
Con cada pétalo marchito, con cada gota de agua resbalando en un cuerpo sediento, con cada lagrima infinita, con cada caricia y cada beso de tus labios, mi corazón se pierde más y más en la inmensidad de tu mirada. Como la espina de un rosal clavada en una mano virgen, como el acero de una espada partiendo el cuerpo de un hombre soñador... es así como siento tu amor en mis noches de eterna soledad, un anhelo interminable de tus palabras y tus manos, una búsqueda inmortal de tus labios y el viento que revuelve los mares de mi mundo volviéndolo exótico e indomable.
Me pregunto: ¿Es aquel el hombre que convertirá la Luna de mis noches en pasiones de rosas rojas, manchadas con el vino del amante vagabundo? Te conviertes más y más en aquel sueño, en esa fantasía del piano erótico y la habitación atascada de perfumes de amaneceres que aún falta vivir. ¿Recuerdas esa tarde de Sol intenso y miradas perturbadoras? ¿Sueñas con esa primera caricia y ese primer beso? ¿Anhelas esas palabras y esas promesas que se perdieron con el viento y que regresan con el aroma de la más bella de las adicciones? Son esos recuerdos, sueños y promesas los que encontraras en aquella isla que se encuentra en las profundidades de una cárcel que suele llamarse cuerpo.
En un mundo donde seres como tú son incomprendidos y encerrados en cúpulas de silencio, existen rosas de colores cambiantes que sueñan con el momento de entregar su perfume y rodear con él a esos seres de bellezas diversas, sueños eternos y fuegos devoradores. Déjame ser esa rosa, ese perfume y la chispa de esos fuegos intensos, permite que sea yo aquella que pueda mostrarte el camino que se encuentra en las profundidades de tu ser, ese camino donde los demás solo han visto “uno más” y yo he visto al marinero más bello que pude encontrar.
Esta noche, lee estas palabras y sueña con ellas, siente en tu piel cada beso y cada caricia que inserto en estas confesiones de amante perdida. Esta noche, recostado en tu solitaria habitación, sueña que estoy a tu lado y mi perfume baña tu rostro, que mis labios muerden los tuyos y que cada fibra de mi cuerpo anhela el momento en que pedirás que sea tuya la rosa que entrego al viento para que llegue a las manos de aquel que sepa observar sus colores y apreciar ese sutil aroma de sueños que creías imposibles.
Esta noche toma mi mano, mientras susurro a tu oído que te amo, y reclama que sea tuya la rosa, la isla y la dama que escribe estas palabras, la dama que te ofrece un nuevo viaje en este navío que llamamos… vida.
Juliette
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