Frases y Versos Malditos

"Un libro que es leído una vez,es un libro que no ha sido leído."

Julieta Zárate Solís

viernes, 31 de diciembre de 2010

The Last Day

El final se acerca, al igual que el nuevo comienzo. Esperamos con ansia el momento en que todo termine para poder nacer del capullo nuevamente y ser otros... los que no pudimos ser en el pasado.

Este queridos amigos y seguidores es el último posteo del año, pero no será el último de muchos más que seguirán después de éste en el año que esta a punto de comenzar.

Así pues me despido de todos ustedes que han estado pendientes del blog y que han leído con detenimiento todas y cada una de las historias que aquí se han publicado.

Queridos amigos, les deseo un feliz y prospero año. Deseo que hagan realidad sus deseos, porque no depende de nadie más que de ustedes que sus deseos se hagan realidad. No dejen esos sueños en simples deseos, esmérense por recorrer caminos que nunca antes han sido recorridos, conviértanse en sus deseos y háganlos realidades.

Por supuesto los cambios son muy importantes y en último día nos damos cuenta de ello, esperemos que los cambios que en nuestra vida surgen a cada momento incluyéndonos a nosotros como cuerpos y como seres, sean benéficos para lo que nos rodea y para nosotros mismos.

Para aquellos que será su primer año de vida no cabe más que decir que bienvenidos, a los que aún nos faltan muchos años en los cuales pensar sobre nuestra existencia solo puedo decirles: no se rindan. Y por último, a aquellos a los que ya no están aquí, y no podrán festejar con sus seres queridos: Miren quienes somos ahora, sin olvidarlos nunca y pensando eternamente en ustedes, siempre recordaremos las enseñanzas que nos han dado, los recuerdos que nos han regalado, y los momentos únicos que hemos compartido con ustedes. Aquí seguiremos, hasta que sea nuestro turno de decir adiós y hacer "el gran viaje"

Así pues con un cordial saludo y un fuerte abrazo, amigos míos les deseo lo mejor en estas fiestas, y en este nuevo año que esta a pocas horas de comenzar...

Juliette.

viernes, 24 de diciembre de 2010

DEL CAOS (II)

Veremos como se cae el mundo

Veremos como la lluvia cae,

Roja como la sangre de aquellos que han muerto a la luz de la Luna

Veremos como se desmorona la vida de otros

Mientras luchamos por que la nuestra no corra la misma suerte

Veremos como nuestras lágrimas corren como un río

Veremos como nuestra furia se desata contra otros sin razón

Ya no hay esperanza en este mundo para aquellos que aman

Ya no hay vida en los ojos de aquellos que seguían la luz

Pues han quedado segados ante aquella belleza que no pudieron controlar

Ahora estamos ciegos

Ciegos ante la belleza y la pureza

Pero atentos al caos y a la desesperación

Como bestias ávidas de sangre.

Dolor, dolor es lo único que quedará

Pena es lo único que gobernará

Furia es lo único de lo que nos alimentaremos

Y fornicaremos en la desesperación

Entonces, a lo lejos un pájaro

De alas que parecen infinitas

De colores que no logran definirse

Se posa en una roca fría y vacía

Ahí me encuentro yo mirando el caos

El pájaro me mira y dice

“No hay caos sin belleza, ni pureza sin maldad”

No entiendo a que se refiere, pero en cuanto lo miro a los ojos

El mundo se detiene

Ya no emana más sangre de la roca

El caos se ha detenido

Y yo sigo sentada en la roca

Esperando… en la frialdad y en el vacío

El regreso del caos, pero también, la llegada de la reflexión alada

Y ellos miran… sin ojos.


viernes, 17 de diciembre de 2010

Luna

Miramos la Luna y no nos damos cuenta de que nuestros ojos se vacían conforme ella se hace más brillante y más hermosa, con su vestido blanco como el color de la espuma del mar de alguna isla lejana. La Luna es la culpable de nuestras perpetuas lágrimas y nuestros despertares a mitad de una noche oscura mientras buscamos un cuerpo que llene nuestro vacío eterno.

Luna, hermosa y fría, necesito que me digas que tan dolorosa será mi muerte sin haberte conocido, necesito que me digas que tan terrible será la vida, al haber mirado esos hermosos ojos y no poder besar los labios perfectos de la dama de blanco. Luna, necesito que me lleves lejos de este mundo, en donde todo pueda ser tan blanco como tu más pura belleza.

Es el eterno cantar de voces melancólicas las que guían tu camino, pero tú jamás guías el nuestro con tu seductora luz delicada, finges llevarnos a algún lugar pero el único que veo en esta vida es el del dolor que me provoca saber que muy lejos de mí, una bella dama de blanco juega con sus cabellos riéndose de mi pobre existencia.

Entonces decido manchar tu vestido de rojo, y cada noche salgo al bosque en busca de otra dama tratando de imitar tu infinita belleza, cada noche tiño de rojo el bosque con la sangre de aquellas que alguna vez llegaron a mirarme a los ojos creyendo que con una simple mirada lograrían darme lo que tú, Luna, jamás podrás. Es así como tu dejas de ser la hermosa joven de blanco y te conviertes en una pobre víctima de la furia humana ante lo que no puede poseer, te vuelves roja, y tu color deja de atraer las miradas perdidas de un joven amador, ahora tu color los llena a todos de desesperación… la desesperación que tú me haces sentir cada vez que entre mis brazos cae una joven muerta y desgarrada y no haces nada, más que mojarme con tú eterna indiferencia hasta el fin.

Luna es momento de partir, y me llevo conmigo tu eterna belleza y la de todas las demás, mientras el cielo comienza a clarecer y tu frío perfil se desvanece adolorido y confundido ante la furia de aquel que jamás te podrá poseer…

Jostein Gaarder

“Tal vez seas muy espabilado, pero creo que te conoces mal a ti mismo. Primero entraste en la pizzería con el Corriere della Sera bajo el brazo, lo que me hizo pensar que seguramente eras italiano, e incluso tal vez algo tan inusual por estos lares como un intelectual. Luego te sentaste y me dirigiste una mirada, una mirada que no revelaba gran cosa, pero que al menos me confirmo que no eras homosexual. Pediste pizza y cerveza, por lo que llegué a la conclusión de que quizá y a pesar de todo tal vez fueras extranjero, aunque al parecer dominabas la lengua italiana. Me volviste a mirar de reojo, pero creo que en esa ocasión sólo te fijaste en mis pies y en mis sandalias blancas. Me preció un detalle importante, porque no todos los hombres miran los pies de una mujer. Tú lo hiciste, posaste la mirada en mis pies, examinaste mis sandalias, lo que me indicó que eres una persona sensual. Luego abriste el periódico y buscaste inmediatamente la sección de cultura, lo que me hizo pensar que incluso eras una persona interesada por la cultura. Una vez más me miraste, sólo un segundo, pero fue una mirada firme y constante. Lo que quizá no recuerdes es que esa vez si correspondí a tu mirada. Aunque por un instante, fue la primera vez que nos miramos a los ojos, fue nuestro primer momento de intimidad, pues mirarse a los ojos sin desviar la mirada, que es lo que suele hacerse cuando dos miradas se encuentran casualmente, puede ser algo bastante íntimo. Fue una mirada recíproca. Sospeche que con esa mirada intentabas averiguar mi edad, pero puede que me equivocara. Había acabado la lasaña e intente encender un cigarrillo con un mechero que no tenía gas. Tú me estabas observando, pero no creo que repararas en que me había dado cuenta de que me observabas. Todo duró unos cinco segundos, lo justo para haberte acercado a mi esa a darme fuego si lo hubieras tenido, al menos si eras como yo pensaba que eras. Pero fui yo quien se levantó y dio unos pasos hacia tu mesa para pedirte fuego. Entendiste mi italiano, pero también notaste que era extranjera por el acento. Dijiste que no fumabas, pero e el transcurso de dos segundos cogiste un mechero de otra mesa, te encargaste tú mismo, o mejor dicho, no tuviste nada en contra de encenderme mi cigarrillo, más bien te alegraste de que te lo hubiera pedido. El modo de hacerlo me indicó que no era la primera vez que encendías un cigarrillo a una mujer. Cuando te agradecí el gesto, cubrió tu cara una sombra que me reveló que te encontrabas atravesando algún tipo de dificultad, que estabas buscando la confianza de otra persona y que esa persona podía ser yo. Me di la vuelta y volví a mi mesa –tardé segundo y medio-, y noté tu mirada en mi nuca, aunque también pude habérmelo imaginado. Dejaste el dinero de la cuenta en la mesa y te levantaste para marcharte; en ese momento me miraste con una especie de nostalgia y me dijiste adiós con la mano. Ese gesto me indicó que pensabas que nunca nos volveríamos a ver. Yo te había dibujado en mi blog porque me gustaba tu cara, pero tú estabas tan poco atento que no te diste cuenta de que te estaba dibujando. Y sin embargo te sonreí con una franqueza intencionada. Con esa sonrisa quise decirte que es una vida extraña la nuestra, y te marchaste, pero tuve la sensación de que te llevabas algo que habías visto en mis ojos. El modo en el que abandonaste la pizzería me hizo pensar que subirías al Valle de los Molinos, podía haberme equivocado, pero después descubrí que no. Pensé que, si se presentaba la ocasión, tú eras una persona a la que me gustaría conocer más a fondo.

Me detuve en el estrecho sendero y la aplaudí. ¡Bravo!, dije. Sentía que me habías calado y desnudado; era una sensación deliciosa, me resultaba agradable sentir que me veían y que me conocían, fue como llegar al hogar. Hacía mucho, mucho tiempo que no me esperaba nadie en casa.”

Este fragmento del libro “El Vendedor de Cuentos” es para mí una verdadera maravilla. Quizá parece un texto simple, pero en la descripción que hace Beate de cómo vivió ella el momento en el que se vieron por primera vez ella y Petter como si fuera otro punto de vista, es maravilloso. La forma en que averigua poco a poco como es Petter por medio de unos sencillos gestos que cometemos diariamente como mirar los pies de una persona, y por medio de eso hacer que la otra persona se de cuenta de que somos un ser humano sensual, la forma en que describe como es que el la mira firmemente y comparten ambos por un momento una situación íntima es la demostración perfecta de cómo el ser humano es corporal, por más que quiera negarlo, el amor no es algo etéreo, o al menos gran parte de él no lo es, pues como podemos darnos cuenta cada vez que una persona nos atrae de una forma u otra es nuestro cuerpo el que responde y el que puede hacer comprender a la otra que la atracción es mutua.

Un libro altamente recomendado, que nos habla sobre la existencia, la fama, la imaginación, el erotismo y… la vida.

Fragmento del libro: El Vendedor de Cuentos

Autor: Jostein Gaarder

Páginas: 182 a la 184

Editorial: Siruela

La Distancia

Amor mío, que en la distancia es el motivo por el cual la Luna llora para mí, eres la metáfora más preciada que aferra mi corazón herido. No hay brazos más cálidos en los que mi cuerpo quiera refugiarse, no hay sentimiento más intenso que el que las rosas de mi mente profesan para ti, mi amante, el cuervo que da vida a mis cielos, y el perfume que en el horizonte llena mis días de apasionados pensamientos, márchate o quédate para siempre a mi lado, antes de que mi mente pierda el juicio, antes de que mis manos se vean en la necesidad de poseerte para siempre, y la única forma que me permitirá hacer que nuestros pájaros vuelen embebidos en una pación erótica… será la muerte.

martes, 14 de diciembre de 2010

LOS OLVIDADOS

Así pues en la oscuridad de la noche, siento tu labios besando mis senos, siento tus grandes y firmes manos acariciando mi cuerpo con desesperación mientras en el fondo de la habitación una música furiosa pero hermosa invade nuestros pensamientos.

De pronto la canción se calma… notas etéreas y melancólicas que obligan a nuestros cuerpos a separarse lentamente, es la música de la distancia. Cuando por fin alcanzamos el máximo placer, tú y yo, unidos hasta el fin, el océano frío y gris arremetió contra nosotros obligándonos a cerrar los ojos con fuerza y no mirar la tragedia que a nuestro alrededor se desataba.

Una voz, muy lejana y delicada se escuchaba entre las olas enfurecidas, con una suave guitarra en sus manos hacía que nuestras eróticas ideas se desvanecieran por un momento… un cálido momento en el que nos miramos a los ojos, ya muy abajo en el agua salada y fría. Esa mirada… esa simple mirada nos detuvo, nos hizo pensar en el otro y ese deseo irrefrenable y ardiente se interrumpió junto con los excitados latidos de nuestro corazón. Nuestras palabras se perdieron en el tiempo y al mirar dentro del cuerpo del otro descubrimos nuestro verdadero deseo… mientras tanto las olas del mar azotaban con fuerza las rocas de un acantilado que acariciaba los oscuros y fríos cielos.

Nuestro verdadero deseo… un deseo criminal. Somos humanos y nuestro deseo de sangre es imparable. Como dos enfermos deseosos de furia corremos dentro del mar hacia el vacío esperando aquello que nos llene por dentro, no es sexo, no es amor, no es cariño, no es hambre, no es sed, no es tristeza…. Es furia, la más pura de las furias, la más deliciosa y la más mortal, pues es ella la que nos llevara a morder nuestros cuerpos mientras hacemos el amor, nos obliga a devorarnos en una escena erótica…. Nos perdemos… hemos sido olvidados por lo que la gente ha llamado Dios.

Llenos de sangre, con los ojos anegados en lágrimas y el alma rota, nos hemos convertido por fin en “verdaderos hombres” somos lo que la gente aclama, somos los nombres que la gente pide, somos las voces que la gente desea, somos las almas rotas que la gente anhela…

El mar hecho una furia ya no se compara con nuestro vacío e intimidado se oculta detrás de las rocas, ya no hay nada comparado con nuestra furia, ya no hay nada comprado con nuestros ojos huecos y nuestra mirada perdida… Aunque a lo lejos hay una luz, que muestra el comienzo de un nuevo camino. Perdidos entre la multitud queremos llegar hasta ese lugar que solo comprenden los olvidados, caminamos, corremos, gritamos, y por primera vez en mucho tiempo lloramos. Entonces recordamos que nos encontramos en una cama en algún lugar perdido, haciendo el amor. Una vez más nos miramos a los ojos y los perdidos se encuentran, me besas y me pides perdón por un crimen que aún no has cometido pero que tarde o temprano emprenderás. Nos separamos y me dices que me amas, esa luz se hace aún más grande y tratamos de seguirla. Me tomas de la mano, repites que me amas y el camino hacia la luz parece hacerse más corto. Con una leve sonrisa intentamos alcanzarla pero algo la interrumpe y desaprense… es la pobre existencia del hombre, perdida, vacía. Nos volvemos a sumir en el océano… y de ahí no salimos nunca más, pues todo ha sido una ilusión, no existe salida alguna de la desesperación.

domingo, 12 de diciembre de 2010

EL TANGO

Amante mío, quiero bailar Tango contigo… hasta morir. Quiero besarte al ritmo de la música, al ritmo de nuestros pasos inquietos. Paso a paso, disparo tras disparo… nuestros cuerpos uno junto al otro en una erótica armonía. El aroma de nuestros cuerpos en este Tango eterno… y la rosa de tus labios cae, amante mío mientras besas mis senos y a lo lejos otro disparo termina con nuestra pación.

Amante mío, quiero bailar Tango contigo… hasta morir. Y la primera bala hace sangrar tu perfecto cuerpo, derramando tu sangre sobre mi, la rosa se ha teñido de negro y el Tango de la vida se detiene mientras, amor mío, nuestro sueño se desvanece paso a paso… disparo tras disparo.



martes, 30 de noviembre de 2010

DEL CAOS

El cielo y el infierno se unieron en un momento dado provocando lo que ahora conocemos como el caos o la humanidad. Fue el momento en el que el primer hombre tomo las caderas de la primera mujer y se enfrascaron en un baile erótico sin saber a donde los llevaría aquel placer descontrolado.

Ahora les debemos a ellos el caos, pero también les debemos a ellos todas las cosas que han hecho de nosotros, seres “humanos”, lo cual significa derramar lágrimas sin control ante el dolor que nos provoca ver a otro ser sumido en el sufrimiento, correr tomados de la mano de la persona a la que amamos, gritar a los cielos de furia por vernos sin el poder de estar al lado del pájaro que le da alas a nuestras vidas.

Y así podemos encontrar infinidad de sentimientos que provocaran en nosotros la reflección. Furia, desesperación, amor, alegría, tristeza, agradecimiento, placer, devoción, amistad, coraje, frustración… Y todas ellas nos harán comprender cada vez mejor el porque de que aquellos que provocaron el caos no pueden dejar de hacer el amor con pasión.

La gente dice “El hombre clasifica como monstruo a todo aquello que no comprende” yo digo: El hombre clasifica como caos a todo aquello que es producto de un cambio drástico en su vida o en su forma de pensar, a todo aquello que implica un sentimiento poderoso que nos derrumba o nos eleva hasta los más infinitos cielos.

Debemos aprender a vivir dentro de esto a lo que llamamos nueva era con los ojos abiertos, lo cual no significa que vivamos con desesperación todas aquellas sensaciones que la vida crea para nosotros.

Amigo mío, el caos es lo que provoca en ti y en mí, el deseo irrefrenable de besarnos en una lluvia calida mientras nuestros cuerpos se mojan deleitándose a la vez de caricias y gemidos deliciosos.

Pero eso si, nadie a dicho que el caos no sea esos gritos de desesperación o terror ante la violencia de una imagen, una nota, o un grito de placer. Aprendamos a pensar que el caos no esta definido como bien o mal, pues este no tiene conciencia de ello así como los dos amantes que al tocase, hicieron que de una rosa brotara un ser humano.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Jostein Gaarder

"Jamás escribiré una novela. Sería incapaz de centrarme en una sola historia. Cuando empiezo a desentrañar una fábula, ésta absorbe enseguida cuatro u ocho más. Al final se forma un gran enredo, con diferentes niveles de historias base y un sinfín de historias intercaladas con varios narradores en diferentes niveles de narración, lo que algunos llaman cajas chinas, porque no soy capaz de dejar de pensar, no soy capaz de dejar de tramar ideas. Se trata de algo casi orgánico, algo que va y viene por su cuenta. Me ahogo en mi propio excedente, siempre estoy a punto de reventar. El cerebro sangra constantemente ideas nuevas. Tal vez por eso comienzan a gustarme los taburetes de los bares. En ellos puedo vaciarme."

Fragmento del libro: El vendedor de cuentos

Autor: Jostein Gaarder

Página: 98

lunes, 15 de noviembre de 2010

La Muerte

Cayendo a pedazos, no siento ya la más minima atracción por aquel ser que alguna vez, en mí, prendió un fuego esplendido, violento, voraz, ardiente, desesperado, furioso… no siento ya, aquel dolor desesperante que me provocaba estar lejos de aquellos labios que tanto deseaba morder, por enredar mi lengua con la suya, por lamer su cuerpo y disfrutar de todas aquellas sensaciones orgásmicas dentro de un poema hermoso. Ya no quiero sentir el calor de su cuerpo al lado del mío, solo quiero ver su sangre correr por los pasillos de mi mente, solo quiero ver sus lágrimas caer, su mente estallar de locura ante la desesperación de no poder volver a poseerme jamás. Mi risa es los truenos de su tormenta, mis ojos las perlas malditas de su fortuna perdida. ¡MUERTE! ¡MUERTE AL QUE EN MI SEMBRO LA FURIA Y EL DOLOR! Muerte… al que enamoro a la muerte creyendo que así se libraría de ella, y lo único que logro es que ésta le odiara, y ahora por eso… esta muerto.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Lágrimas en la arena

Y así termina un gran amor. En una noche fría, en un mar helado, en una mirada de odio, en una lágrima perdida, en unas flores marchitas y en un asesinato a luz de atardecer con un perfume de gritos de furia. Veo como te derrumbas, caes en el olvido y mis manos se han quedado sin fuerzas ya para sostener las tuyas. Ahora se con certeza que esta noche no podremos hacer el amor, tu mirada se perderá al lado contrario de la cama y cuando despierte la almohada estará fría.

El viento de octubre azota con fuerza las copas de los árboles, iluminados por la luz del sol, un sol frío, melancólico. La luna brillara llena, alimentando aquellas metáforas al borde del vacío. Y recuerdo: Esta noche, se con certeza que no haremos el amor.

Salgo corriendo de aquella habitación de las paredes sangrantes, corro por un pasillo que parece no terminar nunca, la puerta del final del camino se aleja más y más alargando mi agonía. Por fin logro salir y correr por esa noche fría. Las calles están totalmente desoladas y los faros iluminan levemente unas sombras sin rostro que gritan sin cesar mis penas, mis culpas, y aquel amor que por tanto tiempo ha poblado en mi la furia, la desesperación y un increíble deseo que rallaba en la locura.

Así termina una historia de amor, en un pensamiento frío, en las voces de una canción silenciosa que esconde entre sus notas una tristeza que entre más habita dentro de nosotros más nos hace perder la razón.

Me encuentro caminando de pronto en un mar frío, las olas heladas cubren mi cuerpo desnudo, “¿amor por quién? ¿amor a qué?” me pregunto, cuando el agua salada llega ya hasta mi cuello y la última ola me llevara lejos de toda esta furia que se ha convertido ya en mi condena. “El amor no tiene dueño, mucho menos uno sin rostro, es por tanto que no has amado a nadie, pero eso si, ¿amor a qué? Amor a aquellas caricias suaves por la espalda, amor a esos incontrolables pensamientos de deseo, amor por un beso erótico, amor a todas esas tardes con lágrimas en los ojos, amor al sentimiento que provoca que un ser ajeno a nosotros nos haga sentir vivos, porque sin esos seres, no somos más que fantasmas, pero al momento de que otro nos toca entonces hacemos conciencia de nuestro cuerpo, cuando se erizan los bellos de la piel, cuando nuestros corazones amenazan con partir nuestro pecho… y cuando la última lágrima cae en la arena” Así, la gran ola arrasa conmigo y con todas mis furias.

Despierto y veo que la almohada esta fría de nuevo y tu cuerpo no acompaña al mío con caricias después de haber despertado de una larga pesadilla, un sueño eterno y la voz de mis poemas. “Hola” dice una voz a mi oído “Buenos días” me volteo y veo esos ojos de nuevo, no me ha abandonado y en ellos veo una vez más después de tanto tiempo la esperanza de dejar de ser un fantasma. Hacemos el amor, y la última lágrima cae en la arena.

domingo, 24 de octubre de 2010

EL CAMINO

¿Y cuando todo esto termine? Cuando nos encontremos a la orilla del vacío, mirándonos los unos a los otros preguntándonos si ha llegado el momento ¿Qué haremos?


Perderemos la cabeza, nos sumiremos en la oscuridad y dejaremos que esta nos tome entre sus brazos fríos y sin vida. A menos que dentro del vacío encontremos una luz. Siguiendo el camino tendremos la esperanza de encontrar a otro ser…


La humanidad ha desaparecido, ahora solo quedan unos seres sin rostro, que vagan por las calles sin objetivo alguno. Preguntamos sus nombres pero ellos no responden a nuestro grito de desesperación. Nos hemos quedado solos, abandonados.


“¿Escoge el caminante al camino o el camino al caminante?” Leí esta frase alguna vez… aún no lo sé. No tengo una respuesta a esta pregunta, así que continuare caminando hasta encontrarla.


Sentados a la orilla del mar escuchamos el viento golpear nuestros rostros. Pensamos que hay del otro lado, miramos nuestras manos y vemos que están pobladas de cicatrices. “¿De dónde han salido?”, “¿Cuándo me las he hecho?”, “¿Por qué no se han borrado?” Son muchas las preguntas que comienzan a segarnos a mitad del camino, y estas mismas preguntas van matándonos poco a poco, haciéndonos caer en el hoyo que tanto hemos tratado de evitar.


Con lágrimas en los ojos miramos un cielo melancólico, la vida se nos va de las manos como un pájaro cautivo al que le han mostrado lo que es la libertad. Nuestros pies ya no pueden seguir, caemos al suelo con el estrepito de una tormenta y esperamos que alguien extienda su mano y en ella encontremos el calor que nos ha abandonado.


El camino sigue, la tormenta viene y va como las olas de un mar infinito. Espero… espero a que al otro lado alguien grite mi nombre con fuerza. Espero que todas estas imágenes funestas que mis ojos absorben de un mundo putrefacto desaparezcan. Espero poder levantarme aún cuando nadie extienda su mano, aún cuando mis manos estén sangrando y mi rostro se esté cayendo a pedazos.

viernes, 22 de octubre de 2010

El vestido negro y el odiado amanecer.

Es en la furia de un momento inesperado o en la soledad de un momento en el olvido donde nos damos cuenta de la falta que nos hace un objeto inanimado que pueda rosar nuestras manos, que no escupa versos melancólicos, pero que sobre todo, sobre todo, no sea a lo que más hemos de temer.

Así pues siento tu presencia a mi lado, un aliento frío, fétido. No quiero ni pensar la furia que ha comido tus más frágiles sentimientos y los ha vomitado en el basurero al que van a parar todas las ideas olvidadas, los pensamientos reprimidos y los seres vacíos.

Eres… ¿Qué eres tú? “Nada” Respondes “No soy nada, ni nadie, no soy lo que hueles, lo que sientes, lo que vives, lo que amas o lo que odias. Simplemente soy, y ese ser sin explicación es lo que te atormenta en tu desolación. Soy, los relámpagos de la tormenta que queman cualquier signo de vida, incendiando la fuente de sabiduría y de silencio, soy tu más intimo pensamiento de deseo, tu más odiado amanecer… sin embargo también soy la luz que ilumina inevitablemente tu camino, soy la que te seguirá a donde vallas, por las tardes seré silenciosa como un gato negro, pero al llegar la oscuridad no harás más que gritar suplicando que me calle, que se calle aquella que no hace más que susurrar a tus oídos tus temores y tus culpas.”

La vuelvo a mirar, no tiene sexo, pero así se hace llamar, un nombre sin sonido, un nombre estruendoso, un nombre asqueroso, un nombre hermoso. La miro y veo en ella el temor que tanto se esmera en ocultar, escondida en un caparazón putrefacto teme hacerse olvidar. Toco su piel, acaricio su cuello, beso sus labios.

“A mi no has logrado intimidarme con tu vestido negro, y tus palabras sumergidas hasta el cuello en la mentira, no has logrado provocar en mi otro sentimiento que no sea culpa, compasión y amor. Es verdad que al principio del tiempo me has dado una imagen tan asquerosa que había decidido alejarme de ti para siempre, pero ahora que te miro a los ojos, no veo otra cosa más que el reflejo de todo aquello a lo que he temido y no he querido afrontar. Ahora que lo hago, me doy cuenta que no han sido más que los errores de alguien cobarde, ¡maldito!, los que han hecho de ti una sombra sin boca para decir todas tus penas y llorarlas a lagrima viva en el hombro de un buen hombre. Sin embargo nadie puede cambiar tu vestido, y ya es tarde para que en ti, alguien quiera sonreír alegremente, pues en tu frente despejada brilla un lunar hermoso como una perla que reluce calidamente en el fondo del mar, que invita a todo aquel que se atreva a mirarte, a llorar largamente y pensar.”

Así pues ella se retira en silencio, a lo lejos divisa la llegada del amanecer, la noche toma su sombrero negro y ocultando su bello lunar a los ojos de un viajero incauto se despide amenazando con no volver más… pero siempre regresa.


miércoles, 20 de octubre de 2010

DEL DOLOR

Dentro de todo esto, miro tus ojos anegados en lágrimas infinitas. Temo que olvides todas aquellas cosas que en ti he sembrado. No, esto no es un relato de amor, es una historia de vida, las palabras que cualquier poeta anhela decir pero han quedado dentro de un poso vacío, frío, mientras los árboles se caen a pedazos y el cielo se parte sin aviso.

Así, corro deseando que todo esto termine, una tortura interminable y un dolor inexplicable. Así, corro a refugiarme en los brazos de aquel que no tiene rostro, que en mis fantasías es hermoso, y en mis poemas es metáfora. No te encuentro, no me encuentro a mi misma, corriendo perdida diciendo palabras sin sentido e imaginando que el suelo bajo mis pies no se desmorona, se pierde en el olvido.

Cordura, mi amada cordura, me has abandonado desnuda en medio de una tormenta, ahora no se quien es la que en el espejo se refleja, no se si los espejos mienten y aquella mujer es solo lo que yo quiero ver, pero en realidad soy un ser amorfo, sin rostro, vacío… una botella de perfume sin aroma que disfrutar.

De pronto las palabras regresan, todo ha terminado, se ha calmado la tormenta y las lágrimas han dejado de caer… Este es el momento en el que la reflexión entra ha decir su dialogo como un personaje en una gran obra de teatro. ¿Qué tan duro es en realidad el dolor? ¿Es verdad que el dolor llega a destrozarnos, inutilizarnos, matarnos? “Creo yo” dice la reflexión “Que el dolor es un sentimiento que así como el amor, debe ser respetado y sobre todo debe disfrutarse, pues es gracias a este mismo que podemos amar, vivir, pensar, y juzgar. El dolor, cuando se sufre, debe sufrirse bien y disfrutarse. Debemos sentarnos en una roca fría que no escupa palabras incoherentes, y pensar en cual es la causa y cual pude ser el fin de nuestra pena. Y sobre todo, no debemos olvidar pensar si de verdad vale nuestro tiempo llorar por lo que nos abruma en ese instante, porque quizá lo que debemos hacer es cerrar los ojos con fuerza y reírnos como un enfermo de nosotros mismos”

Se cierra el telón, abres los ojos, miras que todo ahora es tan tranquilo, ya no corres en busca de ti mismo, ya no deseas estar en los brazos de un ser sin rostro, ya no piensas que la cordura te ha abandonado y lo que has enseñado se ha olvidado, ahora solo miras el paisaje que se abre ante ti. Sonríes… sigues viviendo, a la espera de una nueva pena que disfrutar, a la espera de una nueva enseñanza, un nuevo golpe, pero ahora la esperas con tranquilidad, sentado en una roca fría y no con temor en la copa de un árbol viejo y marchito.

SIN SENTIDO

Dormía tranquilamente sin ser consiente de la tormenta brutal que se desataba a su alrededor. La gente gritaba y sangraba mientras su rostro no sufría la menor transformación. El aire era denso y su mirada estaba cubierta por dos delicados parpados escondiendo como dos telones una obra siniestra y oscura.

Era tal el dolor que abrumaba su mente que todo había quedado olvidado. Ya no distinguía entre bien y mal, entre amor y odio, entre furia y placer. Quizá era por eso que para los hombres era tan fácil cortejarla pero tan difícil amarla. Ella miraba silenciosamente la noche a la espera de poder revivir aquellos bellos recuerdos. La dama vestida de blanco la mira en la distancia pero no responde a su grito de furia.

Llega el amanecer y ella sigue sentada con la mirada perdida en el horizonte. Una roca grande a lo lejos, fría como su corazón, es iluminada lentamente por la luz del sol. Ella mira la fría roca con nostalgia.

Los dos pequeños telones se abren repentinamente dentro del caos. Sus ojos, dos grandes posos negros, miran alrededor. Se mira las manos bañadas en sangre con unas cicatrices de procedencia desconocida. ¿Cuánto tiempo ha estado en aquel lugar, dormida sin ningún otro movimiento más que el del viento al revolver su cabello.

El caos termina de pronto, la gente deja de gritar, la sangre deja de correr, la vida se detiene por unos segundos y ella mira en al distancia la misma roca que entre sueños le susurraba un rojo amanecer.

Sonríe y piensa: “Nada tiene sentido, ni el caos, ni el bien, ni el mal, ni el amor, ni el odio, ni este relato o el otro, pues la vida solo es una roca en el horizonte iluminada lentamente por el sol para que después de unas horas la luna le arrebate su calor” Cierra los ojos nuevamente para no abrirlos nunca más y el caos como si recibiera una orden se desata de nuevo.

Sin embargo a lo lejos una paloma de colores indefinidos se posa en la roca. Le da vida.