sería el precio que estaba dispuesto a pagar por alcanzarlo. Quizá Ana estaba en lo cierto, algo no marchaba bien dentro de mí. Quizá mi sueño era demasiado exigente, o yo era demasiado débil para aceptar lo que había pasado.
En medio de mis pensamientos se paró el juez.
-¿Y bien muchacho? ¿Por qué tanto misterio? ¿Qué tienes que mostrarnos?
El pánico me invadió de pronto y sentí ganas de huir dejando todo lo que había creado atrás para siempre.
La gente comenzó a reunirse a mi al rededor, todos esperando. Entonces todo pareció detenerse y mis pensamientos se calmaron de pronto.
-Terribles cosas- dije levantándome de mi asiento- son las que un hombre puede llegar a hacer con el propósito de encontrar las respuestas a sus preguntas. Escarbando en la tierra encontramos los recuerdos de especies perdidas, y escarbando en la mente encontramos las instrucciones para romper con toda ética y obtener lo que nuestra sed científica anhela.- de entré la multitud alcance a ver a Ana en un rincón que me miraba con un rostro hinchado de llanto. «No lo hagas» suplicaba su mirada.- Así es como la enfermedad que a los hombres los hace hombres, nos come, nos devora hasta llevarnos a los límites de la locura.- pasee la llena de mis dedos por los bordes de la caja de cristal y poco a poco la cortina negra comenzó a resbalarse dejando ver por fin a la criatura que soltó un grito desgarrador.
No supe muy bien quien fue la primera persona en gritar, sólo pude ver la cara del juez, pálida y ausente.
-¡Innovador! ¿No es cierto?- pregunte entre los gritos de espanto- ¡Maravilloso! ¡Es magnífico! ¡Una obra maestra!- las lágrimas me corrían por las mejillas. Aún recuerdo muy bien como el desquiciamiento se apoderaba de mí dejándome ciego.
-¡Monstruo!- Gritaban- ¡Enfermos!
Entonces un joven subió a la tarima tratando de alcanzar a la criatura con mirada asesina, intentando curar con su muerte el inolvidable evento. Alguien trato de detenerlo pero su voluntad fue más fuerte y por fin logro tirar la caja de cristal. La criatura callo rodando en gritos de dolor y la gente, desquiciada y asqueada, se abalanzó sobre ella para hacerla pedazos.
Entonces, de entré todos los gritos de horror, la voz de Ana llego a mis oídos como un rayo divino.
-¡BASTA!- gritó.
La gente se detuvo de pronto, como si hubieran despertado de una pesadilla y la miraron.
-¡Los monstruos son ustedes!- en sus brazos sostenía a la criatura que temblaba aterrada emitiendo extraños quejidos. - Están todos rotos, y tú...- dijo señalándome - Tú estas enfermo.
En sus brazos la criatura iba adquiriendo una forma extraña y entre quejidos dos pequeños ojos comenzaron a mirarme.
-Esto- dijo haciendo un ademan para señalar a la criatura- es el producto de su fría desesperación. Y el objeto de su sufrimiento es la ausencia de sentido que su vida tiene entre nosotros. Un proyecto, un experimento, un objeto y nada más.- mientras sus duras palabras penetraban en nuestros oídos la deforme criatura  dejaba atrás su extraña forma, y pronto pudimos ver todos con dolorosa claridad lo que Ana sostenía entre los brazos.- pero ahora entiendo todo: no hace falta la muerte para esta criatura, lo que hace falta es que ustedes ¡monstruos! Dejen atrás su frialdad para convertirse en hombres.- su voz era ahora apenas un leve susurro mientras posaba su mejilla en la frente del niño que sostenía, un niño asustado y frágil que nos miraba a todos desde su inocente universo, aferrándose con fuerza al cuello de Ana.
Deje caer los brazos y sentí mis rodillas golpear el suelo mientras aquellos pequeños ojos me miraban aterrados. «Perdóname, perdóname por favor, perdónanos a todos» Pensé, sin embargo no tuve el valor de pronunciar palabra alguna.
Nunca olvidare ese día, aquel en que dejamos de ser hombres, aquel en el que no fuimos capaces de reconocer a nuestro hijo. Así, todos vimos como se alejaron abrazados, mientras el público se miraba consternado. Finalmente me miraron todos a mí y me sentí en el año 1831 dentro de la novela de Frankenstein, temeroso de lo que había hecho...

2 comentarios:

  1. Julieta en verdad me apasiona saber de ti eres una chava super admirable, sexy, inteligente, hermosa y lo mas importante capaz de enamorar a cualquiera sin necesidad de tocarlo, besarle o si quiera verlo. Con el simple hecho de leer algo de lo que publicas uno queda cautivado a la brevedad con tu sencillez y belleza. es como si pudiéramos tocar la belleza con los ojos. Simplemente eres una mujer sin igual por la que muchos, en al que me incluyo, mataríamos por tenerte a nuestro lado. Saludos!!

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    1. ¡Hola Homero! ¿Cómo has estado? Hace mucho que no se de ti y me da gusto poder leerte de nuevo. Muchas gracias por esto que me dices, se valora infinitamente que un hombre le hable de esa forma a una mujer. Este cuento aún tiene muchos errores, es apenas un boceto de un proyecto que tengo en mente pero bueno, espero que puedas verlo cuando ya este completamente terminado. Espero que podamos platicar pronto. ¡Un saludo muy grande! ¡Cuídate mucho!

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