Frases y Versos Malditos

"Un libro que es leído una vez,es un libro que no ha sido leído."

Julieta Zárate Solís

martes, 30 de noviembre de 2010

DEL CAOS

El cielo y el infierno se unieron en un momento dado provocando lo que ahora conocemos como el caos o la humanidad. Fue el momento en el que el primer hombre tomo las caderas de la primera mujer y se enfrascaron en un baile erótico sin saber a donde los llevaría aquel placer descontrolado.

Ahora les debemos a ellos el caos, pero también les debemos a ellos todas las cosas que han hecho de nosotros, seres “humanos”, lo cual significa derramar lágrimas sin control ante el dolor que nos provoca ver a otro ser sumido en el sufrimiento, correr tomados de la mano de la persona a la que amamos, gritar a los cielos de furia por vernos sin el poder de estar al lado del pájaro que le da alas a nuestras vidas.

Y así podemos encontrar infinidad de sentimientos que provocaran en nosotros la reflección. Furia, desesperación, amor, alegría, tristeza, agradecimiento, placer, devoción, amistad, coraje, frustración… Y todas ellas nos harán comprender cada vez mejor el porque de que aquellos que provocaron el caos no pueden dejar de hacer el amor con pasión.

La gente dice “El hombre clasifica como monstruo a todo aquello que no comprende” yo digo: El hombre clasifica como caos a todo aquello que es producto de un cambio drástico en su vida o en su forma de pensar, a todo aquello que implica un sentimiento poderoso que nos derrumba o nos eleva hasta los más infinitos cielos.

Debemos aprender a vivir dentro de esto a lo que llamamos nueva era con los ojos abiertos, lo cual no significa que vivamos con desesperación todas aquellas sensaciones que la vida crea para nosotros.

Amigo mío, el caos es lo que provoca en ti y en mí, el deseo irrefrenable de besarnos en una lluvia calida mientras nuestros cuerpos se mojan deleitándose a la vez de caricias y gemidos deliciosos.

Pero eso si, nadie a dicho que el caos no sea esos gritos de desesperación o terror ante la violencia de una imagen, una nota, o un grito de placer. Aprendamos a pensar que el caos no esta definido como bien o mal, pues este no tiene conciencia de ello así como los dos amantes que al tocase, hicieron que de una rosa brotara un ser humano.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Jostein Gaarder

"Jamás escribiré una novela. Sería incapaz de centrarme en una sola historia. Cuando empiezo a desentrañar una fábula, ésta absorbe enseguida cuatro u ocho más. Al final se forma un gran enredo, con diferentes niveles de historias base y un sinfín de historias intercaladas con varios narradores en diferentes niveles de narración, lo que algunos llaman cajas chinas, porque no soy capaz de dejar de pensar, no soy capaz de dejar de tramar ideas. Se trata de algo casi orgánico, algo que va y viene por su cuenta. Me ahogo en mi propio excedente, siempre estoy a punto de reventar. El cerebro sangra constantemente ideas nuevas. Tal vez por eso comienzan a gustarme los taburetes de los bares. En ellos puedo vaciarme."

Fragmento del libro: El vendedor de cuentos

Autor: Jostein Gaarder

Página: 98

lunes, 15 de noviembre de 2010

La Muerte

Cayendo a pedazos, no siento ya la más minima atracción por aquel ser que alguna vez, en mí, prendió un fuego esplendido, violento, voraz, ardiente, desesperado, furioso… no siento ya, aquel dolor desesperante que me provocaba estar lejos de aquellos labios que tanto deseaba morder, por enredar mi lengua con la suya, por lamer su cuerpo y disfrutar de todas aquellas sensaciones orgásmicas dentro de un poema hermoso. Ya no quiero sentir el calor de su cuerpo al lado del mío, solo quiero ver su sangre correr por los pasillos de mi mente, solo quiero ver sus lágrimas caer, su mente estallar de locura ante la desesperación de no poder volver a poseerme jamás. Mi risa es los truenos de su tormenta, mis ojos las perlas malditas de su fortuna perdida. ¡MUERTE! ¡MUERTE AL QUE EN MI SEMBRO LA FURIA Y EL DOLOR! Muerte… al que enamoro a la muerte creyendo que así se libraría de ella, y lo único que logro es que ésta le odiara, y ahora por eso… esta muerto.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Lágrimas en la arena

Y así termina un gran amor. En una noche fría, en un mar helado, en una mirada de odio, en una lágrima perdida, en unas flores marchitas y en un asesinato a luz de atardecer con un perfume de gritos de furia. Veo como te derrumbas, caes en el olvido y mis manos se han quedado sin fuerzas ya para sostener las tuyas. Ahora se con certeza que esta noche no podremos hacer el amor, tu mirada se perderá al lado contrario de la cama y cuando despierte la almohada estará fría.

El viento de octubre azota con fuerza las copas de los árboles, iluminados por la luz del sol, un sol frío, melancólico. La luna brillara llena, alimentando aquellas metáforas al borde del vacío. Y recuerdo: Esta noche, se con certeza que no haremos el amor.

Salgo corriendo de aquella habitación de las paredes sangrantes, corro por un pasillo que parece no terminar nunca, la puerta del final del camino se aleja más y más alargando mi agonía. Por fin logro salir y correr por esa noche fría. Las calles están totalmente desoladas y los faros iluminan levemente unas sombras sin rostro que gritan sin cesar mis penas, mis culpas, y aquel amor que por tanto tiempo ha poblado en mi la furia, la desesperación y un increíble deseo que rallaba en la locura.

Así termina una historia de amor, en un pensamiento frío, en las voces de una canción silenciosa que esconde entre sus notas una tristeza que entre más habita dentro de nosotros más nos hace perder la razón.

Me encuentro caminando de pronto en un mar frío, las olas heladas cubren mi cuerpo desnudo, “¿amor por quién? ¿amor a qué?” me pregunto, cuando el agua salada llega ya hasta mi cuello y la última ola me llevara lejos de toda esta furia que se ha convertido ya en mi condena. “El amor no tiene dueño, mucho menos uno sin rostro, es por tanto que no has amado a nadie, pero eso si, ¿amor a qué? Amor a aquellas caricias suaves por la espalda, amor a esos incontrolables pensamientos de deseo, amor por un beso erótico, amor a todas esas tardes con lágrimas en los ojos, amor al sentimiento que provoca que un ser ajeno a nosotros nos haga sentir vivos, porque sin esos seres, no somos más que fantasmas, pero al momento de que otro nos toca entonces hacemos conciencia de nuestro cuerpo, cuando se erizan los bellos de la piel, cuando nuestros corazones amenazan con partir nuestro pecho… y cuando la última lágrima cae en la arena” Así, la gran ola arrasa conmigo y con todas mis furias.

Despierto y veo que la almohada esta fría de nuevo y tu cuerpo no acompaña al mío con caricias después de haber despertado de una larga pesadilla, un sueño eterno y la voz de mis poemas. “Hola” dice una voz a mi oído “Buenos días” me volteo y veo esos ojos de nuevo, no me ha abandonado y en ellos veo una vez más después de tanto tiempo la esperanza de dejar de ser un fantasma. Hacemos el amor, y la última lágrima cae en la arena.

domingo, 24 de octubre de 2010

EL CAMINO

¿Y cuando todo esto termine? Cuando nos encontremos a la orilla del vacío, mirándonos los unos a los otros preguntándonos si ha llegado el momento ¿Qué haremos?


Perderemos la cabeza, nos sumiremos en la oscuridad y dejaremos que esta nos tome entre sus brazos fríos y sin vida. A menos que dentro del vacío encontremos una luz. Siguiendo el camino tendremos la esperanza de encontrar a otro ser…


La humanidad ha desaparecido, ahora solo quedan unos seres sin rostro, que vagan por las calles sin objetivo alguno. Preguntamos sus nombres pero ellos no responden a nuestro grito de desesperación. Nos hemos quedado solos, abandonados.


“¿Escoge el caminante al camino o el camino al caminante?” Leí esta frase alguna vez… aún no lo sé. No tengo una respuesta a esta pregunta, así que continuare caminando hasta encontrarla.


Sentados a la orilla del mar escuchamos el viento golpear nuestros rostros. Pensamos que hay del otro lado, miramos nuestras manos y vemos que están pobladas de cicatrices. “¿De dónde han salido?”, “¿Cuándo me las he hecho?”, “¿Por qué no se han borrado?” Son muchas las preguntas que comienzan a segarnos a mitad del camino, y estas mismas preguntas van matándonos poco a poco, haciéndonos caer en el hoyo que tanto hemos tratado de evitar.


Con lágrimas en los ojos miramos un cielo melancólico, la vida se nos va de las manos como un pájaro cautivo al que le han mostrado lo que es la libertad. Nuestros pies ya no pueden seguir, caemos al suelo con el estrepito de una tormenta y esperamos que alguien extienda su mano y en ella encontremos el calor que nos ha abandonado.


El camino sigue, la tormenta viene y va como las olas de un mar infinito. Espero… espero a que al otro lado alguien grite mi nombre con fuerza. Espero que todas estas imágenes funestas que mis ojos absorben de un mundo putrefacto desaparezcan. Espero poder levantarme aún cuando nadie extienda su mano, aún cuando mis manos estén sangrando y mi rostro se esté cayendo a pedazos.

viernes, 22 de octubre de 2010

El vestido negro y el odiado amanecer.

Es en la furia de un momento inesperado o en la soledad de un momento en el olvido donde nos damos cuenta de la falta que nos hace un objeto inanimado que pueda rosar nuestras manos, que no escupa versos melancólicos, pero que sobre todo, sobre todo, no sea a lo que más hemos de temer.

Así pues siento tu presencia a mi lado, un aliento frío, fétido. No quiero ni pensar la furia que ha comido tus más frágiles sentimientos y los ha vomitado en el basurero al que van a parar todas las ideas olvidadas, los pensamientos reprimidos y los seres vacíos.

Eres… ¿Qué eres tú? “Nada” Respondes “No soy nada, ni nadie, no soy lo que hueles, lo que sientes, lo que vives, lo que amas o lo que odias. Simplemente soy, y ese ser sin explicación es lo que te atormenta en tu desolación. Soy, los relámpagos de la tormenta que queman cualquier signo de vida, incendiando la fuente de sabiduría y de silencio, soy tu más intimo pensamiento de deseo, tu más odiado amanecer… sin embargo también soy la luz que ilumina inevitablemente tu camino, soy la que te seguirá a donde vallas, por las tardes seré silenciosa como un gato negro, pero al llegar la oscuridad no harás más que gritar suplicando que me calle, que se calle aquella que no hace más que susurrar a tus oídos tus temores y tus culpas.”

La vuelvo a mirar, no tiene sexo, pero así se hace llamar, un nombre sin sonido, un nombre estruendoso, un nombre asqueroso, un nombre hermoso. La miro y veo en ella el temor que tanto se esmera en ocultar, escondida en un caparazón putrefacto teme hacerse olvidar. Toco su piel, acaricio su cuello, beso sus labios.

“A mi no has logrado intimidarme con tu vestido negro, y tus palabras sumergidas hasta el cuello en la mentira, no has logrado provocar en mi otro sentimiento que no sea culpa, compasión y amor. Es verdad que al principio del tiempo me has dado una imagen tan asquerosa que había decidido alejarme de ti para siempre, pero ahora que te miro a los ojos, no veo otra cosa más que el reflejo de todo aquello a lo que he temido y no he querido afrontar. Ahora que lo hago, me doy cuenta que no han sido más que los errores de alguien cobarde, ¡maldito!, los que han hecho de ti una sombra sin boca para decir todas tus penas y llorarlas a lagrima viva en el hombro de un buen hombre. Sin embargo nadie puede cambiar tu vestido, y ya es tarde para que en ti, alguien quiera sonreír alegremente, pues en tu frente despejada brilla un lunar hermoso como una perla que reluce calidamente en el fondo del mar, que invita a todo aquel que se atreva a mirarte, a llorar largamente y pensar.”

Así pues ella se retira en silencio, a lo lejos divisa la llegada del amanecer, la noche toma su sombrero negro y ocultando su bello lunar a los ojos de un viajero incauto se despide amenazando con no volver más… pero siempre regresa.


miércoles, 20 de octubre de 2010

DEL DOLOR

Dentro de todo esto, miro tus ojos anegados en lágrimas infinitas. Temo que olvides todas aquellas cosas que en ti he sembrado. No, esto no es un relato de amor, es una historia de vida, las palabras que cualquier poeta anhela decir pero han quedado dentro de un poso vacío, frío, mientras los árboles se caen a pedazos y el cielo se parte sin aviso.

Así, corro deseando que todo esto termine, una tortura interminable y un dolor inexplicable. Así, corro a refugiarme en los brazos de aquel que no tiene rostro, que en mis fantasías es hermoso, y en mis poemas es metáfora. No te encuentro, no me encuentro a mi misma, corriendo perdida diciendo palabras sin sentido e imaginando que el suelo bajo mis pies no se desmorona, se pierde en el olvido.

Cordura, mi amada cordura, me has abandonado desnuda en medio de una tormenta, ahora no se quien es la que en el espejo se refleja, no se si los espejos mienten y aquella mujer es solo lo que yo quiero ver, pero en realidad soy un ser amorfo, sin rostro, vacío… una botella de perfume sin aroma que disfrutar.

De pronto las palabras regresan, todo ha terminado, se ha calmado la tormenta y las lágrimas han dejado de caer… Este es el momento en el que la reflexión entra ha decir su dialogo como un personaje en una gran obra de teatro. ¿Qué tan duro es en realidad el dolor? ¿Es verdad que el dolor llega a destrozarnos, inutilizarnos, matarnos? “Creo yo” dice la reflexión “Que el dolor es un sentimiento que así como el amor, debe ser respetado y sobre todo debe disfrutarse, pues es gracias a este mismo que podemos amar, vivir, pensar, y juzgar. El dolor, cuando se sufre, debe sufrirse bien y disfrutarse. Debemos sentarnos en una roca fría que no escupa palabras incoherentes, y pensar en cual es la causa y cual pude ser el fin de nuestra pena. Y sobre todo, no debemos olvidar pensar si de verdad vale nuestro tiempo llorar por lo que nos abruma en ese instante, porque quizá lo que debemos hacer es cerrar los ojos con fuerza y reírnos como un enfermo de nosotros mismos”

Se cierra el telón, abres los ojos, miras que todo ahora es tan tranquilo, ya no corres en busca de ti mismo, ya no deseas estar en los brazos de un ser sin rostro, ya no piensas que la cordura te ha abandonado y lo que has enseñado se ha olvidado, ahora solo miras el paisaje que se abre ante ti. Sonríes… sigues viviendo, a la espera de una nueva pena que disfrutar, a la espera de una nueva enseñanza, un nuevo golpe, pero ahora la esperas con tranquilidad, sentado en una roca fría y no con temor en la copa de un árbol viejo y marchito.