
Sus imperturbables ojos azules… un hermoso muro de hielo, hostil y fríamente indiferente. Cuando lo miré a los ojos y en ellos vi un cálido hogar para mí, un lugar donde una llama azul ardía con el calor mismo del Sol… ese día besé sus fríos labios y para mi sorpresa estos respondieron a los míos con apasionadas caricias y sensuales mordiscos de un sabor más puro y delicioso que el del pecado.
¡Asesino! ¡Serpiente!
Se que al tocar mis cabellos, todos aquellos violentos recuerdos se esfuman y vez en mí la luz que ilumina tu noche eterna, aquella en la que tiempo atrás te abandonaron a tu suerte mientras el tormento más terrible abrumaba tus pensamientos más inocentes.
¡Desgraciado! ¡Traidor!
Amante de aquella fría Luna que más tarde tendría el poder de volver aquel imperio de hielo que era tu corazón, en una hoguera llena de furia y pasión… Te han encadenado, golpeado, herido, destrozado… “¿Todo por qué? Por un sentimiento…” Encadenado has luchado con el odio más puro, con cada golpe has amado con más fuego, herido has caminado por mares infinitos, y destrozado has aprendido a ver la luz en mi mirada.
¡Mentiroso! ¡Insensible!
Has deshecho las cadenas de tu padre y con ellas te has convertido en un traidor. Te has visto obligado a reprimir dentro de ti a tu maldad y tú sed de su sangre para poder amar a aquella estrella que te besa cada noche clara… Nuestros labios se encuentran una y otra, y otra, y otra vez, escondidos de miradas acusadoras, escondidos de aquellos que te matarían como a un perro por besar los labios de esta estrella que se ha enamorado de tus fríos ojos azules. Traidores… ladrones… cada noche la Luna ilumina nuestra pasión secreta.
¡Frío amante! Consumido por una ardiente pasión.
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