Frases y Versos Malditos

"Un libro que es leído una vez,es un libro que no ha sido leído."

Julieta Zárate Solís

sábado, 8 de enero de 2011

Los Que No Vuelan

Miraba el cielo sin esperar nada de él, solo lo miraba. Tenía un amor incondicional por aquel paisaje hermoso y perfecto, lleno de curvas y rectas que se unen para formar algo único y de una belleza incalculable. Su sonrisa era radiante cuando miraba aquellos pájaros gigantescos de alas de diversos colores que se confundían de forma perfecta con el horizonte. Su rostro se iluminaba como el sol cuando una ráfaga de viento lo hacia imaginar que era el quien se encontraba en el cielo, controlando los vientos con sus largas manos y bañándose a la luz rosada y anaranjada del atardecer. Le gustaba imaginar que las nubes, aquellas figuras suaves y delicadas, tomaban el cuerpo de una mujer perfecta que le pedía que danzaran hasta el anochecer despidiéndose del sol con un beso de amor eterno.


Pero entonces alguien gritaba su nombre, arrebatándole todos sus sueños y hermosas historias. Gaspar añoraba el momento en que el cielo lo acogería como una madre a su hijo enfermo, esperaba con ansia el día en el que despertaría muy lejos de aquel lugar frío y sin vida con unas hermosas alas rodeando su cuerpo, protegiéndolo de los hombres y sus violentas amenazas.


Gaspar era un joven soñador que había sido rechazado incontables veces por el hombre, protegido únicamente por su madre enferma, sintiéndose así, ajeno a la humanidad y a sus conflictos. Él solo anhelaba volar por los cielos sin rumbo alguno. Recordaba que su madre, fallecida tiempo atrás, le decía que cuando él había nacido las enfermeras habían dicho que su hijo era un ángel, porque había nacido con unas hermosas alas que le permitirían volar por los cielos eternamente. “Pero madre” decía él cuando su madre terminaba “¿Dónde están esas alas que dices?”, “Debes encontrarlas tu solo” decía ella, “Es una tarea en la que no te puedo ayudar”. Así pues, Gaspar, tras la muerte de su madre, se juro a sí mismo que encontraría las alas que su madre dijo, con el tiempo debía hallar. Sin embargo pasaron los años y el nunca las encontró, obsesionado cada vez más con la triste idea de alcanzar los cielos y con ellos a su madre.


Una tarde, Gaspar tubo una idea. Se decía a si mismo que quizá, así como los pequeños polluelos, el debía aprender a volar y así sus alas -aquellas que no podía ver- se harían cada vez más grandes hasta permitirle, por fin, volar por los aires.


Subiendo a la montaña más alta, Gaspar miro hacia el vacío, desde donde podía ver a aquellos seres que gritaban, suplicando que alguien los sacara del abismo… seres que habían nacido sin alas, ellos eran los que sin dejarlo descansar, gritaban su nombre a los aires, impidiéndole así, volar junto con los pájaros que se posaban en las ramas del gran árbol de su jardín esperando a que él los acompañara.


Gaspar los miro desde las alturas y ante todo, rogó porque algún día ellos también pudieran encontrar sus alas y volar. Armándose de valor, Gaspar corrió hacia el vacío esperando que sus alas lo elevaran cada vez más alto llevándolo hasta su madre. Así, Gaspar calló al vacío y por un momento temió que en vez de acercarse más a los cielos, se alejaría más de ellos en las sombras. Cerró los ojos, esperando un milagro…


De pronto, Gaspar sintió que en verdad se elevaba. Al abrir los ojos, Gaspar se dio cuenta de que dos enormes alas, como las de aquellos pájaros extraños que de vez en cuando volaban sobre su casa, alas enormes y hermosas, lo elevaban, alejándolo de aquellos seres que gritaban en el vacío. Por fin, Gaspar voló lejos por los aires acompañado de los pájaros gigantes de colores indefinidos, encontrándose con su madre en los ojos de uno de aquellos bellos y majestuosos animales. Por fin, después de muchos años de eterna soledad, Gaspar se sintió en un hogar.


Gaspar, volando lejos en su mente, había muerto ese día. La personas se acercaron a él al verlo caer desde el edificio más alto. Con lágrimas en los ojos, las personas vieron al hombre roto por dentro y por fuera. Pero era su rostro lo que a todos ellos, seres que caminaban absortos en sus pensamientos sin la capacidad de volar, los obligaba a derramar lágrimas de añoranza y tristeza. Gaspar había muerto con un rostro alegre y en paz, una rostro que quedaría gravado en las mentes de muchos de los que se encontraban ahí, observándolo. Sería gracias a ese recuerdo, el de aquel rostro hermoso en un cuerpo destrozado, que muchos de aquellos que no podían volar, con el tiempo desearían hacerlo despertando por fin a la vida. Fue gracias a las alas de Gaspar que muchos otros pudieron encontrar las suyas en la oscuridad.


jueves, 6 de enero de 2011

Los Perdidos

Estábamos todos sentados a la mesa cuando él llegó. Nadie esperaba su llegada, ni siquiera ella que miraba por la ventana hasta que sus ojos vacíos se llenaban de lágrimas, para después, secarse y hundiese dejando dos cavidades negras que no dejaban de observar el exterior. Cuando éramos niños ella aún tenía luz y color en su rostro ahora parecía el de un muerto.

Tiempo atrás cuando las mentiras aún no habían llegado a nuestro hogar, los rincones oscuros que habitaban dentro de nosotros no eran tan dolorosos, ahora ocupaban casi todo nuestro cuerpo corrompido, destrozado, mutilado, violado… vacío.

Unos nudillos delicados golpearon apresuradamente la puerta. Él había llegado. Todos en la mesa nos miramos y después la miramos a ella, que seguía sentada mirando por la ventana sin demostrar nada que nos dijera a nosotros que lo había visto llegar.

Nadie se levantó de la mesa, nadie quería ver su rostro otra vez. Finalmente, después de mirar a los demás, abandone mi asiento y me dirigí a la puerta principal. Primero mire por el orificio de la cerradura imaginando que sucedería un milagro y que no sería él quien estaría del otro lado de la puerta, sin embargo ahí estaba alto y frío como siempre.

Dudé, no quería que me viera sudar, un sudor frío, similar al liquido que secreta el cuerpo humano cuando siente que la muerte ronda cerca esperando a devorar cualquier cuerpo que se encuentre próximo a ella.

Mientras tanto en la oscuridad de la noche un perro aullaba con fuerza. Preocupado, en el umbral de la puerta me encontraba yo, mi mente se encontraba el medio del caos, dentro de mi se desataba una batalla terrible. Dejarlo entrar y condenarlos por la eternidad o no abrir la puerta y condenarlo a él al vacío, mientras nosotros vivimos con el terror infinito de que tarde o temprano regresara por nosotros tocando con sus fríos nudillos la puerta que nos separa del mundo y nuestro hogar, esperando entrar a convertir nuestros cuerpos en frascos vacíos de algo que solía ser un ser humano.

Los volví a mirar a ellos, que estaban sentados a la mesa con las lágrimas al borde de ser derramadas. Luego la miré a ella, con la cuenca de los ojos vacía mirando indefinidamente por la ventana a la espera de algo, o alguien que nunca llega. Entonces tome una decisión.

Ahora soy yo el que se encuentra sentado mirando por la ventana, sentado en la silla donde antes se encontraba ella. Ahora soy yo el que no tiene ojos con los cuales mirar, pero no porque él me los halla arrebatado, sino que ahora fue la edad quien poco a poco fue obligándome a forzar la vista. Sin embargo escucho las risas de los niños al otro lado de la ventana, jugando sin parar día tras día, escucho a las personas sentadas a la mesa ofreciéndome de vez en cuando un rico pastel, o una fresca bebida. Siempre temo, cada noche que paso solo, escuchar aquellos nudillos una vez más y que todo no halla sido más que un hermoso sueño. Ella ahora mira por mí, sus ojos ahora son dos cristales hermosos llenos de luz y de vida que lo miran todo y de ellos no ha vuelto a cacer una sola lágrima desde aquel día.

Aún así en mis pesadillas aún lo veo por el orificio de la cerradura de la puerta, temiendo que maltrate mi mundo de nuevo con su llegada. Los perdidos por fin han logrado conseguir un hogar y ya no ven más el mundo roto que solía atormentar sus vidas y sus frágiles cuerpos. Quizá estemos sumidos en una mentira terrible, o quizá simplemente hemos aprendido a vivir al lado de nuestro odio y nuestro terror, condenados por toda la eternidad.

Sentado, mis ojos se cierran por última vez.



viernes, 31 de diciembre de 2010

The Last Day

El final se acerca, al igual que el nuevo comienzo. Esperamos con ansia el momento en que todo termine para poder nacer del capullo nuevamente y ser otros... los que no pudimos ser en el pasado.

Este queridos amigos y seguidores es el último posteo del año, pero no será el último de muchos más que seguirán después de éste en el año que esta a punto de comenzar.

Así pues me despido de todos ustedes que han estado pendientes del blog y que han leído con detenimiento todas y cada una de las historias que aquí se han publicado.

Queridos amigos, les deseo un feliz y prospero año. Deseo que hagan realidad sus deseos, porque no depende de nadie más que de ustedes que sus deseos se hagan realidad. No dejen esos sueños en simples deseos, esmérense por recorrer caminos que nunca antes han sido recorridos, conviértanse en sus deseos y háganlos realidades.

Por supuesto los cambios son muy importantes y en último día nos damos cuenta de ello, esperemos que los cambios que en nuestra vida surgen a cada momento incluyéndonos a nosotros como cuerpos y como seres, sean benéficos para lo que nos rodea y para nosotros mismos.

Para aquellos que será su primer año de vida no cabe más que decir que bienvenidos, a los que aún nos faltan muchos años en los cuales pensar sobre nuestra existencia solo puedo decirles: no se rindan. Y por último, a aquellos a los que ya no están aquí, y no podrán festejar con sus seres queridos: Miren quienes somos ahora, sin olvidarlos nunca y pensando eternamente en ustedes, siempre recordaremos las enseñanzas que nos han dado, los recuerdos que nos han regalado, y los momentos únicos que hemos compartido con ustedes. Aquí seguiremos, hasta que sea nuestro turno de decir adiós y hacer "el gran viaje"

Así pues con un cordial saludo y un fuerte abrazo, amigos míos les deseo lo mejor en estas fiestas, y en este nuevo año que esta a pocas horas de comenzar...

Juliette.

viernes, 24 de diciembre de 2010

DEL CAOS (II)

Veremos como se cae el mundo

Veremos como la lluvia cae,

Roja como la sangre de aquellos que han muerto a la luz de la Luna

Veremos como se desmorona la vida de otros

Mientras luchamos por que la nuestra no corra la misma suerte

Veremos como nuestras lágrimas corren como un río

Veremos como nuestra furia se desata contra otros sin razón

Ya no hay esperanza en este mundo para aquellos que aman

Ya no hay vida en los ojos de aquellos que seguían la luz

Pues han quedado segados ante aquella belleza que no pudieron controlar

Ahora estamos ciegos

Ciegos ante la belleza y la pureza

Pero atentos al caos y a la desesperación

Como bestias ávidas de sangre.

Dolor, dolor es lo único que quedará

Pena es lo único que gobernará

Furia es lo único de lo que nos alimentaremos

Y fornicaremos en la desesperación

Entonces, a lo lejos un pájaro

De alas que parecen infinitas

De colores que no logran definirse

Se posa en una roca fría y vacía

Ahí me encuentro yo mirando el caos

El pájaro me mira y dice

“No hay caos sin belleza, ni pureza sin maldad”

No entiendo a que se refiere, pero en cuanto lo miro a los ojos

El mundo se detiene

Ya no emana más sangre de la roca

El caos se ha detenido

Y yo sigo sentada en la roca

Esperando… en la frialdad y en el vacío

El regreso del caos, pero también, la llegada de la reflexión alada

Y ellos miran… sin ojos.


viernes, 17 de diciembre de 2010

Luna

Miramos la Luna y no nos damos cuenta de que nuestros ojos se vacían conforme ella se hace más brillante y más hermosa, con su vestido blanco como el color de la espuma del mar de alguna isla lejana. La Luna es la culpable de nuestras perpetuas lágrimas y nuestros despertares a mitad de una noche oscura mientras buscamos un cuerpo que llene nuestro vacío eterno.

Luna, hermosa y fría, necesito que me digas que tan dolorosa será mi muerte sin haberte conocido, necesito que me digas que tan terrible será la vida, al haber mirado esos hermosos ojos y no poder besar los labios perfectos de la dama de blanco. Luna, necesito que me lleves lejos de este mundo, en donde todo pueda ser tan blanco como tu más pura belleza.

Es el eterno cantar de voces melancólicas las que guían tu camino, pero tú jamás guías el nuestro con tu seductora luz delicada, finges llevarnos a algún lugar pero el único que veo en esta vida es el del dolor que me provoca saber que muy lejos de mí, una bella dama de blanco juega con sus cabellos riéndose de mi pobre existencia.

Entonces decido manchar tu vestido de rojo, y cada noche salgo al bosque en busca de otra dama tratando de imitar tu infinita belleza, cada noche tiño de rojo el bosque con la sangre de aquellas que alguna vez llegaron a mirarme a los ojos creyendo que con una simple mirada lograrían darme lo que tú, Luna, jamás podrás. Es así como tu dejas de ser la hermosa joven de blanco y te conviertes en una pobre víctima de la furia humana ante lo que no puede poseer, te vuelves roja, y tu color deja de atraer las miradas perdidas de un joven amador, ahora tu color los llena a todos de desesperación… la desesperación que tú me haces sentir cada vez que entre mis brazos cae una joven muerta y desgarrada y no haces nada, más que mojarme con tú eterna indiferencia hasta el fin.

Luna es momento de partir, y me llevo conmigo tu eterna belleza y la de todas las demás, mientras el cielo comienza a clarecer y tu frío perfil se desvanece adolorido y confundido ante la furia de aquel que jamás te podrá poseer…

Jostein Gaarder

“Tal vez seas muy espabilado, pero creo que te conoces mal a ti mismo. Primero entraste en la pizzería con el Corriere della Sera bajo el brazo, lo que me hizo pensar que seguramente eras italiano, e incluso tal vez algo tan inusual por estos lares como un intelectual. Luego te sentaste y me dirigiste una mirada, una mirada que no revelaba gran cosa, pero que al menos me confirmo que no eras homosexual. Pediste pizza y cerveza, por lo que llegué a la conclusión de que quizá y a pesar de todo tal vez fueras extranjero, aunque al parecer dominabas la lengua italiana. Me volviste a mirar de reojo, pero creo que en esa ocasión sólo te fijaste en mis pies y en mis sandalias blancas. Me preció un detalle importante, porque no todos los hombres miran los pies de una mujer. Tú lo hiciste, posaste la mirada en mis pies, examinaste mis sandalias, lo que me indicó que eres una persona sensual. Luego abriste el periódico y buscaste inmediatamente la sección de cultura, lo que me hizo pensar que incluso eras una persona interesada por la cultura. Una vez más me miraste, sólo un segundo, pero fue una mirada firme y constante. Lo que quizá no recuerdes es que esa vez si correspondí a tu mirada. Aunque por un instante, fue la primera vez que nos miramos a los ojos, fue nuestro primer momento de intimidad, pues mirarse a los ojos sin desviar la mirada, que es lo que suele hacerse cuando dos miradas se encuentran casualmente, puede ser algo bastante íntimo. Fue una mirada recíproca. Sospeche que con esa mirada intentabas averiguar mi edad, pero puede que me equivocara. Había acabado la lasaña e intente encender un cigarrillo con un mechero que no tenía gas. Tú me estabas observando, pero no creo que repararas en que me había dado cuenta de que me observabas. Todo duró unos cinco segundos, lo justo para haberte acercado a mi esa a darme fuego si lo hubieras tenido, al menos si eras como yo pensaba que eras. Pero fui yo quien se levantó y dio unos pasos hacia tu mesa para pedirte fuego. Entendiste mi italiano, pero también notaste que era extranjera por el acento. Dijiste que no fumabas, pero e el transcurso de dos segundos cogiste un mechero de otra mesa, te encargaste tú mismo, o mejor dicho, no tuviste nada en contra de encenderme mi cigarrillo, más bien te alegraste de que te lo hubiera pedido. El modo de hacerlo me indicó que no era la primera vez que encendías un cigarrillo a una mujer. Cuando te agradecí el gesto, cubrió tu cara una sombra que me reveló que te encontrabas atravesando algún tipo de dificultad, que estabas buscando la confianza de otra persona y que esa persona podía ser yo. Me di la vuelta y volví a mi mesa –tardé segundo y medio-, y noté tu mirada en mi nuca, aunque también pude habérmelo imaginado. Dejaste el dinero de la cuenta en la mesa y te levantaste para marcharte; en ese momento me miraste con una especie de nostalgia y me dijiste adiós con la mano. Ese gesto me indicó que pensabas que nunca nos volveríamos a ver. Yo te había dibujado en mi blog porque me gustaba tu cara, pero tú estabas tan poco atento que no te diste cuenta de que te estaba dibujando. Y sin embargo te sonreí con una franqueza intencionada. Con esa sonrisa quise decirte que es una vida extraña la nuestra, y te marchaste, pero tuve la sensación de que te llevabas algo que habías visto en mis ojos. El modo en el que abandonaste la pizzería me hizo pensar que subirías al Valle de los Molinos, podía haberme equivocado, pero después descubrí que no. Pensé que, si se presentaba la ocasión, tú eras una persona a la que me gustaría conocer más a fondo.

Me detuve en el estrecho sendero y la aplaudí. ¡Bravo!, dije. Sentía que me habías calado y desnudado; era una sensación deliciosa, me resultaba agradable sentir que me veían y que me conocían, fue como llegar al hogar. Hacía mucho, mucho tiempo que no me esperaba nadie en casa.”

Este fragmento del libro “El Vendedor de Cuentos” es para mí una verdadera maravilla. Quizá parece un texto simple, pero en la descripción que hace Beate de cómo vivió ella el momento en el que se vieron por primera vez ella y Petter como si fuera otro punto de vista, es maravilloso. La forma en que averigua poco a poco como es Petter por medio de unos sencillos gestos que cometemos diariamente como mirar los pies de una persona, y por medio de eso hacer que la otra persona se de cuenta de que somos un ser humano sensual, la forma en que describe como es que el la mira firmemente y comparten ambos por un momento una situación íntima es la demostración perfecta de cómo el ser humano es corporal, por más que quiera negarlo, el amor no es algo etéreo, o al menos gran parte de él no lo es, pues como podemos darnos cuenta cada vez que una persona nos atrae de una forma u otra es nuestro cuerpo el que responde y el que puede hacer comprender a la otra que la atracción es mutua.

Un libro altamente recomendado, que nos habla sobre la existencia, la fama, la imaginación, el erotismo y… la vida.

Fragmento del libro: El Vendedor de Cuentos

Autor: Jostein Gaarder

Páginas: 182 a la 184

Editorial: Siruela

La Distancia

Amor mío, que en la distancia es el motivo por el cual la Luna llora para mí, eres la metáfora más preciada que aferra mi corazón herido. No hay brazos más cálidos en los que mi cuerpo quiera refugiarse, no hay sentimiento más intenso que el que las rosas de mi mente profesan para ti, mi amante, el cuervo que da vida a mis cielos, y el perfume que en el horizonte llena mis días de apasionados pensamientos, márchate o quédate para siempre a mi lado, antes de que mi mente pierda el juicio, antes de que mis manos se vean en la necesidad de poseerte para siempre, y la única forma que me permitirá hacer que nuestros pájaros vuelen embebidos en una pación erótica… será la muerte.