
¿Y cuando todo esto termine? Cuando nos encontremos a la orilla del vacío, mirándonos los unos a los otros preguntándonos si ha llegado el momento ¿Qué haremos?
Perderemos la cabeza, nos sumiremos en la oscuridad y dejaremos que esta nos tome entre sus brazos fríos y sin vida. A menos que dentro del vacío encontremos una luz. Siguiendo el camino tendremos la esperanza de encontrar a otro ser…
La humanidad ha desaparecido, ahora solo quedan unos seres sin rostro, que vagan por las calles sin objetivo alguno. Preguntamos sus nombres pero ellos no responden a nuestro grito de desesperación. Nos hemos quedado solos, abandonados.
“¿Escoge el caminante al camino o el camino al caminante?” Leí esta frase alguna vez… aún no lo sé. No tengo una respuesta a esta pregunta, así que continuare caminando hasta encontrarla.
Sentados a la orilla del mar escuchamos el viento golpear nuestros rostros. Pensamos que hay del otro lado, miramos nuestras manos y vemos que están pobladas de cicatrices. “¿De dónde han salido?”, “¿Cuándo me las he hecho?”, “¿Por qué no se han borrado?” Son muchas las preguntas que comienzan a segarnos a mitad del camino, y estas mismas preguntas van matándonos poco a poco, haciéndonos caer en el hoyo que tanto hemos tratado de evitar.
Con lágrimas en los ojos miramos un cielo melancólico, la vida se nos va de las manos como un pájaro cautivo al que le han mostrado lo que es la libertad. Nuestros pies ya no pueden seguir, caemos al suelo con el estrepito de una tormenta y esperamos que alguien extienda su mano y en ella encontremos el calor que nos ha abandonado.
El camino sigue, la tormenta viene y va como las olas de un mar infinito. Espero… espero a que al otro lado alguien grite mi nombre con fuerza. Espero que todas estas imágenes funestas que mis ojos absorben de un mundo putrefacto desaparezcan. Espero poder levantarme aún cuando nadie extienda su mano, aún cuando mis manos estén sangrando y mi rostro se esté cayendo a pedazos.


