
José Saramago es uno de los escritores más reconocidos y apreciados en el mundo. Caín, una de sus obras más importantes, trata diversos temas sobre lo divino, manejados con el delicado sabor de la ironía. Dentro de estos temas se encuentra la maldad que es, de hecho, uno de los temas principales tratados en el mismo. En sus casi 200 páginas, Saramago nos habla de todo aquello que la iglesia a marcado, y/o dictado como el bien y el mal realizando una delicada burla sobre esto, pero además haciendo referencias, de una u otra forma, a textos o ideas de el mismo autor que nos ayudaran a comprenderlo.
Dentro de su historia, Saramago nos habla del mal en lo divino, sin olvidar aquel delicioso sabor de la ironía, marcando con el poder de sus palabras, todos aquellos puntos en los que la iglesia a tratado de segar a los inocentes.
La historia de Caín nos habla del gran viaje del primer hombre nacido fuera del paraíso (quien fue nombrado Caín) que tras el rechazo de Dios hacia su ofrenda, decide asesinar a su hermano, quedando así como un viajero errante, con la marca del mal en su frente y dentro de su cuerpo como un parásito. En el transcurso de la historia, Caín descubrirá su “yo” por medio de lo divino, además de por fin poder comprender al hombre y su símbolo, siguiendo siempre los hechos del verdadero relato bíblico sin perder la comunicación con el mismo y con el lector.
Podemos ver en el transcurso de la historia como es que todo va degradándose, evolucionando de una forma putrefacta y hostil. Saramago es muy claro en cuanto al tema del mal, ya sea con sus mismas intervenciones en la historia como narrador, o por medio de las reflexiones de Caín sobre lo que observa del mundo y sus “presentes”, observando también el comportamiento de lo divino hacia los hombres en lo que parece ser “lo correcto”. La evolución de la historia nos deja muy clara una cosa, y es el cumplimiento del propósito inicial planteado por Saramago cuando nos va introduciendo en lo que es lo divino y en todo lo que se esconde tras las capas de falsa bondad y falsa justicia pintadas por la iglesia.
Caín, hombre de atractivo masculino imponente, marcado por la mano de Dios con el símbolo de la maldad (una mancha) divina y suya, es el personaje que con sus reflexiones nos ayudará a comprender al hombre como reflejo de lo divino cuando la maldad reside en este último.
Caín se revela contra las injusticias de Dios, de manera que esto lo va introduciendo en reflexiones aún más profundas sobre sí mismo, que le ayudaran a cuestionarse sobre los comportamientos divinos. La conciencia del hombre sobre si mismo por medio de lo divino es a lo que nos llevará éste personaje mientras nos adentramos en la historia tomados de su mano y la de Saramago que, sin abandonar nunca éste fantástico juego de ironías, construirá su camino, cavando posos cada vez más profundos dentro de sus reflexiones, obligándolo a llegar más a fondo dentro de ellas. Como bien puede observarse en la historia, todo aquello que rodea a Caín, incluido Dios en el camino, va degradándose al punto de llagar al caos absoluto que paradójicamente es el origen de todo. Caín por otro lado (pero aún así sin ser ajeno a esta degradación) va creando dentro de su mente ideas y cuestionamientos que lo llevaran al entendimiento de sí mismo y del símbolo que ahora representa, mientras que todo va asumiendo el papel que le ha sido asignado por lo divino, sin emitir queja alguna.
Dependiendo desde que punto de vista es apreciado, el libro de Saramago tiene o no al mejor narrador que pudo ser encontrado. Desde mi punto de vista, el narrador que mejor pudo utilizarse es el que ya está dentro de las páginas de este libro, pues el propósito inicial del mismo, es introducir al lector en profundas reflexiones sobre lo que es el mal y todas las causas y/o consecuencias a las que éste nos lleva, pero para esto, Saramago debe colocarse en el papel de un narrador que interactúa abiertamente con los personajes o con el mismo lector, para que nos ayude a comprender este mar de ideas sin perder el orden de las mismas y el de la historia como tal.
En cuanto al manejo de la ironía, también considero que es lo que da mejor “sabor” a este narrador, pues dentro del proyecto inicial se encuentra la firme idea de desenmascarar a la iglesia, planteando al “bien” como el “mal” y viceversa, y esto debe realizarlo de una forma en la que podamos apreciar tanto este propósito, como el de golpear en sus cimientos los ideales impuestos por una iglesia que, como bien plantea Saramago, es manipuladora y egoísta, sin respetar las ideas que ella misma impuso en sus inicios.
Es así como nos planteamos la pregunta final: ¿Cumple Saramago con sus propósitos mostrándonos todas aquellas reflexiones que se van desarrollando a lo largo de la historia? Es verdad que las mentes de los hombres están divididas en personalidades y puntos de vista diferentes, sin embargo he de admitir que es gracias a todas aquellas sutilezas y “dulces” detalles, que le es posible al lector llegar a conclusiones que desde el inicio son tanteadas de forma secreta ante los ojos de aquellos que nos hemos apoyado en textos anteriores, o en simples cavilaciones que van surgiendo poco a poco con la ayuda de la eterna paciencia por interpretar cada detalle que es planteado por Saramago.
En lo personal invito al lector, ávido de letras y de nuevas ideas que para su formación ha de necesitar todo tipo de introducciones a la literatura y a la filosofía (incluidos el tema de “El Mal” en ellas), a leer este libro que no solo es de deleite para todos aquellos que gustan de las letras, sino también a todos aquellos que en su vida se han visto reflejados en el papel de éste personaje: Caín. Sumidos en un camino que parece no tener sentido y que sin embargo nos llevara a diversos presentes que nos ayudaran a resolver, o por lo menos tratar de comprender, el enigma imposible… ¿Quiénes somos?

