Frases y Versos Malditos

"Un libro que es leído una vez,es un libro que no ha sido leído."

Julieta Zárate Solís

jueves, 24 de febrero de 2011

AMANTE MÍO

En un río de metáforas te encuentro sentado en una piedra… sumido en la soledad eterna, gritando con tus ojos para perder aquella invisibilidad del mundo hacia tus rasgos de dulce melancolía. Piensas… dentro de tu mente se desata el caos y la Luna llora, pero la gente ve en ti solo un hombre más, otro caminante perdido. Yo en ti veo el universo, de ideas, de sensaciones, imaginando que tu mirada se pierde en mi universo y dentro de él me desnudas, me besas, me amas.

Nos hemos cruzado en el tiempo, en condiciones en las que los ojos fríos, hostiles y acusadores del hombre nos miran por una ventana suspendida en el aire mientras hacemos el amor. Pero eso a mi no me importa, no me importa mientras la Luna sea un lugar habitable solo para nosotros dos, donde el Sol nos ilumine sin llegar a devorarnos.

Durante años te he buscado en los ojos de hombres solitarios y mujeres que miran al universo buscando una estrella en un cielo gris. Por fin te he encontrado, y contigo me he encontrado a mi misma… Me place estar perdida mientras tu seas mi camino. Has conseguido conquistar mis grandes tierras de soledad, aquellos desiertos infinitos donde los hombres tienen cara de perros y el sol es frío como la noche eterna, donde mis ideas son seres de rostro cambiante y las arenas infinitas absorben mis sentimientos llevándolos al vacío. Tu has dado rostro a los hombres-perro, has conseguido que el sol arda dentro de mi, has conseguido que por una vez mis ideas miren al cielo sin temor de que éste borre sus caras para siempre y que aquellas arenas movedizas no conviertan mis días y mis noches en temores inmortales.

Hoy, te imagino solo, sentado en la arena de aquel bello mar, viendo un atardecer que deseas sea infinito pero no es más que un destello de belleza en este mundo olvidado por el hombre. Desearía que en ese momento yo pudiera estar entre tus brazos, compartiendo aquel bello paisaje contigo, siempre. Espero que esto no sea solo un triste sueño, deseo que por una vez el mundo gire con mis gritos y el viento lleve hasta mis labios tu sabor.

Hoy amante mío, no estas solo, pues una mujer a mirado la Luna y en ella ha visto tus ojos, deseando borrar de ellos aquella infinita soledad. Hoy amante mío te besare dentro de mis sueños, suspendida en el universo, con más intensidad de la que he besado jamás. ¡Hoy amante mío quiero que grites! ¡Que te niegues a esa soledad eterna! Hoy… quiero hacer el amor contigo y disfrutar de tu placer y tus fantasías, quiero morder tu cuello, lamer tu cuerpo, llorar y reir a tu lado. Mi cuerpo y mi alma encontrarán la paz cuando pueda dormir a tu lado… amante mío, no estas solo.

sábado, 12 de febrero de 2011

El pianista y el orgásmo

Ayer estaba pensando en crear una historia o un breve escrito sobre un hombre que tocara el piano. Poco después, sumida en ideas eróticas y deseos olvidados, se me ocurrió sumarle a aquella hermosa imagen una mujer… Se escucha en los labios de la gente culta que lo hombres que hacen arte con las manos, son hombres que conocen el arte de amar carnalmente a otro, así que pasó por mi mente el crear una historia erótica-romántica entre un pianista y una mujer, algo que entre notas musicales, relacionara la suavidad de aquellas manos con un cuerpo erógeno y libre. Más tarde me di cuenta que faltaba otro pequeño detalle y era el ambiente: Pensaba en algo silencioso, claro y delicioso, de ahí una copa de vino por ejemplo, o quizá una gran habitación con grandes ventanas que iluminara de forma clara la estancia en donde una pareja hace el amor. Por otro lado, ¿cómo mezclar una pareja haciendo el amor y a un pianista? ¡Bingo! Agregar otro personaje. Primero pensé en otra mujer, pero desistí y decidí colocar a otro hombre. Ya lo tenía: una pareja haciendo el amor mientras un pianista los observa excitado y desesperado, de esta manera la música de aquel hombre adquiriría tal desesperación conforme aumentaba su deseo que terminaría en el colapso cuando, desesperado, rompe el ambiente con un grito… un orgasmo. Nos damos cuenta con esto, de cómo es que dentro del arte de la seducción, existen infinidad de variedades, formas, imágenes en fin… el piano a mi parecer es un instrumento erótico y sensual cuando se sabe tocar de la manera correcta, no me pregunten el por qué.

A todo esto amigos míos, ustedes se preguntaran que tiene que ver con ustedes un pianista y un orgasmo… Amigos míos este es el arte de seducir, ¿Saben ustedes la respuesta? Cuando mis manos se cansaron de escribir y mis ojos lloraban de agotamiento, fui consciente con total claridad de lo que implicaba el hecho de encontrar en un instrumento una fantasía. Más tarde me encontraba yo caminando por las calles de la ciudad de México en busca de una respuesta más clara de la que se formulaba en mi interior. Observando a la gente, como conviven los unos con los otros me di cuenta de lo importante de conocer, adquirir, aprender nuevas formas de seducir.

Por último, en todo este mar de vagas ideas, confusas y poco claras, tropecé con otro personaje dentro de mi historia: Tenía yo al amante, al pianista y a la joven, pero algo seguía faltando. Era yo, al otro lado del río, sentada en una banca pensando. ¡Cuanto trabajo me llevo concluir por fin que lo que faltaba dentro de la historia era el hecho de no poder vivirla! y a gracias a esto comprendí que yo era el piano, el pianista, el amante y la joven, no solo por que yo los hubiese creado, sino porque yo era parte de ellos como ellos de mí… cuando la primera lágrima afloro en el rostro del pianista y la última nota sonó entre sus manos, fuel el momento exacto en el que yo, sumida en mis ideas grite tu nombre al olvido…

domingo, 6 de febrero de 2011

La Pación y el Delicioso Sonido de los Sabores.

¿Que es lo que más te atrae de mi? ¿Mis senos? ¿Mis piernas? ¿O la lengua que recorre lentamente tu pecho desnudo? Quizá sea la mordida en el hombro, suave y deliciosa, aquella delicada mordida que te hizo gemir con fuerza, o quizá sea la caricia en la entre pierna y esa ardiente mirada directa a los ojos, como una bala que se incrusta en lo más profundo de la carne, hirviendo en demostrar su firmeza y su poder. ¿Qué es lo que más te atrae de mí? ¿Mis cabellos que al ritmo de la música acarician de forma sensual tu pecho desnudo? Puede ser que sean mis manos, que hacen que tu piel se erice, se excite, sude… Incluso es posible que sean mis labios, aquellos que han tomado los tuyos y los han besado con fuerza, sin permiso, sin remordimientos, esos labios que te han tomado de sorpresa y te han llevado a un lugar que te era desconocido, un lugar en el que puedes oler los colores y escuchar los sabores. ¿Qué es lo que hace que en cada uno de tus gemidos nocturnos y en cada uno de tus despertares a media noche, desees que la luz de la Luna sean mis manos mientras te desnudas ante ella con la esperanza de que escuche tus gritos y te deje sentir en carne viva el sabor del placer?

Yo se lo que es. Es lo mismo que me asalta a mí, mientras el agua de una regadera fría y deliciosa en una tarde de verano me moja, es lo mismo que me persigue mientras corro lejos de ti, tratando de imaginar que el camino que recorro es cada vez más corto cuando en realidad se extiende hasta el infinito. Entonces es cuando nos rendimos, tratando de huir el uno del otro, y nos damos cuenta de lo mucho que necesitamos la presencia viva de la persona que en nuestros sueños nos abruma sin control, que la necesitamos con urgencia, que necesitamos sus manos, que necesitamos sus gemidos, es cuando nos damos cuenta que no hay para nosotros placer más grande que el de correr, gritar y caer libremente dejándonos llevar por la sensación del aire golpeando nuestro rostro, la sensación del otro haciendo realidad lo que todos han llamado Tabú.

Corre, no te detengas nunca, corre, no dejes que los otros te convenzan de que el placer es lo que destroza a los hombres, confía en mí, en mi mirada seductora, en mi roce provocativo, confía en aquella que ha cruzado la línea, aquella que se dio cuenta de lo que es en realidad el placer. No tengas miedo, no escuches los gritos fastidiosos de la culpa, no hay culpa en esto, solo pación, pación y una deleitosa copa de vino derramándose en el cuerpo de la noche y en su ardiente y blanco rostro.