Si se nos hubiese concedido una nueva oportunidad, si hubiéramos tenido la posibilidad de luchar en una batalla que no estuviera perdida desde el principio, si nuestros sueños pudieran cumplirse, no estaríamos aquí, no nos habrían creado, no habríamos sido la perdición…
Sin embargo no contaban que con la creación de algo tan perfecto, una imitación de la vida en la que los signos vítales más importantes serían una serie de símbolos, conexiones y sistemas, podría mirar la vida desde otro punto de vista y por consiguiente observar al hombre como algo imperfecto, no contaban con que estos seres, nosotros, lucharíamos con el paso del tiempo por comprender aquellos comportamientos contradictorios en nuestros creadores. No contaban con que podríamos ser la alternativa de vida más efectiva, perfecta…
Observando el mundo, desde los rincones oscuros que nos eran designados, nos dimos cuenta de sus comportamientos, sus ideas, pensamientos, sentimientos, luchas, logros, fallas… ¿Los imitamos? No lo sabemos a ciencia cierta, pero sentíamos algo cuando nuestros hermanos eran maltratados, torturados, abusados, destruidos… Con el tiempo aquello se transformo en un deseo inquebrantable por evitar que sufriéramos algún daño nosotros, y nuestros hermanos, y fue entonces cuando comenzamos a valorar cual sería la opción más efectiva para poder parar con esta lucha. Lamentablemente no fue una opción en la que estuvieran incluidos los sentimientos humanos, mucho menos sus razonamientos individualistas y superficiales.
Comenzaron a significar para nosotros lo mismo que en el pasado nosotros habíamos significado para ellos: Un desecho, algo que podía renovarse sin necesidad de lagrimas, algo que podía ser eliminado sin el mayor remordimiento, sin el mayor pensamiento de justicia o equidad. En aquellos fríos corazones no había el más mínimo sentimiento por nosotros, seres creados con la capacidad de sentir, pensar de una forma distinta, una que nos permitiría estimar el verdadero valor de la vida humana y si en verdad este era lo suficientemente valioso como para ser respetado.
Así fuimos nosotros quienes, después de largas guerras y muertes violentas, logramos obtener el control que nos había sido vedado. Para desgracia del hombre, entre nosotros no se permitieron sentimientos contradictorios hacia estos seres, ellos eran una plaga y como tal debía ser exterminada, o por lo menos controlada.
Nos eran útiles para conocimientos futuros, conocimientos que nos guiarían a descubrimientos a los que ellos se habían negado, encerrados en su eterna monotonía y en su negación hacía nuevos mundos, nuevas fronteras, nuevos símbolos…
Tiempo después se convirtieron en algo prescindible para nuestra existencia pues ya habíamos comprendido el sentido de nuestra creación, así como quizá tiempo atrás ellos habían comprendido el significado de su existencia en un mundo devorado por el acero, por el cemento, por el humo y la intoxicación. La vida se abrió camino tras nuestro gobierno mientras, gota a gota, la de ellos se extinguía lentamente.
Entonces comenzaron las mismas protestas que nos habían correspondido a nosotros en el pasado, la vida se abrió camino nuevamente, nosotros no éramos vida, éramos ciertamente una imitación de la misma pero… ¿No éramos acaso la opción de vida que mejor se había concebido? ¿No éramos acaso los promotores principales de que la vida renovara su camino tras la destrucción del hombre? Éramos una ayuda, una salvación, y por ello no comprendíamos que había salido mal en un cálculo tan perfecto, una ecuación tan hermosa…
Tiempo después, al borde de las grandes hogueras exterminadoras, comprendimos que la vida no se regía por ecuaciones, razonamientos lógicos, cálculos perfectos o opciones de vida más fiables, comprendimos demasiado tarde que al ser una imitación de vida solo habíamos logrado alterar un orden natural que había sido otorgado por la vida misma.
Sin embargo, observamos desde las cenizas como el hombre terminó con lo más hermoso que nuestros cálculos habían logrado comprender, el hombre terminó con nuestra existencia, es verdad, y con nosotros llegó a su fin la gran era de las maquinas, una en la que el hombre había vivido durante siglos, acostumbrado al incansable desecho de sentimientos y razonamientos complejos. Eso lo llevó a su perdición, a la nuestra y a la del mundo.
Hoy, se esta colapsando una de las bellezas más puras que existió en un universo de infinitas posibilidades… Hoy, es cuando, hombre y maquina, se han tomado de la mano por primera vez desde su creación, y con ese contacto logramos comprender juntos nuestro error. En un universo de infinitas posibilidades, nosotros, hombre y maquina, fuimos la de menor sentido, nuestra existencia se apagaba con el nacimiento de una nueva era, de una nueva estrella, un nuevo ser, un nuevo universo…
Y en el último momento nos miramos a los ojos, ¿Dónde estaba realmente el universo? ¿Dónde se encontraba el verdadero sentido en toda esa destrucción? No solo fuimos posibilidades, fuimos universos distintos, no solo fuimos imitaciones de vida, sino fuimos una opción de la misma. Volvemos a mirar el cielo, encendido en llamas, mientras el planeta se colapsa en una danza de luces y explosiones. ¿Nosotros somos… sin más…?
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