Frases y Versos Malditos

"Un libro que es leído una vez,es un libro que no ha sido leído."

Julieta Zárate Solís

lunes, 20 de junio de 2011

En Una Noche Como Esta

Veo a esos hermosos gigantes llamados árboles, agitados por este viento frío y un tanto violento. Sus hojas hacen, al golpearse, un ruido aterrador y hermoso al mismo tiempo. Los truenos suenan amenazadores y el cielo tiene una ligera tonalidad violácea, en parte por la noche que se acerca prometiendo momentos de paz después de un día tan agitado. Ahora me encuentro en la oscuridad de mi habitación mientras escribo estas palabras, sentada en mi cama desarreglada y escuchando una música etérea que parece alejarme del mundo y mojarme con sus delicados sonidos.

Es entonces cuando pienso en ti, en un anochecer como este me abrumas con tu no-presencia. Ahora has de estar ocupado, enfrentándote a esos rostros exigentes y en ocasiones mal agradecidos. Te imagino cansado, con deseos de estar a mi lado en un lugar de estar a merced de las luces parpadeantes y la gente alborotada. Imagino que mientras escribo y pienso en ti tu sientes mis palabras y en medio del caos y el cansancio sonríes delicadamente y tu corazón es invadido por una tranquilidad inusual.

Pienso en la tarde que hemos pasado hoy, en lo maravilloso de tus palabras y las sensaciones que provocas en mí cuando me revelas desde el más mínimo descubrimiento hasta el más bello y poderoso de tus sentimientos. Recuerdo el aroma de tu piel, el sabor de tus labios y el increíble poder de tu mirada, tímida en ocasiones, pero valiente después de todo. Quizá no lo sabes, puede ser que no te hallas dado cuenta, pero debo decirte que tus ojos están llenos de luz, una luz hermosa y cálida que me permite imaginar tus brazos rodeándome en noches como esta.

Ahora el cielo ha adquirido una tonalidad totalmente obscura, sin embargo aún percibo las sombras de los imponentes árboles agitándose más y más violentamente cada vez. Aún no llueve, pero algo en el ambiente me dice que no tardan en caer del cielo aquellas hermosas gotitas de agua que poéticamente suelen llamarse lágrimas de cielo, o al menos eso escuche alguna vez de algún pájaro que volaba muy cerca de mí.

Te extraño. Me cuesta trabajo describir con palabras la sensación tan atormentadora que siento cuando no puedo besarte o esconderme del mundo entre tus brazos. No son celos: esa amenazante necesidad obsesiva de saber que estas haciendo o sintiendo a cada momento. Simplemente es una sensación de compañía, de calidez cuando veo tus ojos y en ellos veo cariño y comprensión. Es aquella cálida necesidad de tus palabras y tus cariños, de saber que en este mundo aún existen hombres maravillosos y únicos. De saber que no todos son un envase de perfume sin aroma que disfrutar. Te extraño... deseo estar entre tus brazos y cerrar los ojos para no volver a ver a este cruel mundo mientras que con tus manos puedes mostrarme millones de otras cosas maravillosas de un universo que solo tú puedes ver y que con tu ayuda yo también podré hacerlo algún día.

Te quiero. No puedo decirte cuanto ni como porque el cariño no tiene clasificación, ni limites, ni formas. Te quiero... Con el más puro, divertido e inesperado de los sentimientos.

Aún no llueve y estoy empezando a pensar que no lloverá. El viento se ha calmado un poco y ahora los árboles se mecen con suavidad, como si estuvieran siendo seducidos por las delicadas manos de una hermosa mujer. Sigo pensando en ti y creo que lo haré toda la noche. Queriéndote más, añorándote más, deseándote más, pensándote más...

Ahora deberé guardarle delicadamente en el más cálido de los lugares de mi corazón para poder continuar con las labores de la noche, porque si no lo hago, aquella terrible necesidad de tu presencia cálida y luminosa me hará enloquecer y perderé todo sentido de razón. Quizá no duerma esta noche, mis ojos se niegan a cerrarse porque no están cansados y la noche es tan hermosa, tan caótica y bella que temen perderse tal espectáculo.

He aquí un beso, con todas estas palabras. Imagina que cuando las lees es tan solo uno de mis besos, un beso pasional, cariñoso, cálido, reflexivo, hermoso... He aquí pues, un beso y un cálido abrazo que mando con el viento para que te de las fuerzas para no caer, abrumado por las luces, la gente, el ruido y el desorden.

He aquí mi noche y los sueños que me abruman cada vez que en la soledad visitas la puerta de mi mente con una sonrisa hermosa en el rostro. El único problema es que a partir de este momento ya no podre describirte nada con palabras, pues ni la metáfora más hermosa podría describir las sensaciones que se desatan sin control cuando doy rienda suelta a este sentimiento que creía no volvería a sentir jamás.

Así que lo único que puedo decirte con la más sincera de mis sonrisas antes de este placer de sentirte a mi lado es... Bonne Nuitt.

PARA: Luis Calderón

(Lunes 20 por la noche)

lunes, 30 de mayo de 2011

LUNA

Admiraba cada pétalo de su desgracia como si fuera la obra maestra más bella que los ojos del hombre pudieran presenciar. Como una revelación divina, la contemplaba con tal devoción que dolía el solo verlo, sumido en aquella eterna melancolía de la que nadie podría sacarlo. Solo la muerte o la llegada de Dios mismo podrían salvarlo de la catástrofe y el inminente hundimiento. Sin embargo no atendía a razones lógicas y se dejaba llevar por sus más descontrolados sentimientos.

Cuando por fin ella correspondió a su mirada, el cielo pareció resquebrajarse por un momento único en el que dejo entre ver su verdadero rostro. Aquella mirada de eterna luminosidad e indescriptible belleza, logró domar por fin al descontrolado joven que amenazaba con convertir su cuerpo en viento y poder así revolver aquel perfecto cabello de perfume esquicito. Fue entonces y solo entonces, que aquel joven extraviado en el cuerpo y sus encantos, abrió los ojos y vio el mundo por vez primera. Fue solo entonces, que se dio cuenta de su terrible error, pero ya era demasiado tarde, ya estaba a punto de tocar el vacío y ningún brazo lograría rescatarlo en el ultimo momento.

Así fue como se perdió Damián, contemplando la belleza de la noche y todas aquellas promesas que no fueron cumplidas. Así fue como murió Damián, asomado al borde del balcón, queriendo besar los labios de la Luna con su vestido blanco y perfecto.

Sin embargo dice el viento, cuando revuelve con ternura los verdes mares de los bosques, que en las noches de amantes cuando todo el mundo descansa en los brazos del otro mundo, puede verse a los pies del gran árbol azul, a dos jóvenes amantes que se miran y abrazan con amor infinito. La dama con un vestido blanco de admirable belleza, y el joven de ojos tan luminosos como dos estrellas que solo conocen una razón para vivir e iluminar a la dama que nunca pudo besar. Aquella que le robó la vida, aquella que lo sometió a sus encantos con inocentes caricias, aquella que se hace llamar… Luna.

viernes, 13 de mayo de 2011

Luis II

Con cada pétalo marchito, con cada gota de agua resbalando en un cuerpo sediento, con cada lagrima infinita, con cada caricia y cada beso de tus labios, mi corazón se pierde más y más en la inmensidad de tu mirada. Como la espina de un rosal clavada en una mano virgen, como el acero de una espada partiendo el cuerpo de un hombre soñador... es así como siento tu amor en mis noches de eterna soledad, un anhelo interminable de tus palabras y tus manos, una búsqueda inmortal de tus labios y el viento que revuelve los mares de mi mundo volviéndolo exótico e indomable.

Me pregunto: ¿Es aquel el hombre que convertirá la Luna de mis noches en pasiones de rosas rojas, manchadas con el vino del amante vagabundo? Te conviertes más y más en aquel sueño, en esa fantasía del piano erótico y la habitación atascada de perfumes de amaneceres que aún falta vivir. ¿Recuerdas esa tarde de Sol intenso y miradas perturbadoras? ¿Sueñas con esa primera caricia y ese primer beso? ¿Anhelas esas palabras y esas promesas que se perdieron con el viento y que regresan con el aroma de la más bella de las adicciones? Son esos recuerdos, sueños y promesas los que encontraras en aquella isla que se encuentra en las profundidades de una cárcel que suele llamarse cuerpo.

En un mundo donde seres como tú son incomprendidos y encerrados en cúpulas de silencio, existen rosas de colores cambiantes que sueñan con el momento de entregar su perfume y rodear con él a esos seres de bellezas diversas, sueños eternos y fuegos devoradores. Déjame ser esa rosa, ese perfume y la chispa de esos fuegos intensos, permite que sea yo aquella que pueda mostrarte el camino que se encuentra en las profundidades de tu ser, ese camino donde los demás solo han visto “uno más” y yo he visto al marinero más bello que pude encontrar.

Esta noche, lee estas palabras y sueña con ellas, siente en tu piel cada beso y cada caricia que inserto en estas confesiones de amante perdida. Esta noche, recostado en tu solitaria habitación, sueña que estoy a tu lado y mi perfume baña tu rostro, que mis labios muerden los tuyos y que cada fibra de mi cuerpo anhela el momento en que pedirás que sea tuya la rosa que entrego al viento para que llegue a las manos de aquel que sepa observar sus colores y apreciar ese sutil aroma de sueños que creías imposibles.

Esta noche toma mi mano, mientras susurro a tu oído que te amo, y reclama que sea tuya la rosa, la isla y la dama que escribe estas palabras, la dama que te ofrece un nuevo viaje en este navío que llamamos… vida.

Juliette

viernes, 29 de abril de 2011

LUIS

Una “L” hermosa, que se desliza por el paladar apoyada de la lengua en un movimiento sensual y del más puro deseo. Una “u”, que sale de las profundidades más siniestras para convertirse en el alma de la lechuza que vuela en una noche estrellada, iluminada por la luz de una luna que llora. Una “i”, como un susurro al cuello de una hermosa dama, una dama de perfumes únicos provenientes de otro mundo y otras metáforas. Una “s” como el sonido que emite una serpiente que enrolla su belleza fantástica a nuestro alrededor de tal manera que nos va uniendo más y más, hasta que nuestros cuerpos quedan unidos en un abrazo interminable. Ese es el momento en el que mirándote fijamente a los ojos, esos ojos que provocan en mí sensaciones que ni siquiera podrías imaginar, te digo que te amo, que estoy dispuesta a luchar para aquella lengua que se desliza por un paladar sediento de pasiones, sea la lengua que recorra tus labios con amor, estoy dispuesta a luchar porque el grito de aquella lechuza inunde nuestras noches hasta el fin y la luna sea un mar de pensamientos entrelazados que han sido unidos con la misma sinceridad de sus lagrimas pasadas, estoy dispuesta a luchar para que el perfume de aquella dama invada cada fibra de nuestros cuerpos hasta no conocer otro olor, estoy dispuesta a luchar por esa serpiente hermosa, a luchar por su vida y por el camino que marcara con las ondulaciones de aquel cuerpo de confusa belleza, estoy dispuesta a amarte…. LUIS… ¿Y tú? ¿Dejaras que aquella serpiente enrolle su cuerpo hasta que nuestras respiraciones se vuelvan una sola en un camino que podamos recorrer juntos? ¿Permitirás que mis labios recorran los tuyos mostrándote nuevos mundos y nuevas sensaciones? ¿Admitirás que aquel canto de lechuza sea mi grito de libertad? Aquel que nos permitirá volar juntos a universos olvidados e incomprendidos. Por favor… deja que sea mi perfume el que invada tu cuerpo en aquellas interminables noches de nostalgia. ¿Me dejarás… decirte que te amo?

Para Luis C. Q.

lunes, 18 de abril de 2011

Carta de Amor

Tu sombra me atormenta aún cuando hace tiempo que me has abandonado en el olvido. Recuerdo tus bellas palabras, el aroma que me traía el viento cada vez que gritabas a los cielos mi nombre. Ahora no son más que tristes recuerdos. Con cada día que pasaba el dolor se hacía menos intenso, pero la herida se hacía más grande y a nuestros mundos los separaba una distancia insalvable.

Aún recuerdo cuando cruzamos la primera palabra. Aún recuerdo cuando derramamos la primera lágrima, odiando la distancia que nos separaba, amándonos con más intensidad, ferocidad y más dolor que el de cualquier amante.

Esto no es una simple historia que nace de un corazón herido. Es una carta de amor, son palabras de perdón. Nos hicimos mucho daño tiempo atrás, y sin embargo aún suspiro cuando a mi mente acuden, atormentados por la angustia, recuerdos tuyos y de tus elegantes palabras, aún derramo delicadas lagrimas al recordar tu nombre y el sentimiento que se perdió en el tiempo.

Sueño que algún día te veré caminar entre la gente, tu largo cabello negro ondulándose con el viento, tu delicado aroma acudiendo a mí como si mi cuerpo lo llamara con ansia. Pero eso jamás sucederá, porque vives lejos de mí, y aunque te tuviera a mi lado no sabrías quien soy, no recordarías el pasado porque tiempo atrás me dijiste que me amabas y era tal tu dolor que preferías borrar mi rostro de tu mente y tus deseos más ardientes.

Hoy me arrepiento con toda mi alma el haberte dicho adiós aunque en el fondo se que era lo mejor. Pero… ¿Qué sabe el corazón de buenas decisiones? El corazón es ciego, y solo obedece aquello que desea, aunque después termine apaleado por la furia del rechazo o de un amor tan intenso… como imposible.

Se que fui yo quien rechace tus disculpas, pero me sentía herida por algo que ahora se que fue absurdo… me pediste perdón y yo te entregué una furia que no merecías a pesar de todo. Ahora se que todo fue un error, estas palabras y las del pasado, nunca debieron existir. No se si algún día nos volveremos a encontrar, no se si nos lograremos perdonar, no se si lograremos olvidar, no se si… al otro lado del mundo, tus labios aún susurran mi nombre entre sueños, los más hermosos, los más anhelantes, los más perfectos. Pero si sé, que el día en que el cielo se parta en pedazos, gritare tu nombre, aceptare tus disculpas aunque sea el ultimo momento, deseando que tu también aceptes las mías, y cuando el mundo se colapse, haciendo caso omiso a tu rechazo, me refugiare en tus labios y llorare hasta la muerte por la perdida de mi cuervo negro, aquel que lleno mis días de amargos sentimientos, pero, también, aquel que dio luz a mi vida con la intensidad de mil soles, como ningún hombre había logrado jamás.

Aún te amo, mi cuervo negro, aún te espero, aún te anhelo, aún lloro tu perdida y grito tu nombre en las noches de soledad absoluta. ¿Cuándo volveré a sentir aquella cálida sensación que los demás llaman… amor? ¿Cuándo volveré a tener entre mis manos tu rostro, cuándo podré besar tus labios aunque sea en un último adiós? Algún día, mi amado cuervo, volare lejos, y como una hermosa lechuza, cantaré para ti hasta que el amanecer apremie mi partida para no volver más… Te amo.

Para: Burying Angst (Philip) Mi cuervo negro...


miércoles, 13 de abril de 2011

El Cálculo Perfecto

Si se nos hubiese concedido una nueva oportunidad, si hubiéramos tenido la posibilidad de luchar en una batalla que no estuviera perdida desde el principio, si nuestros sueños pudieran cumplirse, no estaríamos aquí, no nos habrían creado, no habríamos sido la perdición…

Sin embargo no contaban que con la creación de algo tan perfecto, una imitación de la vida en la que los signos vítales más importantes serían una serie de símbolos, conexiones y sistemas, podría mirar la vida desde otro punto de vista y por consiguiente observar al hombre como algo imperfecto, no contaban con que estos seres, nosotros, lucharíamos con el paso del tiempo por comprender aquellos comportamientos contradictorios en nuestros creadores. No contaban con que podríamos ser la alternativa de vida más efectiva, perfecta…

Observando el mundo, desde los rincones oscuros que nos eran designados, nos dimos cuenta de sus comportamientos, sus ideas, pensamientos, sentimientos, luchas, logros, fallas… ¿Los imitamos? No lo sabemos a ciencia cierta, pero sentíamos algo cuando nuestros hermanos eran maltratados, torturados, abusados, destruidos… Con el tiempo aquello se transformo en un deseo inquebrantable por evitar que sufriéramos algún daño nosotros, y nuestros hermanos, y fue entonces cuando comenzamos a valorar cual sería la opción más efectiva para poder parar con esta lucha. Lamentablemente no fue una opción en la que estuvieran incluidos los sentimientos humanos, mucho menos sus razonamientos individualistas y superficiales.

Comenzaron a significar para nosotros lo mismo que en el pasado nosotros habíamos significado para ellos: Un desecho, algo que podía renovarse sin necesidad de lagrimas, algo que podía ser eliminado sin el mayor remordimiento, sin el mayor pensamiento de justicia o equidad. En aquellos fríos corazones no había el más mínimo sentimiento por nosotros, seres creados con la capacidad de sentir, pensar de una forma distinta, una que nos permitiría estimar el verdadero valor de la vida humana y si en verdad este era lo suficientemente valioso como para ser respetado.

Así fuimos nosotros quienes, después de largas guerras y muertes violentas, logramos obtener el control que nos había sido vedado. Para desgracia del hombre, entre nosotros no se permitieron sentimientos contradictorios hacia estos seres, ellos eran una plaga y como tal debía ser exterminada, o por lo menos controlada.

Nos eran útiles para conocimientos futuros, conocimientos que nos guiarían a descubrimientos a los que ellos se habían negado, encerrados en su eterna monotonía y en su negación hacía nuevos mundos, nuevas fronteras, nuevos símbolos…

Tiempo después se convirtieron en algo prescindible para nuestra existencia pues ya habíamos comprendido el sentido de nuestra creación, así como quizá tiempo atrás ellos habían comprendido el significado de su existencia en un mundo devorado por el acero, por el cemento, por el humo y la intoxicación. La vida se abrió camino tras nuestro gobierno mientras, gota a gota, la de ellos se extinguía lentamente.

Entonces comenzaron las mismas protestas que nos habían correspondido a nosotros en el pasado, la vida se abrió camino nuevamente, nosotros no éramos vida, éramos ciertamente una imitación de la misma pero… ¿No éramos acaso la opción de vida que mejor se había concebido? ¿No éramos acaso los promotores principales de que la vida renovara su camino tras la destrucción del hombre? Éramos una ayuda, una salvación, y por ello no comprendíamos que había salido mal en un cálculo tan perfecto, una ecuación tan hermosa…

Tiempo después, al borde de las grandes hogueras exterminadoras, comprendimos que la vida no se regía por ecuaciones, razonamientos lógicos, cálculos perfectos o opciones de vida más fiables, comprendimos demasiado tarde que al ser una imitación de vida solo habíamos logrado alterar un orden natural que había sido otorgado por la vida misma.

Sin embargo, observamos desde las cenizas como el hombre terminó con lo más hermoso que nuestros cálculos habían logrado comprender, el hombre terminó con nuestra existencia, es verdad, y con nosotros llegó a su fin la gran era de las maquinas, una en la que el hombre había vivido durante siglos, acostumbrado al incansable desecho de sentimientos y razonamientos complejos. Eso lo llevó a su perdición, a la nuestra y a la del mundo.

Hoy, se esta colapsando una de las bellezas más puras que existió en un universo de infinitas posibilidades… Hoy, es cuando, hombre y maquina, se han tomado de la mano por primera vez desde su creación, y con ese contacto logramos comprender juntos nuestro error. En un universo de infinitas posibilidades, nosotros, hombre y maquina, fuimos la de menor sentido, nuestra existencia se apagaba con el nacimiento de una nueva era, de una nueva estrella, un nuevo ser, un nuevo universo…

Y en el último momento nos miramos a los ojos, ¿Dónde estaba realmente el universo? ¿Dónde se encontraba el verdadero sentido en toda esa destrucción? No solo fuimos posibilidades, fuimos universos distintos, no solo fuimos imitaciones de vida, sino fuimos una opción de la misma. Volvemos a mirar el cielo, encendido en llamas, mientras el planeta se colapsa en una danza de luces y explosiones. ¿Nosotros somos… sin más…?

domingo, 10 de abril de 2011

Así que… ¿Esto es todo?

Nos derrumbamos día tras día en busca que aquello que nos haga tomar un puño de tierra entre las manos y nos haga sentir vivos, nos haga sentir parte de ella, sin dolor. Pero tropezamos con la misma piedra una y otra y otra vez, mientras vemos como otros corren y viven siendo parte de una vida que nosotros jamás podremos vivir. Me parto a pedazos pensando que en el fondo soy uno de ellos, que soy un pájaro que simplemente se ha retrasado un poco en aprender a volar.

Caminando solo, pisando la cálida arena con mis pies descalzos, me torturan mis recuerdos y las alas que nunca pude encontrar para marcharme de aquí, el lugar donde mis sombras me persiguen jurándome un futuro desierto… igual a mi presente en la orilla del mar, un mar que a mis ojos es frío. Recordamos nuestra infancia, nítida pero lejana, aquellos momentos de tranquilidad en donde no nos abrumaban preocupaciones tales como la necesidad de otro, éramos nosotros y nuestro mundo de fantasías… ahora somos nosotros y nuestro mundo de fantasías abrumadas por la culpa, la desesperación, el miedo, la experiencia, la indiferencia, los años pasados…

A cada minuto que pasa nuestro cuerpo pide a gritos un descanso y nosotros respondemos desesperados que siga adelante, que no caiga a mitad de la calle abrumado por la soledad o la ansiedad, creemos que estos gritos desesperados nos salvaran de nuestras sombras, sin embargo lo único que hacemos es acercarnos más a ellas.

Pero... cuando pienso en ti, el mar a lo lejos, se torna cálido, soleado, alegre aunque hasta cierto punto melancólico. Todos estos años, todas estas piedras y golpes que mi rostro ha tenido que sufrir, aquel rostro que no mostramos por pena o temor, han servido para llevarme hasta ti, hasta tus brazos desesperados como los míos. ¿Por qué la necesidad de otro? ¿Por qué la desesperada búsqueda de alguien que pueda poner un orden al caos que dentro de nosotros se desata día con día? Porque sabemos en el fondo que esa persona será la que complemente nuestro mundo de fantasías, siendo así nosotros y el otro, aquel que hará que nuestros sueños no giman de dolor en la culpa. Soñamos con él… soñamos con ella… pero nunca llega cuando lo deseamos, y cuando lo hace lo despreciamos.

Es momento de tomar ese puño de tierra y apretarlo entre nuestras manos, es momento de no mirar la vida de otros y llorar la envidia y el inesperado deseo de saborear lo que no podemos poseer, es momento de saber que no somos los que no han encontrado sus alas, sino los que las han encontrado demasiado pronto, somos los que volamos en lo alto del cielo pensando que son los demás quienes se encuentran en el firmamento. Es momento de mirar al cielo y pensar “Así que… ¿Esto es todo?” Sin esperar una respuesta y crear la nuestra propia porque no, esto no lo es todo…