Frases y Versos Malditos

"Un libro que es leído una vez,es un libro que no ha sido leído."

Julieta Zárate Solís

viernes, 31 de diciembre de 2010

The Last Day

El final se acerca, al igual que el nuevo comienzo. Esperamos con ansia el momento en que todo termine para poder nacer del capullo nuevamente y ser otros... los que no pudimos ser en el pasado.

Este queridos amigos y seguidores es el último posteo del año, pero no será el último de muchos más que seguirán después de éste en el año que esta a punto de comenzar.

Así pues me despido de todos ustedes que han estado pendientes del blog y que han leído con detenimiento todas y cada una de las historias que aquí se han publicado.

Queridos amigos, les deseo un feliz y prospero año. Deseo que hagan realidad sus deseos, porque no depende de nadie más que de ustedes que sus deseos se hagan realidad. No dejen esos sueños en simples deseos, esmérense por recorrer caminos que nunca antes han sido recorridos, conviértanse en sus deseos y háganlos realidades.

Por supuesto los cambios son muy importantes y en último día nos damos cuenta de ello, esperemos que los cambios que en nuestra vida surgen a cada momento incluyéndonos a nosotros como cuerpos y como seres, sean benéficos para lo que nos rodea y para nosotros mismos.

Para aquellos que será su primer año de vida no cabe más que decir que bienvenidos, a los que aún nos faltan muchos años en los cuales pensar sobre nuestra existencia solo puedo decirles: no se rindan. Y por último, a aquellos a los que ya no están aquí, y no podrán festejar con sus seres queridos: Miren quienes somos ahora, sin olvidarlos nunca y pensando eternamente en ustedes, siempre recordaremos las enseñanzas que nos han dado, los recuerdos que nos han regalado, y los momentos únicos que hemos compartido con ustedes. Aquí seguiremos, hasta que sea nuestro turno de decir adiós y hacer "el gran viaje"

Así pues con un cordial saludo y un fuerte abrazo, amigos míos les deseo lo mejor en estas fiestas, y en este nuevo año que esta a pocas horas de comenzar...

Juliette.

viernes, 24 de diciembre de 2010

DEL CAOS (II)

Veremos como se cae el mundo

Veremos como la lluvia cae,

Roja como la sangre de aquellos que han muerto a la luz de la Luna

Veremos como se desmorona la vida de otros

Mientras luchamos por que la nuestra no corra la misma suerte

Veremos como nuestras lágrimas corren como un río

Veremos como nuestra furia se desata contra otros sin razón

Ya no hay esperanza en este mundo para aquellos que aman

Ya no hay vida en los ojos de aquellos que seguían la luz

Pues han quedado segados ante aquella belleza que no pudieron controlar

Ahora estamos ciegos

Ciegos ante la belleza y la pureza

Pero atentos al caos y a la desesperación

Como bestias ávidas de sangre.

Dolor, dolor es lo único que quedará

Pena es lo único que gobernará

Furia es lo único de lo que nos alimentaremos

Y fornicaremos en la desesperación

Entonces, a lo lejos un pájaro

De alas que parecen infinitas

De colores que no logran definirse

Se posa en una roca fría y vacía

Ahí me encuentro yo mirando el caos

El pájaro me mira y dice

“No hay caos sin belleza, ni pureza sin maldad”

No entiendo a que se refiere, pero en cuanto lo miro a los ojos

El mundo se detiene

Ya no emana más sangre de la roca

El caos se ha detenido

Y yo sigo sentada en la roca

Esperando… en la frialdad y en el vacío

El regreso del caos, pero también, la llegada de la reflexión alada

Y ellos miran… sin ojos.


viernes, 17 de diciembre de 2010

Luna

Miramos la Luna y no nos damos cuenta de que nuestros ojos se vacían conforme ella se hace más brillante y más hermosa, con su vestido blanco como el color de la espuma del mar de alguna isla lejana. La Luna es la culpable de nuestras perpetuas lágrimas y nuestros despertares a mitad de una noche oscura mientras buscamos un cuerpo que llene nuestro vacío eterno.

Luna, hermosa y fría, necesito que me digas que tan dolorosa será mi muerte sin haberte conocido, necesito que me digas que tan terrible será la vida, al haber mirado esos hermosos ojos y no poder besar los labios perfectos de la dama de blanco. Luna, necesito que me lleves lejos de este mundo, en donde todo pueda ser tan blanco como tu más pura belleza.

Es el eterno cantar de voces melancólicas las que guían tu camino, pero tú jamás guías el nuestro con tu seductora luz delicada, finges llevarnos a algún lugar pero el único que veo en esta vida es el del dolor que me provoca saber que muy lejos de mí, una bella dama de blanco juega con sus cabellos riéndose de mi pobre existencia.

Entonces decido manchar tu vestido de rojo, y cada noche salgo al bosque en busca de otra dama tratando de imitar tu infinita belleza, cada noche tiño de rojo el bosque con la sangre de aquellas que alguna vez llegaron a mirarme a los ojos creyendo que con una simple mirada lograrían darme lo que tú, Luna, jamás podrás. Es así como tu dejas de ser la hermosa joven de blanco y te conviertes en una pobre víctima de la furia humana ante lo que no puede poseer, te vuelves roja, y tu color deja de atraer las miradas perdidas de un joven amador, ahora tu color los llena a todos de desesperación… la desesperación que tú me haces sentir cada vez que entre mis brazos cae una joven muerta y desgarrada y no haces nada, más que mojarme con tú eterna indiferencia hasta el fin.

Luna es momento de partir, y me llevo conmigo tu eterna belleza y la de todas las demás, mientras el cielo comienza a clarecer y tu frío perfil se desvanece adolorido y confundido ante la furia de aquel que jamás te podrá poseer…

Jostein Gaarder

“Tal vez seas muy espabilado, pero creo que te conoces mal a ti mismo. Primero entraste en la pizzería con el Corriere della Sera bajo el brazo, lo que me hizo pensar que seguramente eras italiano, e incluso tal vez algo tan inusual por estos lares como un intelectual. Luego te sentaste y me dirigiste una mirada, una mirada que no revelaba gran cosa, pero que al menos me confirmo que no eras homosexual. Pediste pizza y cerveza, por lo que llegué a la conclusión de que quizá y a pesar de todo tal vez fueras extranjero, aunque al parecer dominabas la lengua italiana. Me volviste a mirar de reojo, pero creo que en esa ocasión sólo te fijaste en mis pies y en mis sandalias blancas. Me preció un detalle importante, porque no todos los hombres miran los pies de una mujer. Tú lo hiciste, posaste la mirada en mis pies, examinaste mis sandalias, lo que me indicó que eres una persona sensual. Luego abriste el periódico y buscaste inmediatamente la sección de cultura, lo que me hizo pensar que incluso eras una persona interesada por la cultura. Una vez más me miraste, sólo un segundo, pero fue una mirada firme y constante. Lo que quizá no recuerdes es que esa vez si correspondí a tu mirada. Aunque por un instante, fue la primera vez que nos miramos a los ojos, fue nuestro primer momento de intimidad, pues mirarse a los ojos sin desviar la mirada, que es lo que suele hacerse cuando dos miradas se encuentran casualmente, puede ser algo bastante íntimo. Fue una mirada recíproca. Sospeche que con esa mirada intentabas averiguar mi edad, pero puede que me equivocara. Había acabado la lasaña e intente encender un cigarrillo con un mechero que no tenía gas. Tú me estabas observando, pero no creo que repararas en que me había dado cuenta de que me observabas. Todo duró unos cinco segundos, lo justo para haberte acercado a mi esa a darme fuego si lo hubieras tenido, al menos si eras como yo pensaba que eras. Pero fui yo quien se levantó y dio unos pasos hacia tu mesa para pedirte fuego. Entendiste mi italiano, pero también notaste que era extranjera por el acento. Dijiste que no fumabas, pero e el transcurso de dos segundos cogiste un mechero de otra mesa, te encargaste tú mismo, o mejor dicho, no tuviste nada en contra de encenderme mi cigarrillo, más bien te alegraste de que te lo hubiera pedido. El modo de hacerlo me indicó que no era la primera vez que encendías un cigarrillo a una mujer. Cuando te agradecí el gesto, cubrió tu cara una sombra que me reveló que te encontrabas atravesando algún tipo de dificultad, que estabas buscando la confianza de otra persona y que esa persona podía ser yo. Me di la vuelta y volví a mi mesa –tardé segundo y medio-, y noté tu mirada en mi nuca, aunque también pude habérmelo imaginado. Dejaste el dinero de la cuenta en la mesa y te levantaste para marcharte; en ese momento me miraste con una especie de nostalgia y me dijiste adiós con la mano. Ese gesto me indicó que pensabas que nunca nos volveríamos a ver. Yo te había dibujado en mi blog porque me gustaba tu cara, pero tú estabas tan poco atento que no te diste cuenta de que te estaba dibujando. Y sin embargo te sonreí con una franqueza intencionada. Con esa sonrisa quise decirte que es una vida extraña la nuestra, y te marchaste, pero tuve la sensación de que te llevabas algo que habías visto en mis ojos. El modo en el que abandonaste la pizzería me hizo pensar que subirías al Valle de los Molinos, podía haberme equivocado, pero después descubrí que no. Pensé que, si se presentaba la ocasión, tú eras una persona a la que me gustaría conocer más a fondo.

Me detuve en el estrecho sendero y la aplaudí. ¡Bravo!, dije. Sentía que me habías calado y desnudado; era una sensación deliciosa, me resultaba agradable sentir que me veían y que me conocían, fue como llegar al hogar. Hacía mucho, mucho tiempo que no me esperaba nadie en casa.”

Este fragmento del libro “El Vendedor de Cuentos” es para mí una verdadera maravilla. Quizá parece un texto simple, pero en la descripción que hace Beate de cómo vivió ella el momento en el que se vieron por primera vez ella y Petter como si fuera otro punto de vista, es maravilloso. La forma en que averigua poco a poco como es Petter por medio de unos sencillos gestos que cometemos diariamente como mirar los pies de una persona, y por medio de eso hacer que la otra persona se de cuenta de que somos un ser humano sensual, la forma en que describe como es que el la mira firmemente y comparten ambos por un momento una situación íntima es la demostración perfecta de cómo el ser humano es corporal, por más que quiera negarlo, el amor no es algo etéreo, o al menos gran parte de él no lo es, pues como podemos darnos cuenta cada vez que una persona nos atrae de una forma u otra es nuestro cuerpo el que responde y el que puede hacer comprender a la otra que la atracción es mutua.

Un libro altamente recomendado, que nos habla sobre la existencia, la fama, la imaginación, el erotismo y… la vida.

Fragmento del libro: El Vendedor de Cuentos

Autor: Jostein Gaarder

Páginas: 182 a la 184

Editorial: Siruela

La Distancia

Amor mío, que en la distancia es el motivo por el cual la Luna llora para mí, eres la metáfora más preciada que aferra mi corazón herido. No hay brazos más cálidos en los que mi cuerpo quiera refugiarse, no hay sentimiento más intenso que el que las rosas de mi mente profesan para ti, mi amante, el cuervo que da vida a mis cielos, y el perfume que en el horizonte llena mis días de apasionados pensamientos, márchate o quédate para siempre a mi lado, antes de que mi mente pierda el juicio, antes de que mis manos se vean en la necesidad de poseerte para siempre, y la única forma que me permitirá hacer que nuestros pájaros vuelen embebidos en una pación erótica… será la muerte.

martes, 14 de diciembre de 2010

LOS OLVIDADOS

Así pues en la oscuridad de la noche, siento tu labios besando mis senos, siento tus grandes y firmes manos acariciando mi cuerpo con desesperación mientras en el fondo de la habitación una música furiosa pero hermosa invade nuestros pensamientos.

De pronto la canción se calma… notas etéreas y melancólicas que obligan a nuestros cuerpos a separarse lentamente, es la música de la distancia. Cuando por fin alcanzamos el máximo placer, tú y yo, unidos hasta el fin, el océano frío y gris arremetió contra nosotros obligándonos a cerrar los ojos con fuerza y no mirar la tragedia que a nuestro alrededor se desataba.

Una voz, muy lejana y delicada se escuchaba entre las olas enfurecidas, con una suave guitarra en sus manos hacía que nuestras eróticas ideas se desvanecieran por un momento… un cálido momento en el que nos miramos a los ojos, ya muy abajo en el agua salada y fría. Esa mirada… esa simple mirada nos detuvo, nos hizo pensar en el otro y ese deseo irrefrenable y ardiente se interrumpió junto con los excitados latidos de nuestro corazón. Nuestras palabras se perdieron en el tiempo y al mirar dentro del cuerpo del otro descubrimos nuestro verdadero deseo… mientras tanto las olas del mar azotaban con fuerza las rocas de un acantilado que acariciaba los oscuros y fríos cielos.

Nuestro verdadero deseo… un deseo criminal. Somos humanos y nuestro deseo de sangre es imparable. Como dos enfermos deseosos de furia corremos dentro del mar hacia el vacío esperando aquello que nos llene por dentro, no es sexo, no es amor, no es cariño, no es hambre, no es sed, no es tristeza…. Es furia, la más pura de las furias, la más deliciosa y la más mortal, pues es ella la que nos llevara a morder nuestros cuerpos mientras hacemos el amor, nos obliga a devorarnos en una escena erótica…. Nos perdemos… hemos sido olvidados por lo que la gente ha llamado Dios.

Llenos de sangre, con los ojos anegados en lágrimas y el alma rota, nos hemos convertido por fin en “verdaderos hombres” somos lo que la gente aclama, somos los nombres que la gente pide, somos las voces que la gente desea, somos las almas rotas que la gente anhela…

El mar hecho una furia ya no se compara con nuestro vacío e intimidado se oculta detrás de las rocas, ya no hay nada comparado con nuestra furia, ya no hay nada comprado con nuestros ojos huecos y nuestra mirada perdida… Aunque a lo lejos hay una luz, que muestra el comienzo de un nuevo camino. Perdidos entre la multitud queremos llegar hasta ese lugar que solo comprenden los olvidados, caminamos, corremos, gritamos, y por primera vez en mucho tiempo lloramos. Entonces recordamos que nos encontramos en una cama en algún lugar perdido, haciendo el amor. Una vez más nos miramos a los ojos y los perdidos se encuentran, me besas y me pides perdón por un crimen que aún no has cometido pero que tarde o temprano emprenderás. Nos separamos y me dices que me amas, esa luz se hace aún más grande y tratamos de seguirla. Me tomas de la mano, repites que me amas y el camino hacia la luz parece hacerse más corto. Con una leve sonrisa intentamos alcanzarla pero algo la interrumpe y desaprense… es la pobre existencia del hombre, perdida, vacía. Nos volvemos a sumir en el océano… y de ahí no salimos nunca más, pues todo ha sido una ilusión, no existe salida alguna de la desesperación.

domingo, 12 de diciembre de 2010

EL TANGO

Amante mío, quiero bailar Tango contigo… hasta morir. Quiero besarte al ritmo de la música, al ritmo de nuestros pasos inquietos. Paso a paso, disparo tras disparo… nuestros cuerpos uno junto al otro en una erótica armonía. El aroma de nuestros cuerpos en este Tango eterno… y la rosa de tus labios cae, amante mío mientras besas mis senos y a lo lejos otro disparo termina con nuestra pación.

Amante mío, quiero bailar Tango contigo… hasta morir. Y la primera bala hace sangrar tu perfecto cuerpo, derramando tu sangre sobre mi, la rosa se ha teñido de negro y el Tango de la vida se detiene mientras, amor mío, nuestro sueño se desvanece paso a paso… disparo tras disparo.