
Algunos dicen que es blanco. Otros dicen que esta hecho de luz. Muchos otros no lo ven, y si lo ven no lo dirán nunca. Yo sé que cuando alguien dice que lo ha visto, no es una invención. Escucho sus palabras y me pierdo en las historias que cuentan aquellos que tienen la marca en la mirada de haberlo visto y amado aunque fuese solo por un momento en el que el tiempo se detiene y la vida parece no tener fin.
Solo puede verse por un momento, cuando quieres mirarlo bien ya ha desaparecido dentro de las multitudes que chocan unas contra otras, gritando sin mover los labios, que desean ser escuchadas. De pronto, mientras caminas deseando que todo eso solo sea una pesadilla, lo vez… a veces caminando en medio de la gente sin dirección aparente, a veces galopando entre los automóviles, tratando de desafiar al viento, corriendo siempre en dirección contraria.
Es hermoso. Blanco como un rallo de luna, delicado como una escultura de cristal, rápido como el recuerdo, luminoso como la esperanza, como el sueño… Recuerdo que la primera vez que lo vi yo caminaba sin rumbo por las calles, esperando ver en los rostros de la gente que golpeaba mis hombros, un rastro de inocencia, un atisbo de interés. Recuerdo que las lágrimas comenzaron a correr por mi rostro volviendo borroso mi entorno, casi como si trataran de curarme de la terrible e impactante imagen de esos rostros indiferentes.
Entonces, mientras miraba un punto en el espacio, parado entre la multitud que trataba de empujarme, lo vi. Fue a penas un momento, pero jamás lo lograré olvidar. Bello corría entre la gente, salvaje gritaba y la melodía de su grito llegó a mis oídos como el canto de una sirena para un marinero perdido. Me miró y se detuvo frente a mi mientras la gente seguía caminando sin apenas percatarse de su presencia. Alargué una mano para rosar su esbelto cuello perfecto y al tocarlo sentí que mi cuerpo se convulsionaba en un orgasmo de paz y felicidad. Seguía llorando y entre mi vista distorsionada por las lagrimas, pude ver sus ojos con claridad, tan llenos de luz, tan llenos de esperanza y amor.
Cuentan las leyendas que en momentos de guerra y triste devastación, ha habido gente que ha visto correr a un caballo blanco entre los campos destrozados por la guerra. Incluso en el combate mismo, guerreros y soldados han afirmado haber visto alguna vez aquel rayo de luna que corría en busca de aquello que pocas veces es encontrado en los rostros de aquellos que han perdido la esperanza. Se dice también que cuando el mundo se caiga a pedazos podremos recordar al caballo blanco que galopara en el horizonte, indómito y puro, perfecto y bello. Con él, la esperanza no morirá en este mundo… Con él, los que podemos verlo, podremos seguir su camino y correr junto con él, soñando que este mundo aún no esta roto, soñando con él que aún tenemos esperanza, que aún podemos detenernos en medio de la calle mientras la gente golpea nuestros hombros, mirar al cielo y decir: “…Estoy vivo…”
Juliette
“Dentro de ti hay mucho más de lo que tú conoces”
Laura Gallego.
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