Frases y Versos Malditos

"Un libro que es leído una vez,es un libro que no ha sido leído."

Julieta Zárate Solís

lunes, 14 de marzo de 2011

Cuando el tiempo se olvidó de nosotros

Vivir en el sigo XXI es añorar los siglos pasados. Vivir en la juventud indiferente que me abruma cuando miro a la Luna, es el veneno que pudre mi sangre como el cáncer que te come a ti cuando el humo devora tus pulmones. Aún siento en lo más profundo de mis heridas palpitantes y putrefactas tu presencia.

Ayer mi rostro era la Luna, brillante y hermosa, esperanza y sueño. Hoy mi rostro es la amargura, el terror y el rencor, hoy mi rostro es el tatuaje del diablo, hoy mi rostro es el perfecto ejemplo de vino derramado en la entrepierna de una mujer que ha jurado ser virgen y que quien la ha penetrado ha sido su marca en la cara… la que la ha quemado de niña.

En sus ojos se veía la puerta al cielo, ahora se ve el abismo y sus labios susurran “¡Puta!”. Esta es la adolescencia, un canto de cuervos, un rio de sangre, tortura de pasiones, el día más soleado y el terremoto más terrible. Corremos por el camino que tanto se han esmerado en construir para nosotros, pero cuando nos miran nos acusan de ser los culpables de haber confiado en el camino, de haber llorado la perdida de aquellos que tiempo atrás… habían sido nuestra estrella y nuestro Sol.

Como duele la realidad. Sabernos perdidos y soñarnos encontrados… ¿Por quién? Por las rocas que en el camino nos miran y han jugado el papel de darnos consejos que nos llevaran a volvernos como ellas… frías, dependiendo de los rayos del sol para encontrar cierto calor que opaque un poco nuestra perdida y nuestro dolor oculto. Cuanta pena, como duele la realidad y los golpes que ella, día tras día, se esmera en proyectar contra nuestras sombras heridas.

Por fin me decido a correr hacia el abismo. Con todas mis fuerzas corro hacia el acantilado y no espero que nadie me tome en el último momento, solo espero que me dejen caer, que me dejen ser consumida por las violentas olas del mar para no volver a ver más mis tristes lágrimas que arden más que el fuego en las entrañas. Entonces corro, corro lejos y fuerte hasta que mis pies sangran y suplican otra oportunidad… yo no se las doy, estoy harta de ser engañada, usada, maltratada, herida, golpeada… Cierro los ojos y me dejo caer mientras el viento golpea mi rostro con fuerza y, por primera vez en mucho tiempo, me siento libre, en paz, feliz…

Peto entonces, cuando las olas más altas lamian mi rostro invitándome a sumergirme en su ceno, unas alas rajaron mi espalada haciéndome gritar de dolor y obligándome a alzar el vuelo lejos de mi añorada tranquilidad. Son las alas de la esperanza… que al nacer rajan nuestro ser, doblegándonos de dolor y de furia, dándonos la fuerza para derrotar la gravedad, el peso del aire y de las acusaciones que tiran de nuestro cuerpo hacia el vacío. Entonces, mientras esas alas me llevan hacia el mismo sol, es cuando comprendo que no ha llegado aún el momento de caer… aún tengo fuerza para que sea el Sol quien apague mi vida para que me convierta yo en una estrella más a su lado… eternamente.

Antes de que el Sol apague mi vida puedo ver un destello de luz, es hermosa y perfecta y tiene la sombra de todos aquellos sueños que yo creía perdidos y olvidados… esa luz soy yo… he vuelto a la vida después de la caída en picado que es la adolescencia… mi adolescencia.

sábado, 12 de marzo de 2011

Kirtash

Sus imperturbables ojos azules… un hermoso muro de hielo, hostil y fríamente indiferente. Cuando lo miré a los ojos y en ellos vi un cálido hogar para mí, un lugar donde una llama azul ardía con el calor mismo del Sol… ese día besé sus fríos labios y para mi sorpresa estos respondieron a los míos con apasionadas caricias y sensuales mordiscos de un sabor más puro y delicioso que el del pecado.

¡Asesino! ¡Serpiente!

Se que al tocar mis cabellos, todos aquellos violentos recuerdos se esfuman y vez en mí la luz que ilumina tu noche eterna, aquella en la que tiempo atrás te abandonaron a tu suerte mientras el tormento más terrible abrumaba tus pensamientos más inocentes.

¡Desgraciado! ¡Traidor!

Amante de aquella fría Luna que más tarde tendría el poder de volver aquel imperio de hielo que era tu corazón, en una hoguera llena de furia y pasión… Te han encadenado, golpeado, herido, destrozado… “¿Todo por qué? Por un sentimiento…” Encadenado has luchado con el odio más puro, con cada golpe has amado con más fuego, herido has caminado por mares infinitos, y destrozado has aprendido a ver la luz en mi mirada.

¡Mentiroso! ¡Insensible!

Has deshecho las cadenas de tu padre y con ellas te has convertido en un traidor. Te has visto obligado a reprimir dentro de ti a tu maldad y tú sed de su sangre para poder amar a aquella estrella que te besa cada noche clara… Nuestros labios se encuentran una y otra, y otra, y otra vez, escondidos de miradas acusadoras, escondidos de aquellos que te matarían como a un perro por besar los labios de esta estrella que se ha enamorado de tus fríos ojos azules. Traidores… ladrones… cada noche la Luna ilumina nuestra pasión secreta.

¡Frío amante! Consumido por una ardiente pasión.

jueves, 24 de febrero de 2011

AMANTE MÍO

En un río de metáforas te encuentro sentado en una piedra… sumido en la soledad eterna, gritando con tus ojos para perder aquella invisibilidad del mundo hacia tus rasgos de dulce melancolía. Piensas… dentro de tu mente se desata el caos y la Luna llora, pero la gente ve en ti solo un hombre más, otro caminante perdido. Yo en ti veo el universo, de ideas, de sensaciones, imaginando que tu mirada se pierde en mi universo y dentro de él me desnudas, me besas, me amas.

Nos hemos cruzado en el tiempo, en condiciones en las que los ojos fríos, hostiles y acusadores del hombre nos miran por una ventana suspendida en el aire mientras hacemos el amor. Pero eso a mi no me importa, no me importa mientras la Luna sea un lugar habitable solo para nosotros dos, donde el Sol nos ilumine sin llegar a devorarnos.

Durante años te he buscado en los ojos de hombres solitarios y mujeres que miran al universo buscando una estrella en un cielo gris. Por fin te he encontrado, y contigo me he encontrado a mi misma… Me place estar perdida mientras tu seas mi camino. Has conseguido conquistar mis grandes tierras de soledad, aquellos desiertos infinitos donde los hombres tienen cara de perros y el sol es frío como la noche eterna, donde mis ideas son seres de rostro cambiante y las arenas infinitas absorben mis sentimientos llevándolos al vacío. Tu has dado rostro a los hombres-perro, has conseguido que el sol arda dentro de mi, has conseguido que por una vez mis ideas miren al cielo sin temor de que éste borre sus caras para siempre y que aquellas arenas movedizas no conviertan mis días y mis noches en temores inmortales.

Hoy, te imagino solo, sentado en la arena de aquel bello mar, viendo un atardecer que deseas sea infinito pero no es más que un destello de belleza en este mundo olvidado por el hombre. Desearía que en ese momento yo pudiera estar entre tus brazos, compartiendo aquel bello paisaje contigo, siempre. Espero que esto no sea solo un triste sueño, deseo que por una vez el mundo gire con mis gritos y el viento lleve hasta mis labios tu sabor.

Hoy amante mío, no estas solo, pues una mujer a mirado la Luna y en ella ha visto tus ojos, deseando borrar de ellos aquella infinita soledad. Hoy amante mío te besare dentro de mis sueños, suspendida en el universo, con más intensidad de la que he besado jamás. ¡Hoy amante mío quiero que grites! ¡Que te niegues a esa soledad eterna! Hoy… quiero hacer el amor contigo y disfrutar de tu placer y tus fantasías, quiero morder tu cuello, lamer tu cuerpo, llorar y reir a tu lado. Mi cuerpo y mi alma encontrarán la paz cuando pueda dormir a tu lado… amante mío, no estas solo.

sábado, 12 de febrero de 2011

El pianista y el orgásmo

Ayer estaba pensando en crear una historia o un breve escrito sobre un hombre que tocara el piano. Poco después, sumida en ideas eróticas y deseos olvidados, se me ocurrió sumarle a aquella hermosa imagen una mujer… Se escucha en los labios de la gente culta que lo hombres que hacen arte con las manos, son hombres que conocen el arte de amar carnalmente a otro, así que pasó por mi mente el crear una historia erótica-romántica entre un pianista y una mujer, algo que entre notas musicales, relacionara la suavidad de aquellas manos con un cuerpo erógeno y libre. Más tarde me di cuenta que faltaba otro pequeño detalle y era el ambiente: Pensaba en algo silencioso, claro y delicioso, de ahí una copa de vino por ejemplo, o quizá una gran habitación con grandes ventanas que iluminara de forma clara la estancia en donde una pareja hace el amor. Por otro lado, ¿cómo mezclar una pareja haciendo el amor y a un pianista? ¡Bingo! Agregar otro personaje. Primero pensé en otra mujer, pero desistí y decidí colocar a otro hombre. Ya lo tenía: una pareja haciendo el amor mientras un pianista los observa excitado y desesperado, de esta manera la música de aquel hombre adquiriría tal desesperación conforme aumentaba su deseo que terminaría en el colapso cuando, desesperado, rompe el ambiente con un grito… un orgasmo. Nos damos cuenta con esto, de cómo es que dentro del arte de la seducción, existen infinidad de variedades, formas, imágenes en fin… el piano a mi parecer es un instrumento erótico y sensual cuando se sabe tocar de la manera correcta, no me pregunten el por qué.

A todo esto amigos míos, ustedes se preguntaran que tiene que ver con ustedes un pianista y un orgasmo… Amigos míos este es el arte de seducir, ¿Saben ustedes la respuesta? Cuando mis manos se cansaron de escribir y mis ojos lloraban de agotamiento, fui consciente con total claridad de lo que implicaba el hecho de encontrar en un instrumento una fantasía. Más tarde me encontraba yo caminando por las calles de la ciudad de México en busca de una respuesta más clara de la que se formulaba en mi interior. Observando a la gente, como conviven los unos con los otros me di cuenta de lo importante de conocer, adquirir, aprender nuevas formas de seducir.

Por último, en todo este mar de vagas ideas, confusas y poco claras, tropecé con otro personaje dentro de mi historia: Tenía yo al amante, al pianista y a la joven, pero algo seguía faltando. Era yo, al otro lado del río, sentada en una banca pensando. ¡Cuanto trabajo me llevo concluir por fin que lo que faltaba dentro de la historia era el hecho de no poder vivirla! y a gracias a esto comprendí que yo era el piano, el pianista, el amante y la joven, no solo por que yo los hubiese creado, sino porque yo era parte de ellos como ellos de mí… cuando la primera lágrima afloro en el rostro del pianista y la última nota sonó entre sus manos, fuel el momento exacto en el que yo, sumida en mis ideas grite tu nombre al olvido…

domingo, 6 de febrero de 2011

La Pación y el Delicioso Sonido de los Sabores.

¿Que es lo que más te atrae de mi? ¿Mis senos? ¿Mis piernas? ¿O la lengua que recorre lentamente tu pecho desnudo? Quizá sea la mordida en el hombro, suave y deliciosa, aquella delicada mordida que te hizo gemir con fuerza, o quizá sea la caricia en la entre pierna y esa ardiente mirada directa a los ojos, como una bala que se incrusta en lo más profundo de la carne, hirviendo en demostrar su firmeza y su poder. ¿Qué es lo que más te atrae de mí? ¿Mis cabellos que al ritmo de la música acarician de forma sensual tu pecho desnudo? Puede ser que sean mis manos, que hacen que tu piel se erice, se excite, sude… Incluso es posible que sean mis labios, aquellos que han tomado los tuyos y los han besado con fuerza, sin permiso, sin remordimientos, esos labios que te han tomado de sorpresa y te han llevado a un lugar que te era desconocido, un lugar en el que puedes oler los colores y escuchar los sabores. ¿Qué es lo que hace que en cada uno de tus gemidos nocturnos y en cada uno de tus despertares a media noche, desees que la luz de la Luna sean mis manos mientras te desnudas ante ella con la esperanza de que escuche tus gritos y te deje sentir en carne viva el sabor del placer?

Yo se lo que es. Es lo mismo que me asalta a mí, mientras el agua de una regadera fría y deliciosa en una tarde de verano me moja, es lo mismo que me persigue mientras corro lejos de ti, tratando de imaginar que el camino que recorro es cada vez más corto cuando en realidad se extiende hasta el infinito. Entonces es cuando nos rendimos, tratando de huir el uno del otro, y nos damos cuenta de lo mucho que necesitamos la presencia viva de la persona que en nuestros sueños nos abruma sin control, que la necesitamos con urgencia, que necesitamos sus manos, que necesitamos sus gemidos, es cuando nos damos cuenta que no hay para nosotros placer más grande que el de correr, gritar y caer libremente dejándonos llevar por la sensación del aire golpeando nuestro rostro, la sensación del otro haciendo realidad lo que todos han llamado Tabú.

Corre, no te detengas nunca, corre, no dejes que los otros te convenzan de que el placer es lo que destroza a los hombres, confía en mí, en mi mirada seductora, en mi roce provocativo, confía en aquella que ha cruzado la línea, aquella que se dio cuenta de lo que es en realidad el placer. No tengas miedo, no escuches los gritos fastidiosos de la culpa, no hay culpa en esto, solo pación, pación y una deleitosa copa de vino derramándose en el cuerpo de la noche y en su ardiente y blanco rostro.

sábado, 8 de enero de 2011

Los Que No Vuelan

Miraba el cielo sin esperar nada de él, solo lo miraba. Tenía un amor incondicional por aquel paisaje hermoso y perfecto, lleno de curvas y rectas que se unen para formar algo único y de una belleza incalculable. Su sonrisa era radiante cuando miraba aquellos pájaros gigantescos de alas de diversos colores que se confundían de forma perfecta con el horizonte. Su rostro se iluminaba como el sol cuando una ráfaga de viento lo hacia imaginar que era el quien se encontraba en el cielo, controlando los vientos con sus largas manos y bañándose a la luz rosada y anaranjada del atardecer. Le gustaba imaginar que las nubes, aquellas figuras suaves y delicadas, tomaban el cuerpo de una mujer perfecta que le pedía que danzaran hasta el anochecer despidiéndose del sol con un beso de amor eterno.


Pero entonces alguien gritaba su nombre, arrebatándole todos sus sueños y hermosas historias. Gaspar añoraba el momento en que el cielo lo acogería como una madre a su hijo enfermo, esperaba con ansia el día en el que despertaría muy lejos de aquel lugar frío y sin vida con unas hermosas alas rodeando su cuerpo, protegiéndolo de los hombres y sus violentas amenazas.


Gaspar era un joven soñador que había sido rechazado incontables veces por el hombre, protegido únicamente por su madre enferma, sintiéndose así, ajeno a la humanidad y a sus conflictos. Él solo anhelaba volar por los cielos sin rumbo alguno. Recordaba que su madre, fallecida tiempo atrás, le decía que cuando él había nacido las enfermeras habían dicho que su hijo era un ángel, porque había nacido con unas hermosas alas que le permitirían volar por los cielos eternamente. “Pero madre” decía él cuando su madre terminaba “¿Dónde están esas alas que dices?”, “Debes encontrarlas tu solo” decía ella, “Es una tarea en la que no te puedo ayudar”. Así pues, Gaspar, tras la muerte de su madre, se juro a sí mismo que encontraría las alas que su madre dijo, con el tiempo debía hallar. Sin embargo pasaron los años y el nunca las encontró, obsesionado cada vez más con la triste idea de alcanzar los cielos y con ellos a su madre.


Una tarde, Gaspar tubo una idea. Se decía a si mismo que quizá, así como los pequeños polluelos, el debía aprender a volar y así sus alas -aquellas que no podía ver- se harían cada vez más grandes hasta permitirle, por fin, volar por los aires.


Subiendo a la montaña más alta, Gaspar miro hacia el vacío, desde donde podía ver a aquellos seres que gritaban, suplicando que alguien los sacara del abismo… seres que habían nacido sin alas, ellos eran los que sin dejarlo descansar, gritaban su nombre a los aires, impidiéndole así, volar junto con los pájaros que se posaban en las ramas del gran árbol de su jardín esperando a que él los acompañara.


Gaspar los miro desde las alturas y ante todo, rogó porque algún día ellos también pudieran encontrar sus alas y volar. Armándose de valor, Gaspar corrió hacia el vacío esperando que sus alas lo elevaran cada vez más alto llevándolo hasta su madre. Así, Gaspar calló al vacío y por un momento temió que en vez de acercarse más a los cielos, se alejaría más de ellos en las sombras. Cerró los ojos, esperando un milagro…


De pronto, Gaspar sintió que en verdad se elevaba. Al abrir los ojos, Gaspar se dio cuenta de que dos enormes alas, como las de aquellos pájaros extraños que de vez en cuando volaban sobre su casa, alas enormes y hermosas, lo elevaban, alejándolo de aquellos seres que gritaban en el vacío. Por fin, Gaspar voló lejos por los aires acompañado de los pájaros gigantes de colores indefinidos, encontrándose con su madre en los ojos de uno de aquellos bellos y majestuosos animales. Por fin, después de muchos años de eterna soledad, Gaspar se sintió en un hogar.


Gaspar, volando lejos en su mente, había muerto ese día. La personas se acercaron a él al verlo caer desde el edificio más alto. Con lágrimas en los ojos, las personas vieron al hombre roto por dentro y por fuera. Pero era su rostro lo que a todos ellos, seres que caminaban absortos en sus pensamientos sin la capacidad de volar, los obligaba a derramar lágrimas de añoranza y tristeza. Gaspar había muerto con un rostro alegre y en paz, una rostro que quedaría gravado en las mentes de muchos de los que se encontraban ahí, observándolo. Sería gracias a ese recuerdo, el de aquel rostro hermoso en un cuerpo destrozado, que muchos de aquellos que no podían volar, con el tiempo desearían hacerlo despertando por fin a la vida. Fue gracias a las alas de Gaspar que muchos otros pudieron encontrar las suyas en la oscuridad.


jueves, 6 de enero de 2011

Los Perdidos

Estábamos todos sentados a la mesa cuando él llegó. Nadie esperaba su llegada, ni siquiera ella que miraba por la ventana hasta que sus ojos vacíos se llenaban de lágrimas, para después, secarse y hundiese dejando dos cavidades negras que no dejaban de observar el exterior. Cuando éramos niños ella aún tenía luz y color en su rostro ahora parecía el de un muerto.

Tiempo atrás cuando las mentiras aún no habían llegado a nuestro hogar, los rincones oscuros que habitaban dentro de nosotros no eran tan dolorosos, ahora ocupaban casi todo nuestro cuerpo corrompido, destrozado, mutilado, violado… vacío.

Unos nudillos delicados golpearon apresuradamente la puerta. Él había llegado. Todos en la mesa nos miramos y después la miramos a ella, que seguía sentada mirando por la ventana sin demostrar nada que nos dijera a nosotros que lo había visto llegar.

Nadie se levantó de la mesa, nadie quería ver su rostro otra vez. Finalmente, después de mirar a los demás, abandone mi asiento y me dirigí a la puerta principal. Primero mire por el orificio de la cerradura imaginando que sucedería un milagro y que no sería él quien estaría del otro lado de la puerta, sin embargo ahí estaba alto y frío como siempre.

Dudé, no quería que me viera sudar, un sudor frío, similar al liquido que secreta el cuerpo humano cuando siente que la muerte ronda cerca esperando a devorar cualquier cuerpo que se encuentre próximo a ella.

Mientras tanto en la oscuridad de la noche un perro aullaba con fuerza. Preocupado, en el umbral de la puerta me encontraba yo, mi mente se encontraba el medio del caos, dentro de mi se desataba una batalla terrible. Dejarlo entrar y condenarlos por la eternidad o no abrir la puerta y condenarlo a él al vacío, mientras nosotros vivimos con el terror infinito de que tarde o temprano regresara por nosotros tocando con sus fríos nudillos la puerta que nos separa del mundo y nuestro hogar, esperando entrar a convertir nuestros cuerpos en frascos vacíos de algo que solía ser un ser humano.

Los volví a mirar a ellos, que estaban sentados a la mesa con las lágrimas al borde de ser derramadas. Luego la miré a ella, con la cuenca de los ojos vacía mirando indefinidamente por la ventana a la espera de algo, o alguien que nunca llega. Entonces tome una decisión.

Ahora soy yo el que se encuentra sentado mirando por la ventana, sentado en la silla donde antes se encontraba ella. Ahora soy yo el que no tiene ojos con los cuales mirar, pero no porque él me los halla arrebatado, sino que ahora fue la edad quien poco a poco fue obligándome a forzar la vista. Sin embargo escucho las risas de los niños al otro lado de la ventana, jugando sin parar día tras día, escucho a las personas sentadas a la mesa ofreciéndome de vez en cuando un rico pastel, o una fresca bebida. Siempre temo, cada noche que paso solo, escuchar aquellos nudillos una vez más y que todo no halla sido más que un hermoso sueño. Ella ahora mira por mí, sus ojos ahora son dos cristales hermosos llenos de luz y de vida que lo miran todo y de ellos no ha vuelto a cacer una sola lágrima desde aquel día.

Aún así en mis pesadillas aún lo veo por el orificio de la cerradura de la puerta, temiendo que maltrate mi mundo de nuevo con su llegada. Los perdidos por fin han logrado conseguir un hogar y ya no ven más el mundo roto que solía atormentar sus vidas y sus frágiles cuerpos. Quizá estemos sumidos en una mentira terrible, o quizá simplemente hemos aprendido a vivir al lado de nuestro odio y nuestro terror, condenados por toda la eternidad.

Sentado, mis ojos se cierran por última vez.