Frases y Versos Malditos

"Un libro que es leído una vez,es un libro que no ha sido leído."

Julieta Zárate Solís

domingo, 10 de julio de 2011

CUANDO FUIMOS NIÑOS

-¡LO JURO! ¡YO LO VI VOLAR!- Nadie me creía, y nadie lo haría porque en el fondo sabían que era verdad, que podía volar, pero no querían verlo, no querían saber- ¡Por favor! ¡Tienen que mirarlo! Es tan hermoso...- Una mujer se detuvo y me miro extrañada, miro mi dedo señalando el cielo pero no se atrevió a ver lo que con él señalaba, se limitó a murmurar unas palabras entre dientes y negar con la cabeza mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Después siguió caminando.

-¿Cuanto tiempo tendremos que esperar a que estas personas quieran verlo?- Pregunto mi acompañante, una mujer hermosa pero siempre con rostro de piedra.

-El tiempo que sea necesario, tenemos que hacer que por lo menos uno logre verlo, que por lo menos uno logre escucharnos y entienda las palabras que salen de nuestros labios

-No lo harán nunca y lo sabes.

-¡NO ES VERDAD! Tiene que haber alguien... alguien que pueda hacerlo.

Pero mientras las horas transcurrían me di cuenta de que posiblemente ese alguien no existía, ese alguien estaba muy lejos o simplemente no vivía en este mundo tan vacío y transitado por personas grises que caminaban sin ver apenas el mundo que los rodeaba.

-No mal gastes tu tiempo, jamás lo conseguirán- estas fueron las últimas palabras de mi acompañante antes de retirarse en silencio a un lugar que solo ella conocía. Me dejo solo.

En la soledad de aquella calle tan transitada por personas que no podía considerar una verdadera compañía, me quede pensando en todas esas cosas que torturaban mi mente mientras él volaba sobre mi cabeza, libre y feliz...

Entonces se hizo la luz en mi mente y encontré la clave de todo ese gran dilema. Vi que una mujer se aproximaba lentamente por la calle, era muy similar a la que horas antes había dicho algunas palabras inalcanzables para mis oídos. La tome del rostro mientras veía como acudía rápidamente a su rostro el pánico y la necesidad de gritar. Era bella, muy bella, quizá no tan hermosa como mi acompañante llena de luz, pero pronto lo sería. Mire sus ojos grises, llenos de pánico. Entonces la besé y en cuanto mis labios tocaron los suyos el pánico desapareció, dejo de intentar apartarse de mí y poco a poco fue despertando. Lentamente, con miedo, fue rodeando mi cuello con sus brazos hasta que por fin su cuerpo y el mío se unieron en aquel beso curativo.

Cuando nos separamos y abrazados nos miramos a los ojos, ella sonrió y por fin pude escuchar sus palabras:

-Gracias- dijo con una dulce y delicada voz mientras los demás a nuestro alrededor nos gritaban sin que nosotros pudiéramos escucharlos, como si su voz no tuviera volumen o como si nuestros oídos no fueran capaces de percibir todo aquel doloroso ruido de confusión e indiferencia.

Entonces, después de decir eso, miro el cielo y pudo verlo. "Ahora entiendo" dijeron sus ojos cuando la luz la ilumino por completo y pudo ver al ser que volaba libre de las ataduras de la vida y la humanidad. Esas alas tan bellas, tan perfectas, ese ser tan hermoso y poderoso, aquella creatura indomable en la que pronto nos convertiríamos ella y yo, solo faltaba un ultimo detalle.

-Antes de partir debes decirme una cosa- le susurré al oído mientras ella seguía mirando el cielo fascinada, con una hermosa sonrisa iluminando su rostro.

-¿Qué debo decirte para poder ser completamente libre?- pregunto ella.

-Debes decirme que es lo que te ataba al mundo en el que caminabas sin poder escuchar nuestros seductores susurros- En ese momento me miro y la sonrisa desapareció de su rostro mientras poco a poco, la luz que había encontrado desaparecía de sus ojos- ¡¿QUÉ SUCEDE?!- Pregunté apanicado.

-Sucede que le has recordado que no puede ser libre… no aún- dijo mi acompañante, aquella hermosa mujer que creía ya se había ido muy lejos de aquel triste lugar de sueños inalcanzables.

-No entiendo nada- dije por fin cuando deje de escuchar nuevamente la voz de la que pretendía que fuera mi amada.

-Es muy fácil de comprender- dijo ella- le has mostrado la libertad, sabe que puede hablar con nosotros de vez en cuando, entendernos e incluso amarnos, pero también sabe que el sueño de volar no dura para siempre, no puede alcanzarlo a él- hizo un gesto con la mano apuntando delicadamente a la bella creatura que volaba lentamente por los aires- ni a todos los que lograron de una forma u otra ocupar un lugar en el aire, volando junto a todos ellos que han perdido el juicio. Ha perdido su luz porque le has recordado que teme ser libre, que prefiere ser muda una vez más antes que perderse en la inmensidad de lo desconocido para ella y sus ansias de volar.

-Pero... ¿Eso quiere decir que entonces nosotros tampoco podremos alcanzarlo y tarde o temprano regresaremos a ser como ellos?- dije señalando a la mujer que minutos antes había besado y que ahora me hablaba con el rostro bañado en lágrimas sin que yo pudiera escuchar el sonido de su voz.

-No, nosotros no, porque a nosotros ya no nos ata nada al mundo.

-¿Entonces por que no nos convertimos en uno de ellos?- pregunte señalando ahora al ser que volaba riendo y mirándonos a todos de vez en cuando como si se burlara de nuestra confusión.

-Porque lo que nos ata ahora no es una razón lógica, es simplemente el temor, la culpa y la añoranza de lo cotidiano.

-Pero yo estoy cansado de todo eso, quiero volar...

-Entonces no preguntes, las preguntas solo demuestran que aún no estas preparado.

Enfadado con ella y con el mundo deseé con todas mis fuerzas poder alejarme de todo eso y volar junto al ser que reía sin parar por los aires.

-No basta con desearlo, tienes que lograrlo- dijo mi acompañante.

Entonces me di cuenta de que aún no estaba listo, de que en efecto tenía miedo, sentía culpa y no quería perder lo que era mi costumbre: seducir a los otros para que acabaran en el mismo lugar en el que ahora me encontraba, sin saber que debía hacer ahora o que es lo que tenía que saber.

-Ahora lo sabes- dijo mi acompañante cuando leyó en mi rostro mis pensamientos- Ahora entiendes el porqué y podrás estar listo para entender que aquel que vuela por los aires y ellos, que no entienden nuestras palabras o son sordos a ellas, no son tan diferentes entre si, no se trata más que de gente desesperada por encontrar una respuesta y la encuentran a su modo, aunque no sea la correcta.

-¿Entonces no existe la libertad?

-No… No existe.

-¿Pero entonces por qué creemos en ella?

-Porque dentro de nuestra cárcel necesitamos imaginarnos libres, sabernos en un lugar seguro donde podremos seguir este falso baile sin temor a caer por el balcón en medio de un paso mal dado... necesitamos sentirnos libres aún cuando no lo somos...

Sus palabras se fueron apagando poco a poco hasta que ya no pude escucharlas y solo podía ver sus labios moverse en una danza incompresible. El humo, las voces, la mujer que lloraba frente a mi, el ruido de los coches, la gente gritando por todos lados, todo eso fue invadiendo mi mente y mis oídos, impidiendo que pensara con claridad. Había vuelto al caótico mundo que conocía como a la palma de mi mano. Poco a poco fui olvidando mis deseos de ser libre, me aleje caminando, sin prisa, dejando que la mujer bañada en lagrimas se fuera ahora enfurecida ante mi indiferencia. ¿Quién era? ¿Qué hacía en aquella calle? ¿De qué hablaba minutos antes y con quién? No lo sabía, no lo recordaba.

Entonces al doblar una esquina vi una parpadeante luz que provenía de las ventanas de uno de los edificios. Mire hacia arriba y me encontré con el rostro de un niño que jugaba ajeno a los conflictos del mundo, casi como si él también fuera sordo a ellos.

“Sí somos libres” pensé “Solo que hemos olvidado el momento en el que lo fuimos, cuando no vivíamos en una ilusión de libertad, cuando no conocíamos el miedo, el rencor, la culpa o la añoranza de lo cotidiano, ese momento en el que nos bastaba jugar un poco y olvidar. Fuimos libres cuando fuimos niños. Lo que nos hace falta para poder reír como aquel que volaba por los aires es recordar lo que en nuestros sueños y jugos infantiles… nos hacía volar sin que temiéramos la caída...”

viernes, 1 de julio de 2011

Tears In Rain (Blade Runner)



"Las inconmensurables posibilidades de lo maravilloso: la máquina que no solo piensa, que no le basta con tener consciencia; sino que hace de su existir el gozo más profundo de lo estético hasta el extremo de lo sagrado" Mauricio Zárate Parra, Artista Visual.


"En un mundo devastado por la guerra, lleno de restos tecnológicos y bloques de apartamentos vacíos, Rick Deckard es un cazador mercenario, un cazarrecompensas, cuya tarea consiste en retirar de la circulación a los androides rebeldes. Sin embargo, los Nexus-6 son androides con características muy especiales, casi humanas, y no va a ser tarea fácil identificarlos.
Blade Runner (o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?) es sin duda una de las mejores obras y la más leída de Philip K. Dick y uno de los puntos de referencia ineludibles de todo el cyberpunk posterior. Alucinante pesadilla tecnológica, intensa novela de aventuras, su modo de plantear la existencia de una muy fina línea que delimita lo natural de lo artificial fue también la base de uno de los grandes hitos en la historia del cine en manos de Ridley Scott.
Todo un clásico de la literatura de ciencia ficción, que a su vez dio vida a una película clásica."

Ésta obra de arte, como ya es mencionado anteriormente, dio origen a muchos aspectos del pensamiento sobre la existencia humana y su relación con lo "artificial", que termina convirtiéndose en el punto clave que determina a la verdadera humanidad en un mundo consumido por la radioactividad.

¿Quiénes somos y por qué somos? ¿Qué es lo que en verdad nos convierte en estos seres que presumen de control, aún sin saber que la realidad se encuentra a años luz de que podamos alcanzarla? Todas estas preguntas han de tener una respuesta dentro de las páginas de este libro, o las poéticas escenas de esta película que, además del tema tratado en ella, nos muestra el verdadero avance tecnológico de la sociedad de los años 80's en una visión futurista del mundo.

lunes, 20 de junio de 2011

En Una Noche Como Esta

Veo a esos hermosos gigantes llamados árboles, agitados por este viento frío y un tanto violento. Sus hojas hacen, al golpearse, un ruido aterrador y hermoso al mismo tiempo. Los truenos suenan amenazadores y el cielo tiene una ligera tonalidad violácea, en parte por la noche que se acerca prometiendo momentos de paz después de un día tan agitado. Ahora me encuentro en la oscuridad de mi habitación mientras escribo estas palabras, sentada en mi cama desarreglada y escuchando una música etérea que parece alejarme del mundo y mojarme con sus delicados sonidos.

Es entonces cuando pienso en ti, en un anochecer como este me abrumas con tu no-presencia. Ahora has de estar ocupado, enfrentándote a esos rostros exigentes y en ocasiones mal agradecidos. Te imagino cansado, con deseos de estar a mi lado en un lugar de estar a merced de las luces parpadeantes y la gente alborotada. Imagino que mientras escribo y pienso en ti tu sientes mis palabras y en medio del caos y el cansancio sonríes delicadamente y tu corazón es invadido por una tranquilidad inusual.

Pienso en la tarde que hemos pasado hoy, en lo maravilloso de tus palabras y las sensaciones que provocas en mí cuando me revelas desde el más mínimo descubrimiento hasta el más bello y poderoso de tus sentimientos. Recuerdo el aroma de tu piel, el sabor de tus labios y el increíble poder de tu mirada, tímida en ocasiones, pero valiente después de todo. Quizá no lo sabes, puede ser que no te hallas dado cuenta, pero debo decirte que tus ojos están llenos de luz, una luz hermosa y cálida que me permite imaginar tus brazos rodeándome en noches como esta.

Ahora el cielo ha adquirido una tonalidad totalmente obscura, sin embargo aún percibo las sombras de los imponentes árboles agitándose más y más violentamente cada vez. Aún no llueve, pero algo en el ambiente me dice que no tardan en caer del cielo aquellas hermosas gotitas de agua que poéticamente suelen llamarse lágrimas de cielo, o al menos eso escuche alguna vez de algún pájaro que volaba muy cerca de mí.

Te extraño. Me cuesta trabajo describir con palabras la sensación tan atormentadora que siento cuando no puedo besarte o esconderme del mundo entre tus brazos. No son celos: esa amenazante necesidad obsesiva de saber que estas haciendo o sintiendo a cada momento. Simplemente es una sensación de compañía, de calidez cuando veo tus ojos y en ellos veo cariño y comprensión. Es aquella cálida necesidad de tus palabras y tus cariños, de saber que en este mundo aún existen hombres maravillosos y únicos. De saber que no todos son un envase de perfume sin aroma que disfrutar. Te extraño... deseo estar entre tus brazos y cerrar los ojos para no volver a ver a este cruel mundo mientras que con tus manos puedes mostrarme millones de otras cosas maravillosas de un universo que solo tú puedes ver y que con tu ayuda yo también podré hacerlo algún día.

Te quiero. No puedo decirte cuanto ni como porque el cariño no tiene clasificación, ni limites, ni formas. Te quiero... Con el más puro, divertido e inesperado de los sentimientos.

Aún no llueve y estoy empezando a pensar que no lloverá. El viento se ha calmado un poco y ahora los árboles se mecen con suavidad, como si estuvieran siendo seducidos por las delicadas manos de una hermosa mujer. Sigo pensando en ti y creo que lo haré toda la noche. Queriéndote más, añorándote más, deseándote más, pensándote más...

Ahora deberé guardarle delicadamente en el más cálido de los lugares de mi corazón para poder continuar con las labores de la noche, porque si no lo hago, aquella terrible necesidad de tu presencia cálida y luminosa me hará enloquecer y perderé todo sentido de razón. Quizá no duerma esta noche, mis ojos se niegan a cerrarse porque no están cansados y la noche es tan hermosa, tan caótica y bella que temen perderse tal espectáculo.

He aquí un beso, con todas estas palabras. Imagina que cuando las lees es tan solo uno de mis besos, un beso pasional, cariñoso, cálido, reflexivo, hermoso... He aquí pues, un beso y un cálido abrazo que mando con el viento para que te de las fuerzas para no caer, abrumado por las luces, la gente, el ruido y el desorden.

He aquí mi noche y los sueños que me abruman cada vez que en la soledad visitas la puerta de mi mente con una sonrisa hermosa en el rostro. El único problema es que a partir de este momento ya no podre describirte nada con palabras, pues ni la metáfora más hermosa podría describir las sensaciones que se desatan sin control cuando doy rienda suelta a este sentimiento que creía no volvería a sentir jamás.

Así que lo único que puedo decirte con la más sincera de mis sonrisas antes de este placer de sentirte a mi lado es... Bonne Nuitt.

PARA: Luis Calderón

(Lunes 20 por la noche)

lunes, 30 de mayo de 2011

LUNA

Admiraba cada pétalo de su desgracia como si fuera la obra maestra más bella que los ojos del hombre pudieran presenciar. Como una revelación divina, la contemplaba con tal devoción que dolía el solo verlo, sumido en aquella eterna melancolía de la que nadie podría sacarlo. Solo la muerte o la llegada de Dios mismo podrían salvarlo de la catástrofe y el inminente hundimiento. Sin embargo no atendía a razones lógicas y se dejaba llevar por sus más descontrolados sentimientos.

Cuando por fin ella correspondió a su mirada, el cielo pareció resquebrajarse por un momento único en el que dejo entre ver su verdadero rostro. Aquella mirada de eterna luminosidad e indescriptible belleza, logró domar por fin al descontrolado joven que amenazaba con convertir su cuerpo en viento y poder así revolver aquel perfecto cabello de perfume esquicito. Fue entonces y solo entonces, que aquel joven extraviado en el cuerpo y sus encantos, abrió los ojos y vio el mundo por vez primera. Fue solo entonces, que se dio cuenta de su terrible error, pero ya era demasiado tarde, ya estaba a punto de tocar el vacío y ningún brazo lograría rescatarlo en el ultimo momento.

Así fue como se perdió Damián, contemplando la belleza de la noche y todas aquellas promesas que no fueron cumplidas. Así fue como murió Damián, asomado al borde del balcón, queriendo besar los labios de la Luna con su vestido blanco y perfecto.

Sin embargo dice el viento, cuando revuelve con ternura los verdes mares de los bosques, que en las noches de amantes cuando todo el mundo descansa en los brazos del otro mundo, puede verse a los pies del gran árbol azul, a dos jóvenes amantes que se miran y abrazan con amor infinito. La dama con un vestido blanco de admirable belleza, y el joven de ojos tan luminosos como dos estrellas que solo conocen una razón para vivir e iluminar a la dama que nunca pudo besar. Aquella que le robó la vida, aquella que lo sometió a sus encantos con inocentes caricias, aquella que se hace llamar… Luna.

viernes, 13 de mayo de 2011

Luis II

Con cada pétalo marchito, con cada gota de agua resbalando en un cuerpo sediento, con cada lagrima infinita, con cada caricia y cada beso de tus labios, mi corazón se pierde más y más en la inmensidad de tu mirada. Como la espina de un rosal clavada en una mano virgen, como el acero de una espada partiendo el cuerpo de un hombre soñador... es así como siento tu amor en mis noches de eterna soledad, un anhelo interminable de tus palabras y tus manos, una búsqueda inmortal de tus labios y el viento que revuelve los mares de mi mundo volviéndolo exótico e indomable.

Me pregunto: ¿Es aquel el hombre que convertirá la Luna de mis noches en pasiones de rosas rojas, manchadas con el vino del amante vagabundo? Te conviertes más y más en aquel sueño, en esa fantasía del piano erótico y la habitación atascada de perfumes de amaneceres que aún falta vivir. ¿Recuerdas esa tarde de Sol intenso y miradas perturbadoras? ¿Sueñas con esa primera caricia y ese primer beso? ¿Anhelas esas palabras y esas promesas que se perdieron con el viento y que regresan con el aroma de la más bella de las adicciones? Son esos recuerdos, sueños y promesas los que encontraras en aquella isla que se encuentra en las profundidades de una cárcel que suele llamarse cuerpo.

En un mundo donde seres como tú son incomprendidos y encerrados en cúpulas de silencio, existen rosas de colores cambiantes que sueñan con el momento de entregar su perfume y rodear con él a esos seres de bellezas diversas, sueños eternos y fuegos devoradores. Déjame ser esa rosa, ese perfume y la chispa de esos fuegos intensos, permite que sea yo aquella que pueda mostrarte el camino que se encuentra en las profundidades de tu ser, ese camino donde los demás solo han visto “uno más” y yo he visto al marinero más bello que pude encontrar.

Esta noche, lee estas palabras y sueña con ellas, siente en tu piel cada beso y cada caricia que inserto en estas confesiones de amante perdida. Esta noche, recostado en tu solitaria habitación, sueña que estoy a tu lado y mi perfume baña tu rostro, que mis labios muerden los tuyos y que cada fibra de mi cuerpo anhela el momento en que pedirás que sea tuya la rosa que entrego al viento para que llegue a las manos de aquel que sepa observar sus colores y apreciar ese sutil aroma de sueños que creías imposibles.

Esta noche toma mi mano, mientras susurro a tu oído que te amo, y reclama que sea tuya la rosa, la isla y la dama que escribe estas palabras, la dama que te ofrece un nuevo viaje en este navío que llamamos… vida.

Juliette

viernes, 29 de abril de 2011

LUIS

Una “L” hermosa, que se desliza por el paladar apoyada de la lengua en un movimiento sensual y del más puro deseo. Una “u”, que sale de las profundidades más siniestras para convertirse en el alma de la lechuza que vuela en una noche estrellada, iluminada por la luz de una luna que llora. Una “i”, como un susurro al cuello de una hermosa dama, una dama de perfumes únicos provenientes de otro mundo y otras metáforas. Una “s” como el sonido que emite una serpiente que enrolla su belleza fantástica a nuestro alrededor de tal manera que nos va uniendo más y más, hasta que nuestros cuerpos quedan unidos en un abrazo interminable. Ese es el momento en el que mirándote fijamente a los ojos, esos ojos que provocan en mí sensaciones que ni siquiera podrías imaginar, te digo que te amo, que estoy dispuesta a luchar para aquella lengua que se desliza por un paladar sediento de pasiones, sea la lengua que recorra tus labios con amor, estoy dispuesta a luchar porque el grito de aquella lechuza inunde nuestras noches hasta el fin y la luna sea un mar de pensamientos entrelazados que han sido unidos con la misma sinceridad de sus lagrimas pasadas, estoy dispuesta a luchar para que el perfume de aquella dama invada cada fibra de nuestros cuerpos hasta no conocer otro olor, estoy dispuesta a luchar por esa serpiente hermosa, a luchar por su vida y por el camino que marcara con las ondulaciones de aquel cuerpo de confusa belleza, estoy dispuesta a amarte…. LUIS… ¿Y tú? ¿Dejaras que aquella serpiente enrolle su cuerpo hasta que nuestras respiraciones se vuelvan una sola en un camino que podamos recorrer juntos? ¿Permitirás que mis labios recorran los tuyos mostrándote nuevos mundos y nuevas sensaciones? ¿Admitirás que aquel canto de lechuza sea mi grito de libertad? Aquel que nos permitirá volar juntos a universos olvidados e incomprendidos. Por favor… deja que sea mi perfume el que invada tu cuerpo en aquellas interminables noches de nostalgia. ¿Me dejarás… decirte que te amo?

Para Luis C. Q.

lunes, 18 de abril de 2011

Carta de Amor

Tu sombra me atormenta aún cuando hace tiempo que me has abandonado en el olvido. Recuerdo tus bellas palabras, el aroma que me traía el viento cada vez que gritabas a los cielos mi nombre. Ahora no son más que tristes recuerdos. Con cada día que pasaba el dolor se hacía menos intenso, pero la herida se hacía más grande y a nuestros mundos los separaba una distancia insalvable.

Aún recuerdo cuando cruzamos la primera palabra. Aún recuerdo cuando derramamos la primera lágrima, odiando la distancia que nos separaba, amándonos con más intensidad, ferocidad y más dolor que el de cualquier amante.

Esto no es una simple historia que nace de un corazón herido. Es una carta de amor, son palabras de perdón. Nos hicimos mucho daño tiempo atrás, y sin embargo aún suspiro cuando a mi mente acuden, atormentados por la angustia, recuerdos tuyos y de tus elegantes palabras, aún derramo delicadas lagrimas al recordar tu nombre y el sentimiento que se perdió en el tiempo.

Sueño que algún día te veré caminar entre la gente, tu largo cabello negro ondulándose con el viento, tu delicado aroma acudiendo a mí como si mi cuerpo lo llamara con ansia. Pero eso jamás sucederá, porque vives lejos de mí, y aunque te tuviera a mi lado no sabrías quien soy, no recordarías el pasado porque tiempo atrás me dijiste que me amabas y era tal tu dolor que preferías borrar mi rostro de tu mente y tus deseos más ardientes.

Hoy me arrepiento con toda mi alma el haberte dicho adiós aunque en el fondo se que era lo mejor. Pero… ¿Qué sabe el corazón de buenas decisiones? El corazón es ciego, y solo obedece aquello que desea, aunque después termine apaleado por la furia del rechazo o de un amor tan intenso… como imposible.

Se que fui yo quien rechace tus disculpas, pero me sentía herida por algo que ahora se que fue absurdo… me pediste perdón y yo te entregué una furia que no merecías a pesar de todo. Ahora se que todo fue un error, estas palabras y las del pasado, nunca debieron existir. No se si algún día nos volveremos a encontrar, no se si nos lograremos perdonar, no se si lograremos olvidar, no se si… al otro lado del mundo, tus labios aún susurran mi nombre entre sueños, los más hermosos, los más anhelantes, los más perfectos. Pero si sé, que el día en que el cielo se parta en pedazos, gritare tu nombre, aceptare tus disculpas aunque sea el ultimo momento, deseando que tu también aceptes las mías, y cuando el mundo se colapse, haciendo caso omiso a tu rechazo, me refugiare en tus labios y llorare hasta la muerte por la perdida de mi cuervo negro, aquel que lleno mis días de amargos sentimientos, pero, también, aquel que dio luz a mi vida con la intensidad de mil soles, como ningún hombre había logrado jamás.

Aún te amo, mi cuervo negro, aún te espero, aún te anhelo, aún lloro tu perdida y grito tu nombre en las noches de soledad absoluta. ¿Cuándo volveré a sentir aquella cálida sensación que los demás llaman… amor? ¿Cuándo volveré a tener entre mis manos tu rostro, cuándo podré besar tus labios aunque sea en un último adiós? Algún día, mi amado cuervo, volare lejos, y como una hermosa lechuza, cantaré para ti hasta que el amanecer apremie mi partida para no volver más… Te amo.

Para: Burying Angst (Philip) Mi cuervo negro...